Nadia está en el tocino y Yolanda, en la empanada gallega

La vicepresidenta tercera y presidenta del Consejo Asesor de Inteligencia Artificial, Nadia Calviño, interviene en una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, en Madrid (España), a 10 de marzo de 2021. Durante el pleno, el Ejecutivo será interpelado sobre el incremento del paro desde el estallido de la pandemia, así como sobre su política de pactos.
10 MARZO 2021;SESION DE CONTROL;PANDEMIA;GOBIERNO;CONGRESO
EUROPA PRESS/E. Parra. POOL
10/03/2021
La vicepresidenta tercera y presidenta del Consejo Asesor de Inteligencia Artificial, Nadia Calviño, interviene en una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, en Madrid (España), a 10 de marzo de 2021. Durante el pleno, el Ejecutivo será interpelado sobre el incremento del paro desde el estallido de la pandemia, así como sobre su política de pactos. 10 MARZO 2021;SESION DE CONTROL;PANDEMIA;GOBIERNO;CONGRESO EUROPA PRESS/E. Parra. POOL 10/03/2021 FOTO: EUROPA PRESS/E. Parra. POOL

Comentando las cosas de Yolanda Díaz, Nadia Calviño ha dicho: «Respeto los eslóganes, pero yo estoy en la sustancia». O sea, quieta parada, tía, que aún hay clases. Yo estoy en el tocino, el jamón, la morcilla y el pollo (la sustancia del cocido y de lo que se cuece) y tú en la empanada gallega. En mi tierra vasca se dice o se decía «insustancial» o «sinsustancia» al tonto, alelado, calzonazos o soso, al que ni pincha ni corta. ¿Quién es la insustancial en el lío de idas y venidas en el destripe de la reforma laboral del PP aún viva? No aceptará ese papel la Díaz, fiera melena al viento, fina y segura. No hay líneas rojas para una morada de postín. Yolanda, caperucita roja que va de caperucita blanca de «Vogue», está destinada a tareas sustanciales, aunque de momento la que moje el pan en el tocino sea Nadia. En la pista central del circo, será la poli bueno del Iglesias poli malo: ella pondrá la vaselina mientras él endiña fuerte desde fuera. Con el adoquín en la calle a ritmo de Hasel y presionando al Gobierno a través de yolandas y belarras, irenes y garzones, sus fieles corazones. Nuevo show. Lo que pasa es que el personal, ayuno de vacunas y rodeado de cepas que ya son como la lista de los reyes godos, sufre la fatiga pandémica y, como bien dice María Jiménez, a lo mejor no tiene el chocho para ruidos. Mi tocayo Rivasés ha resucitado la frase sustancial de un embajador extranjero: «España genera más política de la que puede consumir». O sea, que los políticos nacionales y los periféricos nacionalistas están empeñados en una huelga a la japonesa en la producción de números circenses estultos y repetidos. Un exceso que está poniendo en peligro la salud mental (y la otra) del sufrido espectador. Es de agradecer el esfuerzo en su empeño del más difícil todavía, pero su demencia nos está llevando a la esquizofrenia. Curioso: nos contagian los que nos quieren salvar, pero no se sabe si lo saben. Un arrebatado Raúl del Pozo recuerda a Brecht y clama con él: «Seremos comidos vivos por las mediocridades». Yo no soy aún tan pesimista: al final nos salvará que ellos prefieran el caviar.