Por favor, por su bien, ¡deja de gritar a tus hijos!

Si quieres dejar (de una buena vez) de gritar a tus hijos, te conviene leer esto

  • Por favor, por su bien, ¡deja de gritar a tus hijos!
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

23 de enero de 2018. 12:23h

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Madrid. 24/1/2018

Decía Leonardo Da Vinci " Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz "

No creo que exista ningún padre o madre que disfrute con el grito, con la amenaza, con el castigo o con el chantaje, ¿entonces porque es tan difícil en algunas ocasiones no dejarte arrastrar por esas reacciones que brotan desde lo más profundo de nuestras entrañas y afloran a nuestra garganta?

En muchos casos debemos nuestras reacciones a una impronta aprendida que no es ni más ni menos que la reproducción de los patrones de comportamiento de nuestros propios padres. Es decir cuando a nosotros nos sale el grito o el castigo ante el mal comportamiento de nuestros hijos es porque no hemos tenido la oportunidad de experimentar durante nuestra infancia otras alternativas "Todos los niños aprenden por ensayo y error pero sobre todo copiando lo que ven en sus adultos de referencia".

Cuando un hijo llega a tu vida has conseguido el título de madre o padre antes de haber podido hacer la carrera, a partir de aquí comienza una larga aventura llena de aprendizaje. Ante un niño lo que siempre nos brota de manera natural es la ternura y ganas de ser amable. Puesto que los niños están ejercitándose en el gimnasio emocional de la vida, hay ocasiones que se extralimitan ante esa amabilidad y entonces nuestra ternura se transforma en demostrarles que no vamos a dejarles pasar ni una, es decir pasamos de la excesiva amabilidad a la excesiva firmeza en cuestión de segundos. En estos casos y cuando nuestra cabeza se enfría, es cuando nos damos cuenta de los efectos emocionales negativos de la excesiva firmeza y nos arrepentimos de tal forma que volvemos nuevamente a ser excesivamente amables e incluso en algunos casos complacientes para poder compensar esa culpa que nos pesa tanto.

¿Qué estamos haciendo en estos casos? Imaginemos que estamos en una balanza, en estos casos que describía anteriormente tenemos unas veces nuestros dos pies en la parte de la firmeza y en otros en la amabilidad y esto desgraciadamente no es nada pedagógico, ni educativo, sencillamente confunde a los niños. Lo idóneo es tener un pie en la amabilidad y otro en la firmeza, esto que nos parece incompatible y casi imposible se puede conseguir gracias a un esfuerzo por nuestra parte, en ser más conscientes y buscar estrategias que respeten la naturaleza infantil, su desarrollo evolutivo a la vez que respetas tus propias necesidades y respetas la situación que estás viviendo en ese momento.

Llegados a este punto de conciencia sobre la necesidad de trasladar a los hijos el mensaje de "entiendo que estés así y no estoy de acuerdo en tu modo de actuar", tienes la maravillosa oportunidad de dar ejemplo de lo que quieres que se convierta en habilidades y cualidades en el futuro de tus hijos, es decir no puedes decirles a tus hijos ¡no grites! sobrepasando tú, el límite de decibelios aconsejado para una sana audición. Entiende que cualquier conflicto o reto al que te enfrentas es una oportunidad de ser espejo de lo que quieres que tus hijos lleguen a ser en el futuro, tolerantes, empáticos, capaces de relativizar los problemas, tomarse las cosas con sentido del humor; es en esos momentos dónde realmente estás educando, no creas que el sermón o la charla moralizante les va a dejar poso cuando los dos estáis enzarzados en una lucha de poder.

Por favor, por su bien, ¡deja de gritar a tus hijos!

En los talleres de Educa Positivo que imparto insisto mucho en trasladar a los padres y madres el mensaje de que antes que la corrección hay que conectar con los niños, es decir que cuando estamos frente a un conflicto no es que no nos preocupe resolver el conflicto, lo que más nos debe preocupar es lo que el niño está aprendiendo de la manera en que resolvemos el conflicto.

También que no sólo consiste en amar sin más, también debes asegurarte que el mensaje de amor llegue a tus hijos. Puedes querer más que a tu vida a tu hijo, pero cerciórate que el mensaje que tu hijo o hija recibe es de amor incondicional, (quieres a tu hijo aunque no estés de acuerdo en cómo se comporte en un momento determinado, aceptas cómo es pero no lo que hace).

