Música

Willy Bárcenas: «He estado pensando en ir a Eurovisión, pero es difícil»

Su banda, «Taburete», presenta su quinto disco, «Matadero». Reconocen orgullosos que su éxito ha callado unas cuantas bocas

Willy Bárcenas
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Hay ciertos temas que, no digo que no sean importantes, trascendentes, históricos o escandalosos, pero que, a mí, personalmente, me dan mucha pereza. Por ejemplo, los papeles de Bárcenas, pues como que me aburren. Pero, claro, te encuentran con personajes como Willy Bárcenas, su hijo y líder de «Taburete» y, ¿cómo no le vas a preguntar? Eres periodista y tienes que hacerlo. Yo, habría vencido al hastío. Y no por lo papeles, obvio, sino por cómo aquello le trastocó la vida, removió los cimientos de su casa y, resumiendo, fue un putadón de la hostia. Pero no había lugar. Willy no está para esas. Él quiere hablar sobre su música, su trabajo, su historia y de su rollo. Disco mediante, claro. Que sí, que luego uno va a un programa con Risto, con Bertín, con Calleja, Pablo Motos o Toñi Moreno, y eso es un festival de titulares –ustedes ya me entienden–, pero esto es como en la casa de las Campos: Campos de primera y Campos de segunda. Unos son Terelu y otros somos Carmen Borrego y te las ves y te las deseas para arañar ese titularcito medianamente llamativo para llamar su atención. Ahora, alguna perlita les puedo dar. Lean, lean, verán que hay chicha.

Porque Willy y su grupo –aquí verán también declaraciones del guitarrista Antón Carreño– acaban de dar al público el tema del que más se sienten ellos mismos, que han madurado, que son quienes querían ser. Esto es «El penúltimo beso», un single que suena a flamenco, como su nombre de guerra, o sea, «Taburete», y que tiene como ingredientes la tristeza y la esperanza. Pero ellos, tan puliditos, ¿tenían alma flamenca? «El flamenco es fiesta y a nosotros nos gusta bastante. Así que sí, tenemos alma flamenca», asegura Willy. Sin embargo, era un género que, en sus siete años de andadura musical, aún no habían explotado. «Y nos encanta, pero no había surgido, aunque en «Taburete», desde el principio, hemos probado y jugado con diferentes estilos… Nuestro público nos permite la licencia de grabar nuevos sonidos», apunta Carreño.

Entrevista a Taburete antes del concierto en Madrid.
Entrevista a Taburete antes del concierto en Madrid. Hors ProduccionesHors Producciones

El tema se insertará en su quinto disco, «Matadero», del que ya hemos tenido adelantos, y en el que hacen un homenaje a «Matadero 5», de Kurt Vonnegut, una de sus novelas preferidas. Además, esta semana, se sacaron a la venta las entradas para su reencuentro con sus fans, en el Hipódromo de la Zarzuela el 1 de julio. ¿Puede ser algo así como la esquina del Rowland para los Hombre G? «El año pasado, vivimos dos noches espectaculares con la gente de pie por primera vez», asegura Bárcenas. «Dos noches para el recuerdo –apostilla el guitarrista–. Por eso queríamos repetir allí… Ya lo tenemos casi lleno, en apenas en un día. La noticia es maravillosa».

Nada pijos

No me digan ustedes que agotar un recinto no es callar las bocas de aquellos que quizás vieron en ellos otro grupo «popy» nacido del capricho de unos niños pijos. «Hemos callado bocas, sí», confirma Willy. «Un poco… –le da la razón Carreño– pero no estamos pendientes de eso». Y ahora la entrevista se pone en contra, y la pelota, en mi tejado. «Lo de pijo o no pijo es muy relativo. ¿Es por la forma de vestir? ¿Cuáles son las medidas necesarias para ser pijo?», me interpela Carreño. «Para nosotros, alguien pijo es alguien altivo, que te mira por encima del hombro, y nosotros ni lo éramos ni lo somos», se responde, a Dios gracias, él mismo. Y Willy se sincera: «Nunca nos hemos sentido pijos en el mal sentido de la palabra. Por ambiente y de dónde venimos, puede que lo seamos». ¡Ahá!

Sea como fuere, «Taburete» hoy no es un capricho. De hecho, si así lo fuera, Willy lo hubiera tenido toda la vida, porque siempre quiso ser artista. «Mis padres se empeñaron en que hiciera una carrera seria, pero sabían que no era lo mío». Más de 330 conciertos a sus espaldas, giras a los dos lados del Atlántico y sus legiones de fans los atestiguan como un grupo de culto, aunque para ellos la etiqueta no sea una realidad, sino una meta. ¿Quizás «cool» les va más como adjetivo? «Imposible, recién levantados, ternemos cara de culo, igual que todo el mundo», dice Carreño. «Mira, el término «cool» da mucha pereza», finiquita Bárcenas, quien, y aquí viene la sorpresa, no desdeña de Benidorm Fests ni Eurovisiones. «Últimamente lo he pensado, pero es muy difícil». Nadie ha dicho que lo de Chanel fuera fácil.