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La columna de Carla de la Lá

Siente a un ofendidito a su mesa

La moralidad en la que vivimos está totalmente desvirtuada, por no decir corrompida

Imagen de la película de Berlanga “Plácido"
Imagen de la película de Berlanga “Plácido"larazon

El tonto opina rápido, decide rápido: las ideas, siempre provenientes del exterior, atraviesan su hueca mollera como flechas, sin encontrar resistencia alguna que amerite reflexión.

Vivimos tiempos oscuros amigos, lo he visto en un anuncio de Campofrío, el chiste está carísimo pero, en breve, los códigos penales y la doctrina definirán la “broma” como toda aquella conducta (acción u omisión) contraria al ordenamiento jurídico de la sociedad y la más mínima chanza constituirá una acción típica, antijurídica, imputable y culpable, sometida a una sanción penal, queridísimos.

Por eso, me postulo como responsable de un nuevo ministerio, que encuentro necesarísimo a la hora de regular las embarazosas circunstancias que nos esperan: El Ministerio de Intención, órgano cuyo principal área de competencia será clarificar el inofensivo propósito que existe detrás de la mayoría de los chistes polémicos, de las canciones, anuncios publicitarios, monólogos, novelas, poesías, estados de Facebook o tweets. El primer Decreto-Ley emitido por su favorita Ministra será este: “El derecho a ofenderse no es ilimitado, queridos”. Y el segundo, que “las familias españolas más beatas y aficionadas a practicar ostentosamente la caridad sentarán a un ofendidito a su mesa estas fiestas para intentar aliviarles de una sobre exposición”.

El ánimo de humillar, la agresividad mal canalizada y cualquier forma de maldad son censurables y nadie puede defenderlos, pero el debate “Límites del humor” no hace referencia a la crueldad de algunos seres que quieren denigrar a otros en situación de vulnerabilidad (eso, a ninguna persona inteligente le hace gracia).

El debate analiza si podemos o no podemos hacer chistes de cáncer, siendo el cáncer una de las realidades más crueles por las que pasan uno de cada tres seres humanos y por la que usted o yo pasaremos seguramente.

La moralidad en la que vivimos está totalmente desvirtuada, por no decir corrompida: principios simples e indiscutibles como la mansedumbre, la abnegación, la paciencia, el respeto, la honestidad, la entereza, la responsabilidad o la compasión han dado paso a nuevos preceptos insustanciales y segregacionistas donde el más sobrevalorado es, sin dudarlo, la sensibilidad y el juicio del tonto.

El tonto opina rápido, decide rápido: las ideas, siempre provenientes del exterior, atraviesan su hueca mollera como flechas, sin encontrar resistencia alguna que amerite reflexión. Pero lo peor del tonto, amigos, no es su falta de criterio y opinión, lo peor del tonto es que no tiene humor. El humor te da la talla de la inteligencia y la sofisticación intelectual de una persona.

Así las cosas, y ante la supremacía e indiscutible predominio del tonto quiero ser Ministra del Ministerio de Intención. Alguien tiene que poner orden aquí ¿no les parece? Y quién mejor que yo, que siempre me he reído de los demás. Sí. De ustedes, queridos lectores. ¿Están confusos, aturdidos por el cinismo y el buenismo reinantes? Voten por mí, yo les defenderé del enemigo que, por supuesto, no es el humor.

Me considero una persona muy cabal, con una afectividad sana y madura, donde la empatía y la consideración conviven junto al respeto y la asertividad felizmente. Comprendo y justifico a mis semejantes, administro el “no” cuando es necesario, sin menoscabo de nuestras relaciones que desde su nacimiento hasta su desembocadura fluyen sin presiones ni estrujamientos el tiempo que han de fluir. Cuando se extinguen, ya sean relaciones amistosas, profesionales o matrimoniales ¡Da gusto verme! Lo elegante que me muestro, consideradísima, gentil, galana, un derroche de saber estar, y buen estilo... ¿Y en la adversidad? Entonces despliego un encanto y una inteligencia emocional tan indiscutibles como la luz cegadora, esa que ven los pacientes en coma, justo antes de pasar a mejor vida...

Sin embargo (tengo que reconocerlo) desde niña me he reído de los demás, desde el colegio ya tocaba lo “intocable” y al crecer, lo más solemne, lo incuestionable, el tabú, el punto de flotación.

Y es que el humor, señores míos, no es capricho, extralimitación... el humor no es una gamberrada sino que cumple una importantísima función personal y social: desdramatizar, aliviar tensión.

El humor es un mecanismo de defensa ante el conflicto psicológico.... Desde que nacemos nos abruman millones de convenciones la mayoría de ellas prescindibles. Muchos las aceptan y eso es bueno, de ahí vienen las tradiciones, los ritos, la estabilidad familiar, política y nacional_lo entiendo_ pero entiendan, los que se indignan, de igual forma, lo buena y lo necesaria que es la crítica y el humor, ¿no?

Yo siempre me he reído de los demás, pero sobre todo me he mofado de mis propias miserias y dificultades; en los momentos bajos, ¡cómo me he reído sola o acompañada de mi misma! A veces mientras lloraba...

El humor es superación, el humor es contemporizar, deshacer nudos, tolerar la frustración, saber perder.

El humor es mostrar que tienes una duda razonable, que no te crees Dios; el humor es perdonar...

El humor, es el único antídoto contra el patetismo, el descrédito y la degradación...

_¿Doctor Doctor, me dijo Acuario?

_Cáncer, cáncer...

Podrá hacerle más o menos gracia este chiste, pero (un pequeño test) si es usted tonto, apreciado lector, idiota o, incluso, imbécil le irritará, la estupidez de un individuo es directamente proporcional a su indignación y movilización ante cualquier naturaleza de humor.

En mi familia, muchos adorados se fueron por esa amarga puerta dejándonos al otro lado hechos polvo, en la de mi marido, todos se mueren de cáncer. Sin embargo, a mí_y a él_ nos hacen gracia los chistes de cáncer (y todos los chistes), puesto que el humor es la única manera de desdramatizar la vida.

El humor es poder respirar en medio del infierno, el tónico, la medicina del alma (Irene Villa, se rehízo con toneladas de humor, sin humor, no sería la mujer generosa, sensata y feliz que es); el humor te permite vivir por encima de las circunstancias (seas un enfermo, un gitano... gorda, pobre, divorciada, gay, moro, cristiano, vasco, calvo y aunque la tengas pequeña...), el humor es la verdadera democracia (y el verdadero feminismo) porque nos iguala a todos; el humor es dignidad (no la riqueza, ni la belleza: ¡pamplinas!); el humor es la patria y la única forma de vivir.