Los vaqueros “leggins” de Rufián y el corte a capas de Marlaska

Mires a donde mires, no hay escapatoria. Cinturones que aprietan, corbatas imposibles y mascarillas degradé

Después de un postconfinamiento yendo al gimnasio ininterrumpidamente, he podido constatar, vestuarios mediante, que existen tres tipos de hombres. 1) El capaz de contorsionarse hasta hacer el pino puente para que no se le vea ni un solo pelo del pubis. Algo así como Nadia Comaneci, pero con la toalla y el calzoncillo, que uno piensa: «Uh, la tiene pequeña, pobre». 2) El que se pasea tal y como le trajo su madre al mundo de aquí para allá y nadie sabe por qué, eso sí, con una media sonrisa que significa: «Mira qué hermosura». 3) Los que no somos ni Madonna ni Lady Di, o sea, los normalitos. Es evidente, sin haber coincidido con Gabriel Rufián, que es de los que no solo sonríe, si no que, además, te guiña un ojo. Porque esa seguridad y esa arrogancia solo puede proceder de una chulería exhibicionista de vestuario. Que lo de sus categorías kantianas como «el Rey es el diputado 53 de Vox» se refleja en su hebilla del cinturón. No tanto en el bruñido sino, especialmente, por dónde se la coloca, y en lo ajustadisíiisssimos que lleva los vaqueros, tipo «leggins». Vamos, que no solo marca de dónde viene su impostura sino que la indica con una flecha para que no haya dudas.

Nota al margen para el lector: Seguir ahora con el símil de los tipos humanos se me hace peliagudo porque tendría que señalar al micropene y… No voy a hacerlo. Se entiende que, por mi integridad física, voy a continuar únicamente con tamaños maxis.

Qué grandilocuencia los gemelos de Marlaska. Si dicen que los coches son una prolongación del pene, los dos pedruscos como cantos «rodaos» del ex juez, eso ¿de qué son prolongación? Fantásticos ¿eh? Eso sí, no podría repetir ni una sola de las palabras de su intervención en la sesión e control, en donde –seguro– le dieron «p’al pelo». Vamos, que efecto despiste conseguido. Qué bien traído lo del pelo. Oye, ¿ese peinado? ¿Flequillo más corto que la capa anterior y que la anterior y «ad finitum»? Es curioso que cualquiera de las dos diputadas de Bildu lleven la misma «coiffeur»…

Que Dios me perdone, y el señor ministro de Justicia también, pero voy a dar un volantazo aunque me cueste la vida: su mascarilla me recuerda a una de esas toallas de «ay, que no se me vea que la tengo arrugada». Imagino que será por el degradé... Sí, el degradé. Porque en la nariz es blanca como la nieve y, hacia el cuello, se va tornando azul pavo. Igual que la corbata. De esa forma, no hay papada porque hemos logrado un efecto de ocultismo, de trampantojo, que esconde y finge a la vez.

Hablo de estilismos, no del Rey ni del nombramiento de jueces.... Una pregunta. ¿Cómo se lava? ¿Cuál es el programa de la lavadora para conseguir ese blanco sin dañar los colores? Perdonen, pero esa es una lucha doméstica... Menos mal que, al menos, las corbatas se llevan al tinte… Con la de Garzón, en blanco no muy blanco y negro bastante pardo, «sorry», no haría ni el intento. La tiraría y punto. Tiene gracia que el ministro de Consumo parezca de No Consumo. No vamos a mencionar el traje de lana porque es un insulto para las sastrerías del siglo XXI… Ya, ya, tienen ustedes razón, más que XXI parece siglo XII con esta plaga que estamos viviendo… Dan ganas de coger la máquina del tiempo y escapar. Pero ¿a cuándo? Si echas un ojo a la bancada popular, ese azul azafatas de Iberia es del año 83. Y si miras a la socialista, con chaquetilla roja –Economía y Turismo–, del 68. Que no, que se lo digo yo: no hay escapatoria.