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No existe leche artificial que iguale a la materna (por más de 400 razones)

Lactancia

  • No existe leche artificial que iguale a la materna (por más de 400 razones)

Tiempo de lectura 8 min.

25 de diciembre de 2017. 14:05h

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Gema Lendoiro 29/12/2017

La leche materna es la más adecuada para el bebé porque está diseñada específicamente para cubrir todas sus necesidades nutricionales y también de afecto. Hoy en día y agracias a los múltiples estudios científicos que se han hecho, se sabe exactamente cuáles son esas características que la hacen el alimento diez sin ningún tipo de fallo. Medela, compañía suiza que se dedica desde hace décadas a la promoción de la lactancia ayudando sobre todo a las madres con sus famosos sacaleches, nos explica detalladamente dichos nutrientes.

Macronutrientes

Grasa

La grasa de la leche materna supone entre el 50 y el 60 % de la ingesta calórica de un bebé nacido a término. La grasa también cumple una función crucial al suministrar al bebé ácidos grasos libres y vitaminas liposolubles. Los triacilgliceroles, formados por ácidos grasos saturados e insaturados, son el tipo de grasa más abundante en la leche materna, ya que representan más del 98 % de la grasa total. Los AGPICL, como el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido araquidónico (AA), revisten una especial importancia, ya que se acumulan en los lípidos de membrana del cerebro y la retina, donde ejercen importantes funciones visuales y neuronales. De hecho, los bebés alimentados con un mayor volumen de leche materna muestran unos niveles de concentración en plasma más elevados de DHA y AA en el córtex cerebral, en la materia gris y en la materia blanca, así como un mayor coeficiente intelectual a los 15 años de edad en comparación con los bebés alimentados con leche de fórmula que no contiene AGPICL.

Hidratos de carbono

La lactosa es el principal carbohidrato de la leche y suministra entre el 30 y el 40 % de la energía del bebé. La lactosa constituye una de las principales fuentes de energía para el bebé una vez que se descompone en glucosa y galactosa. La glucosa pasa en su mayor parte a la circulación periférica y se usa como sustrato para la producción de energía, mientras que la galactosa se absorbe a través del hígado y se convierte en glucosa-1-fosfato, que posteriormente se convertirá en glucosa o se utilizará para reponer las reservas de glucógeno del hígado. Asimismo, tanto la galactosa como la glucosa pueden ser utilizadas por el cerebro para la obtención de energía, y la galactosa en concreto resulta crucial para la producción de galactolípidos (cerebrósidos), que son esenciales para el desarrollo del sistema nervioso central del bebé.

Los oligosacáridos de la leche materna (HMO) son hidratos de carbono complejos con una longitud comprendida entre tres y diez monosacáridos. Constituyen el tercer componente con mayor presencia en la leche humana, por detrás de la lactosa y los triacilgliceroles. Los HMO no suministran una fuente importante de energía al bebé, ya que no se digieren en el intestino delgado. Sin embargo, los HMO ejercen una importante función inmunológica, ya que actúan como prebióticos y promueven el crecimiento de la microbiota intestinal, en particular de Bifidobacterium longum subsp infantis y de B. bifidum. También actúan como señuelos o análogos de receptor para inhibir la unión de patógenos (incluyendo rotavirus) a las superficies intestinales. Algunos HMO específicos se han asociado a una mejora de la protección gastrointestinal contra la enterocolitis necrosante (ECN), que probablemente revista una especial importancia para los recién nacidos prematuros (edad gestacional < 36 semanas) debido a su mayor vulnerabilidad ante la ECN.

Proteínas

Las proteínas aportan aproximadamente el 8 % de la energía suministrada al bebé. Se han identificado más de 415 en la leche materna, muchas de las cuales son activas y tienen papeles funcionales en la protección del bebé. Aunque los niveles proteicos tienen una amplia variación de unas madres a otras, el nivel proteico del calostro es más elevado (30-70 g/l) y, posteriormente, desciende hasta alcanzar un nivel estable en la leche madura (7-14 g/l). Las proteínas de la leche materna pueden dividirse en tres grupos: las caseínas, las proteínas séricas y las proteínas asociadas a la membrana de los glóbulos de grasa de la leche. Las proteínas séricas comprenden la mayor parte del contenido proteico del calostro y descienden hasta aproximadamente un 60 % en la leche madura.

Proteínas como la β-caseína tienen importantes funciones antisépticas y antiinfecciosas, mediante la inhibición de la proteasa de las bacterias y los virus. Además, los péptidos generados a partir de la digestión de la α-lactoalbúmina muestran una potente actividad antibacteriana contra bacterias grampositivas y gramnegativas. Aunque son multifuncionales, otras proteínas de la leche humana, como la lgA secretora, la lactoferrina y la lisocima —así como macrófagos y ácidos grasos libres— actúan como agentes antinfecciosos y resultan esenciales para el recién nacido prematuro. Estos agentes actúan conjuntamente para inactivar, destruir o unirse a microorganismos específicos, impidiendo su unión a las superficies mucosas.

Asimismo, la leche materna contiene bacterias comensales protectoras que pasan a formar parte de la microbiota intestinal e influyen en los procesos inflamatorios e inmunomoduladores. Las bacterias comensales no solo previenen el crecimiento excesivo de bacterias patógenas, sino que también acidifican el intestino, fermentan lactosa, degradan lípidos y proteínas y producen vitamina K y biotina.

No existe leche artificial que iguale a la materna (por más de 400 razones)

Micronutrientes

La leche materna aporta al bebé micronutrientes, entre los que se incluyen vitaminas liposolubles, vitaminas hidrosolubles, minerales y oligoelementos, todos ellos dependientes de la dieta de la madre. El calcio y el fosfato, aunque son independientes de la ingesta alimentaria de la madre, son un componente esencial de las micelas de la caseína y se necesitan para la mineralización de los huesos. La leche materna incluye los siguientes oligoelementos: cobre, cinc, bario, cadmio, cesio, cobalto, cerio, lantano, manganeso, molibdeno, níquel, plomo, rubidio, estaño y estroncio. Tienen una elevada biodisponibilidad solo en la leche materna.

Células

La leche materna contiene células maternas vivas, entre las que se incluyen leucocitos procedentes de la sangre, células del epitelio mamario y fragmentos celulares. Los leucocitos protegen a la madre y tienen también una función inmunoprotectora para el bebé. En la leche materna también se han identificado células madre, con la capacidad de diferenciarse en linajes del epitelio mamario bajo condiciones de diferenciación de células mamarias in vitro, así como otros tipos de células en los microambientes correspondientes, incluidos osteocitos, células cerebrales, hepatocitos, células beta pancreáticas y cardiocitos. La función de las células madre en el bebé aún no está clara y requiere más estudios para comprender su potencial.

Los componentes de la leche materna, especialmente las células vivas procedentes de la madre del lactante, no pueden ser sustituidas por fuentes artificiales. Una dieta a base exclusivamente de leche materna puede satisfacer las necesidades nutricionales de los bebés nacidos a término durante los primeros seis meses, y la alimentación con leche materna podrá continuar acompañando a la ingesta de sólidos durante los primeros dos años de vida.

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