La crónica de Mariñas: la nueva Rociíto, de la nada a cuestionable diva

Rocío Carrasco
Rocío CarrascoJesus BrionesGTRES

Un extraño caso, y casi diría que algo extraordinario, raro, excepcional. Realmente fuera de lo corriente esto dejar de ser solo una más de la familia a transformarse tras aparecer en «Rocío, contar la verdad para seguir viva» en una cuestionable diva arrolladora aunque le falten la cualidad y calidad artística, vozarrón, enganche y arrebatadora presencia física de su señora madre, sin duda una madre muy señora, eso no lo cuestiono.

Cosas de la vida y de esta sociedad siempre impaciente y apresurada en inventar, lanzar e idealizar nuevos prototipos. De no ser nadie a transformarse en foco de atención, crítica, reclamo y seguimiento. Somos un país histórico muy receptivo pero curiosón, hambriento, necesitado y ávido y, en seguida, quizá demasiado alocadamente, situamos lo que sea sin más consideración, respeto ni prudencia. De la nada a tenerlo, encarnarlo y representarlo todo cual si fuera pasatiempo, broma o diversión. Frívolamente lo tomamos a juerga precipitando, apoyando y aplaudiendo su promoción y subida a los altares como hace ahora Rocío por el episodio de haber ingerido entre tres y 39 pastillas Los expertos no se ponen de acuerdo (o sí) en la dosis, cuando siempre creí que es muy fácil registrarlas. Parece broma, cachondeo, tontería, despreocupación o no tener necesidad de considerar y valorar. Triste y lamentable pero –suelto otro ¡ay!–, no hay vuelta que darle. Es lo que hay, lo que se lleva, practica, realiza y nos imponen. Tristísimo, sí, pero auténtico. Resignación, hermanos, y mucha, muchísima paciencia.

Aunque no creo que vengan tiempos mejores, y todo cambie y se transforme porque tal como está montado el tinglado beneficia a los ya muy favorecidos. Y es de lo que se trata. De ahí sale y se dispara la insólita, sorprendente y fulgurante exhumación, reinvento o relanzamiento en los que no cree ni ella, de la mal que nos pese –y ya creo que nos pesa , agobia, asusta, desvela y sorprende– Rociíto Carrasco. Aguantaremos. Paciencia. ¡Qué país!