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La delgada línea moral de Zelenski

El presidente ucraniano y su mujer han protagonizado un controvertido reportaje en la revista “Vogue”

Volodímir Zelenski y Olena Zelenska
Volodímir Zelenski y Olena Zelenska FOTO: @olenazelenska_official Instagram

La fotografía es una herramienta de la inmortalidad. Una tecnología para perpetuar el presente, que el hombre, así, a lo bravo, suele ser una criatura distraída, de puntuales atenciones, que tiende más al olvido que al recuerdo. Zelenski, que por oficio sabe que las personas somos unos animales caprichosos que arbitramos mal con la paciencia y que enseguida terminamos hartándonos y mandándolo todo al demonio, libra una guerra con Putin y después otra paralela, pero igual de enconada, por sostener la atención de Occidente. Los enemigos de Zelenski puede decirse que son los rusos y después el mando a distancia de la televisión, por este orden de preferencia. El presidente ucraniano es consciente de que parte de su victoria pasa por sacar un «share» de cuidado en los telediarios y otros programas que evite a los realizadores de turno situar las noticias procedentes del frente entre el último fichaje del Real Madrid y el parte meteorológico, que últimamente está que echa llamas. Sus tropas están amunicionadas con balas y con una constante presencialidad que rivaliza con las campañas publicitarias mejor concebidas. Maneja así una diplomacia de varios filos muy estudiada que ha incluido un tour por el parlamento de los distintos países aliados, invitar a Angelina Jolie, Bono y otras personalidades/reclamo de semejante catadura o promocionar su imagen metida en verde revolucionario en las redes sociales.

Lo último es un reportaje a cargo de Annie Leibovitz que ha publicado en portada la revista «Vogue». La reportera es una artista de largo recorrido, ya con muchas muescas en el revólver, que ha dado muchas primicias fotográficas. Ha retratado a Isabel II, con la que, según los rumores, se entendió a medias, a la familia de Barack Obama, al incombustible Bruce Springsteen, a John Lennon abrazado a Yoko Ono en la cama de un hotel y, también, a una Demi Moore embarazada, una instantánea que más que una foto es memoria visual del siglo XX.

Ahora ha inmortalizado a Olena Zelenska, la esposa del presidente ucraniano y una mujer involucrada con igual conciencia en la difusión de la guerra que su marido. Lo ha hecho posando delante de un objetivo, al lado de su esposo, junto a unos soldados, en unas escaleras de aspecto muy presidenciales, entre otras cosas porque son las del Palacio Presidencial, o entre las ruinas y otras secuelas colaterales que dejan los bombardeos indiscriminados. Pero siempre lo ha hecho con el caché que suele aportar a una persona la moda, que esta vez es patria, o sea, muy Made in Ucrania.

Esto ha desencadenado una oleada de críticas, las primeras de un talante tan severo y con un aire tan tajante, hacia la postura que han adaptado ellos en esto de dar relevancia a su país a cualquier precio. Esto de exhibir ropa de primera entre los escombros que dejan los misiles (señalan que son los que hay en el aeropuerto de Kiev), como que muchos no lo han entendido y han considerado que es pasarse de la raya. En esto de otorgarse uno aire, o ser uno herramienta voluntaria para beneficiar a algo o alguien, hay que tener cuidado y siempre andarse con unas prudenciales medidas de precaución para no acabar hastiando a la peña. Este reportaje ha sido interpretado, más que leído, como una delgada línea moral que hasta ahora no se había percibido. Resuenan ya por ahí voces de gentes que enarbolan la bandera de la ética para señalar que no todo vale, incluso para aquellos que cuentan con el apoyo de la razón y parecer ser que tienen a la historia de su lado. Por supuesto, entre tanto apunte serio, también están aquellos que han comenzado a hacer memes. Y esto es el asunto, que algo puede comenzar a ir mal cuando algo que resulta serio termina siendo visto como algo cómico por los demás.