Badajoz

Dolores amargos

Pamplona. Tercera de la Feria de San Fermín. Se lidiaron toros de Dolores Aguirre, bien presentados y de mal juego. Sin entrega ni opciones. Lleno en los tendidos. Antonio Ferrera, de blanco y oro, dos pinchazos, cuatro descabellos (silencio); media estocada, descabello, estocada baja, dos descabellos más (silencio).Eduardo Gallo, de verde hoja y oro, estocada corta (silencio); bajonazo (silencio).Joselillo, de azul marino y oro, estocada (oreja); estocada que hace guardia, estocada, siete descabellos (silencio). 

Dolores amargos
Dolores amargoslarazon

Los rejones dieron paso al día del patrón. Día grande en Pamplona. Fiesta en las calles y en los tendidos. Uniforme blanco nuclear salpicado de rojo. Ese rojo, qué recuerdos, esa Roja que hace pocos días nos regaló otro pedacito de felicidad. Tercera Eurocopa, todavía campeones del Mundo. En tiempos difíciles, España se echó a la calle a festejar. Ayer celebraba Pamplona su día grande. La plaza llena, festiva, ruidosa. Música aquí y allí. Diversión. Todo a punto para una nueva edición de las fiestas de San Fermín. De fama mundial y reclamo para todo los puntos del planeta. Dolores Aguirre abrió plaza en los encierros. Primera corrida. Un herido y una carrera ambiciosa. Tarde ventosa, amagos de lluvia.


De ambición fue la faena de Joselillo al tercero. El de Dolores no había hecho las cosas con claridad en el capote. Pero poco importó. Brindó Joselillo al público y ahí mismo se quedó, en el centro del ruedo, para postrarse de rodillas y citar al animal a la otra punta de la plaza. Se le metió por dentro con mucho peligro y siguió Joselillo toreando como si nada pasara ahí. Al de Dolores le costaba seguir el viaje y fue acortando la embestida. Entre una cosa y otra al torero de Valladolid le dio tiempo a apañar la faena y tirarse a matar con todo. Buena estocada y primer trofeo.


Con la puerta grande a medio abrir, salió Joselillo a darlo todo. En los pases de tanteo, la colada por el derecho fue monumental. Así se anunciaba la faena: si algo quería lo iba a tener que sudar. El vallisoletano no dio la espalda. Le buscó las vueltas a las cortas arrancadas del toro por el derecho y sin claridad hacía también el toro el camino por el izquierdo. No daba tregua. No era toro descastado, no era Dolores desentendido, fue toro peligroso. Malo. Se dilató con la espada el torero. Se destempló y cambiaron los ánimos.


Antonio Ferrera se dio contra un muro. Ni un Dolores ni otro. Más bien un quebradero de cabeza. Su segundo regaló cabezazos, sin querer, sin dejar resquicio al lucimiento, aunque fuera al robo de un par de tandas. Nada. El descastado y deslucido primero sin fondo, ni recorrido ni clase, tan sólo dejó a Antonio Ferrera justificarse. Así estaban las cosas después de una encerrona importantísima que llevó a cabo Ferrera en su tierra, Badajoz, y con seis Victorinos. Nada pudo dejar de la gesta de aquella tarde.


La temporada de Eduardo Gallo es de punto y aparte, con Madrid en el horizonte para levantar vuelo. Pero las cosas ayer no salieron. El quinto huía, iba ligero, suelto, sin entrega y molestando el viento. No hubo lugar. La espada ensució lo hecho en el quinto. Su primero, segundo, se aquerenció en tablas de salida. Gallo apostó como si fuera bueno el toro y cosió una tanda de derechazos bien estética. Pero ahí se acabó. Se consumió el toro. Se fulminó la faena. Corría la tarde. Cantaban las peñas. Vuelve San Fermín.