Moda

El último desfile de Galliano

Ayer en París desfiló la colección que diseñó el gibraltareño para Christian Dior, antes de ser despedido. La firma ha pasado página y ya está buscando sucesor

Al final del desfile la ovación más cerrada, con el público en pie, la escucharon «les petits mains» (las pequeñas manos) término que se refiere al equipo de trabajadores de la casa que colaboraban con Galliano en los diseños y que según la dirección de l
Al final del desfile la ovación más cerrada, con el público en pie, la escucharon «les petits mains» (las pequeñas manos) término que se refiere al equipo de trabajadores de la casa que colaboraban con Galliano en los diseños y que según la dirección de llarazon

Pesaba la amenaza del boicot, pero al final todos, o casi, acudieron a la cita. Fundamentalmente clientes y las afiladas plumas de la Prensa. Sin haberlo premeditado el momento era histórico. La última colección femenina de prêt-à-porter firmada por John Galliano para Dior se presentaba sin la presencia del artista. Despedido de manera fulminante por proferir, ebrio, injurias racistas, un delito por el que tendrá que rendir cuentas ante la Justicia antes de que termine el año. Y a su vuelta de la clínica en la que supuestamente habría ingresado para rehabilitarse de su adicción al alcohol.

En la gran sala del Museo Rodin de París, ni un hueco libre. La misma expectación de siempre, pero el rumor de fondo es mucho menos alegre. Se respira un ambiente grave. En el «front row », la primera fila, la inefable y todopoderosa Anna Wintour, directora del «Vogue» estadounidense, se ha instalado. El desfile, con cuarenta minutos de retraso, puede comenzar. Aunque con algunas y señaladas ausencias. Empezando por Bernard Arnault, el dueño de LVMH, propietario de la marca y asiduo asistente. Sin duda la más sonada, claro está, es la del cerebro de la colección. Ni rastro de Galliano. Hasta su nombre había desaparecido del dossier explicativo. Proscrito de la lista de agradecimientos. E incluso de la página web de la firma, a la que no han tardado en hacerle un profundo lifting.


Sin backsatge
Este último desfile no podía ser como los demás. Por primera vez el «backstage» se cerraba a la Prensa. Ni fotos previas entre bambalinas ni champán de celebración posterior. Y un arranque de lo más inédito. El director general de la marca, Sidney Toledano, volvía a censurar los despropósitos verbales de Galliano. Una nueva andanada para dejar bien claro que la ruptura con el creador es total. «Tales declaraciones son inaceptables en nombre de nuestro deber de memoria, en nombre de todas las víctimas del Holocausto, en nombre del respeto de todos los pueblos y en nombre de la dignidad humana», afirmaba el directivo recordando precisamente que la hermana del fundador de la marca, Christian Dior, fue deportada al campo nazi de Buchenwald.

Un breve prólogo en el que apenas dedicó unas palabras a Galliano. «Es alguien que hemos apreciado por su remarcable creatividad», se limitó a decir en un tono casi fúnebre antes de dar el pistoletazo de salida

Escaseaban también las celebrities: no se sabe muy bien si porque el prêt-à-porter es menos espectacular o porque las que estaban invitadas prefirieron declinar la oferta. La top Natalia Vodianova no sólo fue de las pocas caras conocidas, sino la única que quiso hablar y, de paso, respaldar a un desahuciado Galliano, que se encuentra «bajo la influencia de una enfermedad contra la que se siente impotente» dijo la maniquí.


Inusitada sobriedad
Sobre la pasarela echan a andar los primeros modelos. Llevan el toque del británico pero «carecen de alma», lamenta una asistente, apenada por ver salir al creador por la puerta pequeña. El ADN de Dior está presente en las cinturas marcadas y los exiguos vestidos tipo picardías. Los colores se limitan a los tonos pastel para los trajes cortos con algunas excepciones, como el intenso rojo de un bustier en terciopelo prolongado con organza o un vestido de volantes en tonalidades berenjena. Las modelos se suceden, aunque con una sobriedad inusitada. No se divierten ni coquetean, como era costumbre, con la multitud de fotógrafos ávidos de pícaras poses. Esta vez, Galliano no está ni se le espera para cerrar el desfile, encarnando a Napoleón, ataviado de torero o vestido de astronauta. Habrá broche pero estará vestido de blanco. El color de las batas de las «petites mains». Unos cuarenta trabajadores, verdadero espíritu del estudio de creación.

Dior, inmersa ya en el proceso de sucesión, ha pasado página. Y el casting es lo más difícil. Optar por la continuidad o darle un giro radical. Para esto último se piensa en recuperar a Hedi Slimane, cuya sobriedad revolucionó el estilo de Dior Homme. En la quiniela están también el reservado Riccardo Tisci (Givenchy), Alber Elbaz (Lanvin) o el joven Haider Ackermann. Pero, ¿es el fin definitivo de Galliano? Algunos así lo creen. Como Maria Luisa Poumaillou, la primera en confiar en su talento a principios de los noventa y distribuir las creaciones del entonces joven británico en su tienda multimarca, una referencia en París. «Su marca está acabada», confiaba al semanario galo «L'Express». «Por un acto de autodestrucción John Galliano ha herido la susceptibilidad de una sociedad muy sensible al respecto» asegura. «Perdido, enfermo, provocador, sí; pero antisemita, no» sentencia. El desfile de su marca propia previsto para mañana ha sido anulado y convertido en una simple presentación para clientes.


Principio y final de un desfile histórico
- PALABRAS DEL DIRECTOR EJECUTIVO DE LA COMPAÑÍA.
Sidney Toledano (en la imagen) apareció al principio del desfile –que comenzó con 40 minutos de retraso– para desvincular la colección del diseñador caído, volver sobre el tema y lamentarse de la situación de «gran dolor» por las declaraciones de Galliano, calificándolas de «intolerables para la dignidad humana».
- LAS MANOS PROTAGONISTAS.
Al final del desfile la ovación más cerrada, con el público en pie, la escucharon «les petits mains» (las pequeñas manos) término que se refiere al equipo de trabajadores de la casa que colaboraban con Galliano en los diseños y que según la dirección de la firma llevan «los valores de Dior».


Desaparecido y en vías de desintoxicación
La fama no es una corona fácil de llevar, y por eso muchos acaban cediendo a su presión. Y animados por aquello de ver la luz al final del túnel, la mayoría acaban superando sus problemas y adicciones. Parece que John Galliano –que ha desaparecido de la luz pública desde que lo acusaran por proferir insultos antisemitas– se ha planteado entrar en un centro de desintoxicación (en la imagen) por el que ya han pasado figuras de la talla de Elton John o Donatella Versace. También Robbie Williams ingresó en 2008 en el centro de Arizona para poner fin a su dependencia de las drogas y al alcohol.