Perdona, bonita, pero Carmen Calvo no te quiere a ti

Con una candidez que impetra abrazo, ha verbalizado lo que el feminismo hegemónico piensa y lo que nos ha hecho sentir siempre a las (cada vez más) mujeres que siendo feministas no comulgamos con todos sus preceptos.

  • Autor de la viñeta: Jae Tanaka
    Autor de la viñeta: Jae Tanaka
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Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

21 de julio de 2019. 11:58h

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Rebeca Argudo Madrid. 21/7/2019

Dice Carmen Calvo que el feminismo no es de todas y arde Troya. Para una vez que estoy de acuerdo con la vicepresidenta en funciones y os ponéis todos como las cabras. Si la pobre lo único que ha hecho, con una candidez que impetra abrazo, es verbalizar lo que el feminismo hegemónico piensa y lo que nos ha hecho sentir siempre a las (cada vez más) mujeres que siendo feministas no comulgamos con todos sus preceptos.

Qué manía tenemos últimamente con que lo que no se nombra no existe y, lo que se nombra bonito, se atenúa. Pues resulta que no, mala suerte, que lo que ignoramos no desaparece y los eufemismos solo renombran. Lo que nos resulta incómodo, lo que ocultamos, no se volatiliza solo por taparnos los ojos con las manitas, como si tuviésemos cinco años y jugásemos a cucutrás. Y eso es lo que ha hecho la vicepresidenta en funciones. Ha llamado al pan, pan, y al vino, vino. Porque, como bien dijo Carmen Calvo, el feminismo predominante es excluyente. Y podemos llamarlo inclusivo, lo podemos llamar transversal, lo podemos llamar macarrones con chorizo. Eso no cambia lo que es. Y tampoco pasa nada por decirlo en voz alta porque, a lo mejor, si lo decimos y lo afrontamos, podremos entender por qué tantas mujeres no se sienten, no nos sentimos, parte de ese movimiento.

Volvamos a Calvo y sus palabras. Copio literal:

“... han ocurrido dos cosas muy interesantes. Una, que el feminismo es de todas. No, bonita. No, bonita. Nos lo hemos currado en la (ininteligible, pero apostaría a que dice “genealogía”) del pensamiento progresista y el pensamiento socialista...”.

¡Tú sí que eres interesante, Carmen!

Como comprenderéis, no voy a hacerle un womansplaining y explicarle lo de Victoria Kent en los años 30 votando en contra del sufragio femenino por intereses partidistas porque ya se lo han dicho por activa y por pasiva. Tampoco de historia del feminismo; ni de que, cuando se despertó el socialismo, ya estaba allí. Entiendo, o quiero entender, que lo habrá pillado. Lo que sí tengo que decirle desde aquí, y creo que aún no se lo ha dicho nadie, y ya me extraña, es que tratar de abanderar un movimiento que aboga por una igualdad entre hombres y mujeres real y efectiva, en derechos y deberes en el marco de un Estado de derecho, creando diferencias entre las propias mujeres por una cuestión ideológica es, como mínimo, poco coherente. Y a partir de aquí, ya solo puede ir la cosa a peor: apropiación partidista de un movimiento que en absoluto es homogéneo y que se compone de diversas corrientes y pensamientos, autoarrogación de méritos ajenos, secuestro de un proceso social transformador... Ya paro, ya.

De todos modos, a mí la parte que más me llama la atención de esto es, como decía más arriba, la carga de verdad que contiene tal afirmación. Nos estamos empeñando en hablar de feminismo como algo cohesionado, de bordes perfectamente delimitados. Y es, en realidad, un magma de diversas corrientes, movimientos y pensamientos. De Camile Paglia o Virginie Despentes a Kate Millet o Angela Davis. Pero hay una facción de este acervo social, la más radicalizada y ruidosa, que se empeña en señalar y apartar a cualquiera que no comulgue al cien por cien con sus preceptos. Y es esta facción, precisamente, la que legitima las declaraciones de Calvo. ¿Feminismo de todas? No, bonita.

Ahora mismo, justo en este momento (sexto párrafo, primera línea), hay un montón de feministas, muy feministas y mucho feministas, pensando que yo soy antifeminista porque he dicho que el feminismo expulsa a algunas mujeres y que, por lo tanto, no es inclusivo. Pensadlo un segundo, tengo tiempo. Sí. Exacto: se están enfadando por algo que están haciendo ahora mismo. Yo lo llamo “la paradoja de la activista constante”. El enunciado es, más o menos, que esta paradoja se produce cuando la activista constante se enfada mucho al leer una afirmación, reaccionando de manera que corrobora esa misma afirmación que tanto la ha enfadado. Como cuando le retiran el carné de feminista (otra vez, madre mía) a alguien por decir que hay feministas que retiran el carné de feministas a otras feministas. Si digo una vez más la palabra “feminista”, se me aparece Frida Kahlo y me grita “misógina”.

Resumiendo, que estas señoras tendrán cosas que hacer además de enfadarse conmigo, que Carmen Calvo ha estado muy fina porque nos ha empujado a todos a ese lugar oscuro de nuestro pensamiento en el que no tenemos más narices que ser sinceros, reflexionar, confrontar nuestras ideas y enunciarlas de nuevo. Y, si al final el feminismo no es tan inclusivo como nos gustaría, no es tan homogéneo y hace que muchas mujeres (y muchos hombres) no consigan sentirse representados en muchos aspectos, quizás haya llegado el momento de ser menos obtusos. De dejar de mirar la realidad como si fuera una polaroid pegada a un muro, pura bidimensionalidad, y empezar a contemplarla como el elemento poliédrico y lleno de aristas que es. Porque solo viendo sus sombras, sus perspectivas, sus diferentes ángulos con sus especiales y diversas particularidades, podremos abordarla en toda su amplitud.

Tanta gafa morada y tan poco cacumen.

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