El sastre de Pedro Sánchez le aprieta las perneras

No hay ética sin estética. Nuestros políticos dejan mucho que desear con sus «looks» en el Congreso. En política, todo cuenta, y la imagen, más

Que nos hemos inventado un género periodístico, señores. La pasarela política. Como lo leen, si el estupor se lo permite. El «nos» es mayestático, que aquí hay una mente preclara que tuvo el sueño, rollo Luther King, y lo concibió y, luego, está un servidor componiéndoselas para darle forma. Con los mimbres de nuestro Congreso –ejem– y la pluma que Dios me dio, que la tengo afilada. Y el colmillo, también. La idea es la siguiente: si por un lado la política de la nueva Era se basa en los gestos, en la imagen, en el tuit de 140 caracteres o en el meme de «humor inteligente» y, por otro, la ética, que debiera regir esas acciones, no existe sin estética, oigan, pues ya estábamos tardando en unir ambas cosas, ¿no? ¿Cómo puede ser que hayamos tenido que esperar tanto para alcanzar la cuadratura del círculo de la crónica parlamentaria? Que Maquiavelo escribió «El Príncipe», vale; Kant la «Crítica de la Razón Pura y Práctica» y Schopenhauer, «El arte de tener razón», pero he tenido que venir yo a hablar de trapos para vislumbrar en una camisa fucsia y un moño alto con coletero de felpa, las lagunas éticas y estéticas de un Gobierno. Y tiene bemoles. Pero es así. Y alguien se lo debiera recordar, por cierto, a Pablo Iglesias: no hay ética sin estética.

Que en la sesión de control al Gobierno de esta semana le pareció oportuno este «look». Sí, sí. La camisa fucsia y todo lo demás. Que no seré quien abogue por el «blue color block» del PP que, luego, nos meteremos en ese jardín, disculpen erial estilístico, pero, por favor, ¿una camisa fucsia arremangada? De todas las prendas terroríficas que tiene en su armario, que Pablo Iglesias las tiene –obvien los zapatos con suela de goma– ¿selecciona esa para ir al Congreso a las 9:00 AM? ¿Combinada con un vaquero en la cadera? No de cintura baja, no. En la cadera. Y luego, el moño... He de decir que el moño me parece «top». No sé si para un vicepresidente, pero el moño alto le da un aire rastafari, casi al estilo de Stella Jean si lo combinara con un traje estrecho de pantalón cargo. La pena es que ese recogido no es pretendido. ¿O sí? Necesito (corrijo) necesitamos saberlo. ¿Por? Porque denotaría intención, voluntad... Constaría que ¡se mira en un espejo! O sea, que hay esperanza. Pero, claro, dudo. Dudo porque cuando se elige el morado como enseña para una formación hay un error de base. El morado no sienta bien a nadie a no ser que seas rubia escandinava. Si no, eres de un cetrino que tira «pa’trás». Excepto si lo mezclas con el verde... Y tiene gracia que el morado de Unidas Podemos case precisamente con el color de la formación diametralmente opuesta. Véase, Vox, que aún estando obviamente en su extremo ideológico es un delirio estilístico igual. Lo de siempre, que los opuestos se atraen.

Hagamos un destruido, que no construido, porque lo de Iván Espinosa de los Monteros era destrucción. Aparte de llevar –pobre– una pierna con una prótesis que parecía Robocop, su pantalón, corbata y chaqueta eran, cada una, de su padre y de su madre y éste era un matrimonio muy desigual. O sea, la chaqueta de cinco temporadas atrás, la corbata, tela y el pantalón, prefiero no contarlas. ¿Prendas antiguas y deslabazadas, ideas y proclamas ídem? ¿De qué color era el pantalón, por cierto? No existe en la naturaleza. ¿Su ideario tampoco? Mmmm... Pero ¿y la facción femenina? Ay, ay la facción femenina. ¿Eran o no una fantasía? Que «fantasía», cogiendo la RAE, tiene muchas acepciones. Veamos tres:

1. Dicho de una prenda de vestir o de un adorno que no es de forma o gusto corrientes. 2. Que no es de material noble o valioso. 3. De imitación.

Los megalogos

Macarena Olona. Hagamos una descripción sin valoraciones al margen. Pelo negro, raya del ojo gruesa y, por supuesto, por dentro. Camiseta ancha de manga corta y ancha también, en azul violáceo. Pantalón Palazzo negro tobillero. En rayón. No es alta, apunten. Y ahora, metámonos en harina: bolso con logo LV. Cinturón con logo LV. Zapato plano con hebilla LV. Noooooooo. Esto sí es una valoración. Y los logos ¡maxiiiii! Pero ¡cómo es posibleeee! Tres megalogos. Juntos. En un mismo «look». ¿Cuál es el mensaje? ¿La niña tiene pelas? ¿Me gustan los 80? No entiendo. Y luego, su compañera, Mireia Borrás. Jajajaja. Lo siento. A ver, me dirijo directamente a ti. Ese pelo sin matices y ese eyeliner. ¡Basta! Y ahora, ¿un traje largo para ir al Congreso? ¿Un traje largo vaporoso en azul pavo con escote en uve para ir al Congreso de mañana?, ¿venías de un «after party» de una boda en Cracovia con Ryanair? Si es así, perdonada. Si no, ejem… Y ahora, ¿qué pretendías comunicarnos? ¿La política es una fiesta? ¿Poner a caldo al Gobierno se hace de tiros largos? ¿La Covid se combate con un vestido de viscosa? Mira, admiro tu ilusión, tu predisposición, tu determinación, tus ganas y tu entrega. Lo canalizas de manera equivocada, pero eres muy proactiva.