Otra información imprescindible para todo padre, madre o educador es que el modo que responde nuestro cerebro ante determinados estímulos determina nuestra reacción. Conocer como funciona nuestro cerebro nos hace más empáticos ante determinadas reacciones. Conocer que nuestro cerebro está interconectado es un descubrimiento que todos deberíamos saber, en mi programa me encargo de explicarles a todos los niños que tenemos un cerebro primitivo y emocional que reacciona anulando el cerebro racional que es el que nos proporciona la posibilidad y capacidad para calmarnos, dar flexibilidad a nuestras respuestas, modelar los temores, los principios morales y todo aquello que hace que nuestro cerebro sea adaptativo y flexible.

Las neuronas espejo

Hace unos años que se descubrieron las neuronas espejo, que son aquellas que se encargan no sólo de reproducir acciones como el bostezo, la risa contagiosa o que cuando vayamos a dar de comer con una cucharada tipo avioncito consigamos que nuestro bebé abra la boca a la par que nosotros, también reproduce emociones, es decir que si nosotros como adultos llegamos a casa después de un mal día y reaccionamos desmesuradamente ante cualquier comportamiento de nuestros hijos, ellos van a responder haciendo de espejo, esto hará que no haya respuestas sabias ni enfoque en soluciones.

Lo gritos son una reacción que los adultos solemos emplear ante el comportamiento disruptivo de los hijos, desde luego no nos hace sentir orgullosos pero hay veces que no disponemos de autorregulación para evitarlos.

Por favor, por su bien, ¡deja de gritar a tus hijos!

¿Qué podemos hacer para evitar emplear los gritos como método de control sobre nuestros hijos?

1- Anticipate a la situación. Por experiencia o sentido común sabes que hay determinadas situaciones que van a generar conflictos ya que las prioridades de tus hijos no van a estar alineadas con las tuyas. Una tarde de compras en un centro comercial no será el plan ideal para tu hijo, es probable que esto genere tal tensión que esto te haga en un momento dado explotar y gritar. Explícale con anterioridad qué vas a hacer y que vas a necesitar de su ayuda para ello.

2- Rutinas. Si consigues elaborar un plan de rutinas consensuado con tus hijos y que participen de su confección, vas a lograr que sea el propio plan de rutinas el que mande y liberarte del rol de mandona, siempre vas a poder señalar con una buena dosis de amabilidad y firmeza lo que toca hacer en ese momento sin recurrir al grito.

3- Párate unos segundos antes de reacionar para reflexionar sobre si el ejemplo que le vas a dar le sirve para adquirir habilidades para la vida. ¿Qué está aprendiendo mi hijo sobre cómo resuelvo los conflictos?

4- Reconoce cómo te sientes física y mentalmente, puede que tengas pensamientos en bucle que te impidan enfocarte en soluciones.

5- Decide siempre que puedas, tomarte una pausa positiva alentadora, puedes decirle "Entiendo que ahora estamos enfadados y no es el mejor momento para buscar una solución, puesto que te quiero mucho necesito salir un momento para coger aire y volver en un momento para tratar este conflicto con el respeto que nos merecemos los dos".

6- Concéntrate en hacer unas respiraciones conscientes y profundas.

5- Intenta utilizar las funciones cognitivas y ejecutivas de tu cerebro racional "haz cálculos mentales, deletrea al revés.

6- Ten en cuenta las neuronas espejo, intenta moverte y hablar despacio.

7- Reconoce y valida sus sentimientos a la ve que le pides ayuda para poder calmarte.

8- Cuenta hasta diez.

Si aún así ha sido demasiado tarde y el grito, el castigo o la amenaza han hecho acto de presencia, ten la grandeza de reconocer tu error reconoce que te has equivocado, responsabilízate de la parte en la que has contribuido al conflicto, reconcíliate de corazón y resuelve preguntado que debéis hacer la próxima vez para que no vuelva a suceder.

Mis formaciones a familias y docentes en educación positiva ayudan a entender lo que los adultos catalogamos de mal comportamiento en los niños, y les provee de estrategias y herramientas más humanizadas y respetuosas sin dejar de tener en cuenta los límites que necesitan para crecer con una alta autoestima y seguridad en si mismos.

Próximas formaciones: pinchando aquí

Carmen Fernández Rivas es Educadora Certificada en Disciplina Positiva para Padres y en el Aula

(CPDPE) & (CPDCE) por la Positive Discipline Association EE.UU.

Fundadora de Padres Ayudando a Padres

Coach especializada en familia e inteligencia emocional

Asesora Educativa y Cuentoterapeuta

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