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Una pena: Nadie aprecia el afán innovador de Reyes Maroto

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto
La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto FOTO: Víctor Lerena EFE

A la ministra de Turismo, Reyes Maroto, se le ocurrió decir cuando lo de La Palma, recién estrenado el volcán, que aquello era un espectáculo maravilloso de la naturaleza llamado a convertirse en un reclamo turístico más de la isla, sumándola así a la ruta de los volcanes famosos: Etna, Vesubio, Stromboli…Donde los demás veían lenguas de fuego arrasadoras, ella veía los restos de Pompeya, hoy visitados por millones de turistas. Todos los ofendiditos se lanzaron a su cuello e incluso dijeron que había arruinado el rápido viaje de su presi a La Palma, revestido de héroe de ONG, esos que tanto disgustan a Pérez Reverte. Quizá la ministra había escuchado la voz de la psicóloga Marisa Navarro que hablaba del «paso y la danza del fuego como expresión del interior de la Madre Tierra que ruge en todo su esplendor e hipnotiza, hasta el punto de atrapar a personas que no han podido escapar a su influjo». Y añadía: «Ninguna catástrofe ejerce tanta fascinación como los volcanes». Ahí estaba, fascinada e hipnotizada, sí, Reyes Maroto, como si aún estuviera atrapada en la lectura de «Bajo el volcán», contemplando con los ojos beodos del cónsul Georffrey el paraíso y el infierno mexicanos, pero también muy despierta en sus afanes innovadores del turismo nacional, sobre todo cuando se habla del agotamiento del modelo de sol y playa. Es cierto que la ruta de los volcanes ya está inventada, como el turismo de catástrofes (Chernóbyl, Fukushima, Katrina…), pero tampoco se le puede pedir que ella lo sepa todo, por muy ministra que sea. Además todas esas rutas se pueden ampliar y mejorar, cómo no. A la lista del turismo de terror, o «turismo dark» como le llaman ahora, que incluye lugares como las calles londinenses de Jack El Destripador o el castillo del Conde Drácula, la ministra podría añadir el Palacio del Canto del Pico, donde dicen que aún habita el fantasma de Franco cazando rojos; el ministerio de Igualdad, en el que se aparece la Chica de la Curva mordiendo a los machistas, y el palacio de la Moncloa, cuyas cloacas son la pesadilla recurrente de Pablo Iglesias y en las que se manifiesta un espectro muy parecido a Iván Redondo vestido de cofrade del queso de Idiazábal.