El teletrabajo de la Infanta Elena

Durante la pandemia ha colaborado como voluntaria repartiendo comida en los barrios obreros donde la fundación Mapfre tiene comedores sociales. Además, combina el trabajo presencial de despacho con el que realiza desde casa

Si algo hemos visto durante esta pandemia en la Infanta Elena ha sido cómo ha cumplido a rajatabla las recomendaciones de Sanidad y era una vecina más de su barrio madrileño del Niño Jesús. Hasta al perro Terrier lo paseaba con protectores en las patitas y ella siempre con guantes y mascarilla. Las ventanas de su piso las decoró con banderas de España y el arco iris bajo el lema «todo saldrá bien» dibujado en un folio. El edificio de ladrillo visto rojo tiene seis alturas y vive en un primero, así que se veía muy bien la decoración. Religiosamente salía a su mini terraza, mal ajardinada porque no tiene mano verde, para aplaudir a las ocho de la tarde. También nos animó el confinamiento con un par de canciones que se hicieron virales, el «Resistiré» del Dúo Dinámico y «Fix you» de Colplay. Sin duda, su intención no era ganar un Grammy, sino entretener el tedio de estar encerrada en su piso sola con el perro y los dos guardaespaldas.

Ahora también hemos sabido que en los momentos más crudos de la pandemia estuvo como voluntaria repartiendo alimentos en los distintos comedores sociales que mantiene la fundación en la que ella trabaja. Sí, los duques de Sussex no son los únicos que han estado puerta por puerta llevando comida a las familias necesitadas, también la duquesa de Lugo en Madrid fue voluntaria y ha estado aportando su granito de arena. Tampoco dejó de trabajar, ya que, como se ha podido ver, se maneja muy bien con las herramientas telemáticas. Además del zoom, el skype y las videollamadas por whatsapp, Doña Elena se organizó su zona de trabajo en el luminoso salón de su casa, dado que sus hijos estaban con sus respectivos amigos fuera de Madrid y nadie la perturbaba.

Después de «disfrutar» de unas vacaciones extrañas y cada vez menos familiares con los hijos haciendo sus vidas, su padre en el extranjero, su madre casi instalada en Mallorca y con un hermano con el que ya casi no puede contar, solo le quedaban las fincas de los amigos y hacerse compañía mutua con su hermana Cristina. De vuelta en Madrid, la Infanta se adapta laboralmente a la nueva normalidad de la era Covid. Dado que ella es directora de proyectos del área social de la fundación Mapfre, combina el trabajo de despacho en la sede de la fundación con el teletrabajo en casa.

Mil almuerzos sociales

La Infanta es uno de los cien empleados de la plantilla de la Fundación Mapfre. Este año su empresa ha destinado 35 millones de euros del presupuesto para desarrollar proyectos con los que ayudar a paliar los efectos del Covid-19 en 27 países del mundo. En España, además de los proyectos sociales, se están repartiendo mil almuerzos sociales en Villaverde y se han destinado 5 millones para el CSIC con el fin de contratar a 150 expertos y avanzar en las doce líneas diferentes de trabajo para conseguir la vacuna española. Ese trabajo lo coordina Margarita del Val, investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Todos los empleados de la Fundación, que están estrechamente relacionados con esos proyectos, que sería el caso de la hermana del Rey y que supone el 50 por ciento de la plantilla, hacen trabajo presencial por la mañana y por la tarde teletrabaja. El resto, como la propia secretaria de Doña Elena, que tiene que conciliar al tener hijos menores, solo teletrabaja. La directora de proyectos sociales de la Fundación es Doña Elena y depende del director del área de acción social, Daniel Restrepo.

La Infanta, que no tiene problemas de conciliación porque sus hijos vuelan solos, acude diariamente a su oficina. Su despacho se encuentra en el Paseo de Recoletos, a menos de diez minutos en coche desde su hogar, en la casa palacio de seis alturas de estilo neoclásico que fue vivienda de la duquesa Eulalia de Medina de las Torres. Su jornada de despacho comienza pronto por la mañana hasta las dos de la tarde aunque eso depende de la carga de trabajo de cada uno porque es un horario flexible. No tiene que entrar necesariamente a las ocho, puede llegar a las nueve y salir a la una. Ni hay pausas para tomar algo porque el edificio no tiene cafetería, que ahora por el covid estaría clausurada, pero cuentan con máquinas expendedoras, aunque conociéndola, ella llevará su propia botella de agua.