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Rajoy llamará a Sánchez o «a cualquiera»

Afirma que su «obligación» es intentar formar gobierno y evitar «in extremis» unas terceras elecciones

Esperará que se aclare la crisis del PSOE sin «zascandilear» y con respeto a las reglas de juego

  • Rajoy durante su comparencia tras el Comité Ejecutivo del PP
    Rajoy durante su comparencia tras el Comité Ejecutivo del PP
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

27 de septiembre de 2016. 04:51h

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Madrid. 26/9/2016

«Satisfecho» con los resultados de las elecciones autonómicas vascas y gallegas, Mariano Rajoy confirmó ayer, primero a su Comité Ejecutivo, y después en una comparecencia pública, que él no se mueve de su posición y que va a seguir intentando formar gobierno, pero que, de momento, se pone a la espera para ver hacia dónde evoluciona la crisis interna en el PSOE.

Aunque los resultados de las elecciones vascas, con los nueve escaños del PP de Alfonso Alonso, colocan a su partido en una posición ideal para poder al menos presionar con respecto al intercambio posible de apoyos en Madrid y en la Lendakaritza, Rajoy, sin embargo, no miró ayer en ningún caso hacia el PNV, dando aparentemente por perdida la posibilidad de que le pudieran apoyar sus cinco diputados, y colocó toda la carga de la prueba en el principal partido de la oposición.

Su balance de las elecciones del domingo es que confirman la apuesta por la estabilidad y la moderación. Y su respuesta a la explosión de la crisis socialista se centra en la advertencia de que se está al límite de que la situación de interinidad acabe causando perjuicios económicos al país, de los que hace responsable al PSOE por su bloqueo. Rajoy empujó a Ferraz con un llamamiento a la responsabilidad y ratificándose en su apuesta por un Gobierno sostenido en el acuerdo con los partidos que defienden el orden constitucional. Esquivó, eso sí, las cuestiones más concretas de la guerra interna socialista, prefiriendo llevar el discurso a la idea de que España necesita un Gobierno sostenido en la voluntad de la gente, y «la razón, la lógica y el sentido común parece que aconsejan que no haya un Gobierno que sea solo producto de la aritmética». No valoró las primarias ni el Congreso socialista, ni tampoco el calendario al que se aferra Pedro Sánchez para salvar su liderazgo. Pero si aclaró que su interlocutor sigue siendo el actual secretario general del PSOE, y que él no va a «zascandilear» con nadie. «Yo respeto las reglas de juego», apuntó, sin descartar una nueva llamada al líder del PSOE cuando este partido aclare su situación interna y su discusión por su liderazgo. «Vamos a esperar a ver cómo evoluciona la situación, pero vamos a seguir intentando formar gobierno. Es nuestra obligación. Yo no tengo inconveniente en hablar con Sánchez ni con cualquiera porque mi obligación es formar gobierno y el PSOE es decisivo para que pueda hacerlo», sostuvo.

La dirección popular está exultante con los resultados electorales del domingo. Internamente los valoran como una prueba de que la situación de bloqueo favorece la movilización de su electorado y está ayudando a que vuelvan votantes que en anteriores comicios se fueron a la abstención o a Ciudadanos. Su conclusión es que lo ocurrido en Galicia y en el País Vasco es la prueba de que si hay de nuevo elecciones generales, mejorarán su actual representación en el Congreso.

Pero el presidente del Gobierno en funciones midió mucho ayer sus palabras. Optó por primar el tono más institucional e incluso prudente en la gestión de la oportunidad que los resultados le daban para meter el dedo en la herida socialista o de la formación naranja. Sobre esta última, el candidato popular fue exquisito. El pacto de investidura por encima de la contienda partidista. Así, Rajoy no hizo causa de los malos resultados de Albert Rivera, que incluso justificó en el hecho de que es un partido con muy poco tiempo de vida y que todavía tiene problemas de estructura para consolidar su implantación territorial. «Pero hay que reconocerle el mérito que tiene. Hace dos años no tenía representación en ninguna parte, y ahora tiene una representación importante y es competidor nuestro, lo que nos anima a mejorar y a esforzarnos más».

En su discurso, Mariano Rajoy mantiene dos ideas referentes. Que España necesita urgentemente un Gobierno, y que la responsabilidad de que lo haya recae únicamente en el PSOE.

Un mensaje que enlaza con las advertencias sobre los riesgos económicos a los que se enfrenta España. El líder popular está a la espera de ver qué hace el PSOE, pero su impresión es que es muy difícil que la rectificación de los barones afecte a la decisión de Sánchez de demonizar la abstención a un Gobierno del Partido Popular. Por eso la dirección popular se coloca ya en modo preelectoral y Génova empezará a movilizar sus estructuras territoriales por si acaso se confirman las terceras elecciones. Rajoy explico ayer que la situación excepcional de interinidad está en la frontera de empezar a causar perjuicios económicos porque ya hay signos de alerta, como la caída de los datos de confianza y de los créditos a pymes y empresas.

Su compromiso es «minimizar daños» por la imposibilidad de que haya, por ejemplo, unos nuevos Presupuestos Generales del Estado (PGE). Y a nivel territorial, confirmó que su Gobierno trabaja para acordar con comunidades autónomas y ayuntamientos el máximo número de datos que les permitan trabajar sobre un escenario presupuestario, entre ellos, las entregas a cuenta, la liquidación de 2015 o las cifras del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA). Estos acuerdos con las Administraciones autonómicas y municipales necesitan que haya consenso también entre los partidos, es decir, con Ferraz, para que puedan salir adelante en el Congreso de los Diputados.

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