La casa que Camilo Sesto compró a Melendi esconde un tesoro

Maletines llenos de dólares, joyas y centenares de discos de platino y oro fueron trasladados por Angelito, una persona de la máxima confianza del cantante, antes de que éste sufriera un robo en su casa de Torrelodones perpetrado por gente de su entorno. La única persona que tiene las llaves del chalet de La Chopera, cercano al de María Teresa Campos, es el cuestionado administrador de Camilo, enfrentado en los últimos años con su único hijo y supuesto heredero universal de su ingente fortuna.

  • Camilo Sesto en una imagen de 2016/Foto: Gonzalo Pérez
    Camilo Sesto en una imagen de 2016/Foto: Gonzalo Pérez

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08 de octubre de 2019. 14:46h

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Ángela Portero 16/9/2019

Ángel Martín Fernández (58 años) es un auténtico desconocido para los medios de comunicación pero una de las personas en las que más confiaba Camilo Sesto. Prueba de ello es que fue el encargado de trasladar, a petición del artista, todos los objetos de valor que tenía el cantante en su casa de Torrelodones a un lugar más seguro. El traslado se hizo unos años antes del robo que sufrió el artista en enero de 2013, en el que estuvieron implicados personas de su entorno que fueron posteriormente detenidas. Según Angel Martín, al lugar dónde se llevó esta auténtica fortuna, es la casa que el artista compró a su colega Melendi: un chalet situado en la urbanización de máxima seguridad de La Chopera. Una vivienda, cuyas llaves obran en poder de Cristóbal Huete, administrador del artista. “En Torrelodones-nos cuenta en exclusiva Ángel- no hay nada de valor. Todas sus joyas, decenas de discos de oro y platino y maletines llenos de dólares de dos conciertos que dio Camilo en Latinoamérica están en La Chopera. Una casa de la que sólo tiene las llaves Cristóbal. Camilo me pidió que trasladara todo allí hace años porque es una urbanización más segura, sólo pueden acceder las personas autorizadas en la garita de seguridad. Si están o no allí, no lo sé pues no he vuelto nunca a esa casa después de aquella mudanza.” Y advierte: “Si no está todo lo que allí llevamos, Cristóbal va a tener que aclarar qué ha pasado porque es el único que tenía las llaves de la casa.”

¿Pero quién es Angel Martín y por qué confió en él para trasladar sus objetos más valiosos?

Ángel Martín y su familia, han pasado cincuenta años muy cerca del artista, tanto que el de Alcoy les consideraba “lo mejor que ha tenido en su vida”, las personas más leales y en las que tenía depositada toda su confianza. Camilo llamaba “Angelito” a aquel niño que crió como a un hijo y que vivió en su casa de Torrelodones desde los ocho a los veintiséis años.

La relación de la familia Fernández con el artista se remonta a los años 70, cuando un desconocido Camilo Blanes trataba de abrirse camino en el mundo de la música sin demasiado éxito. Entonces, mantenía una relación sentimental con la cantante italiana Laura Casale, la única mujer de la que realmente estuvo enamorado, según su testimonio. Laura, que ya había sacado al mercado algunos trabajos musicales, solía acudir con su novio al taller de Petra Fernández, una modista madrileña que se ocupaba del vestuario de la artista. Pero cuando la relación amorosa entre los cantantes se rompió, la italiana le echó de su casa. Para aquel entonces Petra y Camilo ya eran íntimos amigos y la modista no dudó en ofrecer su apoyo a aquel joven que lloraba su primer desengaño amoroso: “vente a mi casa que ahí no te faltará un huevo frito y un colchón en el suelo”. Camilo aceptó la invitación y así la familia Fernández empezó a formar parte de su vida.

En Madrid, muy cerca de dónde vivían los abuelos de Angelito, Camilo alquiló un ático en la calle Jorge Juan y contrató a su abuela para que se ocupara de las labores del hogar. Su abuelo Paco, iba allí de vez en cuando, para trabajar como jardinero y cuidar las plantas de la terraza. Una vez que triunfó y se construyó la casa de Torrelodones, Camilo contrató a los abuelos de Angelito como cocinera y jardinero que se trasladaron a vivir a la enorme mansión del artista con sus dos nietos: Ángel y Pedro.

Aunque en los últimos tres años de la vida del intérprete de “Vivir así es morir de amor”, Ángel que trabaja en el mundo de la música como road manager, reconoce que no le veía con tanta frecuencia. Las giras, su familia y sobre todo, el aislamiento en que vivía Camilo en los últimos años, fueron las causas de que sólo volviera a Torrelodones cuando Camilo le llamaba: “Yo estuve viviendo en su casa, desde los ocho hasta los 26 años y he estado siempre cerca hasta hace muy poco, ya que por mi trabajo y también por culpa de Cristóbal, me alejé un poco de todo. Pero cuándo había un problema o me necesitaba, allí estaba yo siempre.” No quería coincidir con Cristóbal, la mano derecha del cantante y su administrador, a quién considera culpable de aislar al artista no sólo de su gente más cercana sino incluso de su único hijo: "Camilo estaba muy solo. Era, como te he dicho, una soledad en parte buscada y deseada pero también impuesta por Cristóbal, su administrador, que era quién manejaba su vida.”

“Angelito” no perdona que no le avisaran ni de su ingreso ni de su muerte.

A Cristóbal no le perdona que, como en otras ocasiones, no le llamara cuando fue ingresado el pasado 8 de septiembre: "A mí, lo que más me extraña, me duele y no perdono es que no nos avisaran cuando le ingresaron como han hecho siempre. No nos enteramos de su ingreso ni de su muerte. ¿Por qué no nos avisaron esta vez? No avisaron a ni Dios, ¡a ni Dios!”-dice llorando como un niño y con rabia. “Era como un muñeco roto. No he podido ayudarle y el que estaba a su lado tampoco lo ha hecho y eso me duele en el alma.”

Ángel augura graves problemas en torno a la herencia del artista ya que “Cristóbal era quién manejaba todo lo económico y el que va a tener que dar explicaciones a su heredero.Y me hace una confidencia “hace unos años, antes del robo que sufrió en el chalet de Torrelodones Camilo me llamó para poner a salvo todos sus objetos de valor y trasladarlo a otra casa más segura. Lo hicimos Antonio y yo, su gente de confianza. Nos llevamos a La Chopera todos sus discos de oro y platino, que tenía muchos y todas sus joyas buenas. Pero también nos llevamos el oro y maletines llenos de dólares. Ese dinero, que no podía cambiar, era de dos conciertos en Latinoamérica y era mucho dinero.” Cuando le pregunto si cree que eso sigue allí dice enigmático: “Yo no he vuelto allí así que no lo sé. Si no está, Cristóbal va a tener que aclarar qué ha pasado porque es el único que tenía las llaves de la casa.”

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