Porque con lo que sí que no puedo es con la apatía. No voy a comentar la camiseta de Albert Botrán, del grupo Mixto, porque si él no respeta a los votantes porque no guarda un mínimo, yo también passssso mil. Ahora, su compi Mireia Vehí Cantenys, ¿de verdad que llevaba un maillot? Y me dirán ustedes: ¿rosa?, ¿con tutú? Ojalá. Un maillot marrón. De lycra y manga francesa. O sea, un maillot que se abrocha ya saben ustedes dónde. ¿»Me importa todo un (ya saben qué, rima con Toño Sanchís)»? ¿Eso fue lo que te dijiste al despertarte? Hija mía. Que Laura Borrás, del Junts per Cat, no tiene que ser la norma tampoco, pero qué derroche de linos blancos –con un nudo justo en la tripa para evitar la ídem, muy bien, darling– y de bolso blanco, zapato blanco y chaqueta rosa. Eso es organizarse la maleta, con plancha y el Cebralín… Pero lo de Vehí, esa aburrición, no es de recibo. Que es un poco lo que suscita el PP.

Miedo a destacar

Acometamos esa bancada-erial-azul. Muy correcta, ok, muy discreta, muy como Dios manda, muy monocromática, muy… coñaz*. Lo clásico nunca fue moderno, cariñis. Y a eso íbamos, ¿no? ¿A modernizarnos? Pues si en la barba de Casado, con la mascarilla –ya abordaremos ese tema en otro capítulo–, estaba la modernidad, ya no se ve… ¿Que qué podemos decir del muchacho? Traje, impoluto. Corte, magnífico. Tejido. Bueno. Color, un azul índigo apagado. Bonito. Todo bien, pero… olvidable…

Y luego resulta que vino Cuca Gamarra para sustituir a Cayetana. Aha. Diremos que con blanco sobre blanco y cuello caja y unos zarcillos de brillantito… ¿¡Por qué ese miedo a destacar!? ¿¡Por qué!?

Pedro il bello

Eso sí, con el moreno echamos la casa por la ventana. Montesinos, oye, ¡para! Que soy fan del moreno, lo amo incluso sin capa de ozono y tildado hasta la extenuación de hortera. Te hace delgado y pareces saludable. Pero, Pablo, cari, en estos exactos momentos, ese color es un poquito pasote. Para los chinos significa que eres una campesina desarrapada, para los occidentales, es que te has frito en el barco.

No hay Presidente que deje menos espacio a la improvisación en su aspecto que Pedro Sánchez. Por eso es Presi. Y lo domina. Pedro il bello, como lo llaman en Italia, tiene un fachón. Es guapo. Es indiscutible. Ahora, ese sastre… Ese señor sastre nos debe una explicación porque los brazos y perneras van más apretados de lo conveniente. Se puede observar en los bajos que no casan con la línea del muslo y en el hueco de la hombrera con el bíceps. El mensaje «Estoy bueno» es inequívoco. «Estoy bueno y me deseas». Más inequívoco aún. Porque la belleza es así: sugerente, sugestiva y dictatorial. Pero el músculo reventón hay un momento que deja de ser bello. Como cuando te pasas de vigoréxico y cambias de target en la Carroza del Orgullo. Pedro, anota con el símil. Que se te va…

Ese es el talón de Aquiles del PSOE, que se les va… La ministra de trabajo, Yolanda Díaz: camisa de popelín blanca nuclear almidonada pero remangada, vaquero de cinturilla alta sin pliegue, cadenita, pelo descuidado dorado… Perfecta. Perfecta para un editorial de una revista con pie desnudo y mug humeante, pero esa naturalidad sofisticada se te ha ido en una comisión de control. Sin mencionar que es tan revival 90s como pretenciosa. Imitar a Sarah Jessica Parker y hablar de ERTEs, EREs, paros y ayudas se hace difícil.

Como sería harto complicado para cualquiera llevar el colgante de antracita que alojaba en el escote Carmen Calvo. A no ser que seas Carmen Calvo… Ella se puede echar al cuello y a la espalda lo que quiera, aunque no pueda. Lo hace. Un pedrusco considerable, irisado, casi brutalista, pero suave y reflectante (los ciudadanos nos reflejamos en su seno. Inteligente ¿eh?) sobre una blusa estampada, pero sobria, y una mascarilla con el escudo de España (que no la bandera) «igualda», como la seda que la envolvía. Eso sí que es ser una mujer de hierro, de Estado y no aparentarlo.