Opinión

La crónica de Mariñas: La Obregón reconoce que ahora tiene más corazón

Ana Obregón
Ana ObregónSergio R. MorenoGTRES

Han tranquilizado mucho, al menos aparentemente, las ultimas fotos de Iñaki Urdangarin, tema que aumenta y se dimensiona viendo muy sonriente o casi feliz y satisfecha a Ainhoa Armentia. Parece que no haya pasado nada y todo haya sido un mal sueño, como el que todavía sufre la Infanta Cristina, que se ha convertido en un recurso que siempre funciona. La Familia Real siempre vende bien incluso en sus peores momentos, que no es el caso si hemos de fiarnos por lo que dice muy satisfecha de ella misma y la reconversión experimentada por Ana Obregón, que no sufrida ni padecida, menos mal.

«Sé que no soy la misma Ana, me gusta mas en la que me he convertido. Es una Ana con mas corazón, muy generosa que vive feliz ayudando a los demás. Es una nueva vida muy diferente. Busco la paz a través de la lectura y la tranquilidad. Creo que lo estoy haciendo bien al llevarlo pasito a pasito, trabajando interiormente mucho sola y buscando la paz a través de la lectura, el yoga y mucho silencio». Ana parece en estado de gracia, reconvertida en puro espíritu alguien tan alejada de aquella bulliciosa y jaranera que protagonizó tantas recordadas noches de un Madrid irrepetible.

Veremos, ojalá, confiemos que esta Anita supere a la anterior tan trabajada y perfeccionista y haga que olvidemos sus lamentables orgías, llamativas y estridentes noches. Hicieron época. Ojalá sea así. Lo deseamos por todos mientras ya disfrutamos de que las Infantas se hayan reunido con su padre ofreciéndonos infrecuente imagen de unidad, sensatez y cordura. Ojalá les duren tan buenas intenciones, lo deseo por el bien común y la tranquilidad nacional ofreciéndonos nueva ocasión de rehacer lo que estaba medianamente hecho. ¡Quedamos a la espera, ojalá no perdamos el tiempo ni la paciencia. Confío en eso, en que nos permitan seguir como espectadores expectantes, curiosos y alucinados deseando participar. Deseo que no nos marginen en sus buenas intenciones transformadoras. A ver si de una vez y por todas sentamos la cabeza y nos comportamos como gente adulta y razonable.