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A tomar la calle

Tiempo de lectura 4 min.

22 de septiembre de 2011. 21:10h

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23/9/2011

A menos de dos meses del 20-N, parece cada vez más clara la estrategia de Rubalcaba. Por una parte, romper con Zapatero, no hablar de Zetapé, aparecer ante la opinión como si el candidato no hubiese nunca formado parte del  Gobierno, o en cualquier caso transmitir que no tuvo más remedio que obedecer las decisiones «equivocadas» de Zeta, pero que él no lo habría hecho así, por supuesto. «Yo hubiera» es estos días la expresión más repetida de Alfredo, una forma como otra cualquiera de quitarse de encima el muerto de la crisis y de endosárselo entero a su predecesor como candidato.

Por tanto, punto uno, enterrar a Zapatero, y por extensión, punto dos, a su propio partido. El marketing nos habla de RbCb, de Alfredo, de Rubalcaba, pero nada del PSOE. Es como si nuestro hombre fuese un espíritu puro que ha llegado a donde está por obra y gracia de su inteligencia, o de sus maldades, pero sin apoyo de nadie, sin partido ni organización que le sustente.

En tercer lugar, la presunta «eficacia». Zapatero y su Gobierno eran un completo desastre y Pérez R. es, sin embargo, un hombre eficaz. Para hacer llegar esta idea se traslada a los ciudadanos que ha sido el responsable del «fin de Eta», de la disminución de los accidentes en las carreteras y de la solución al conflicto de los controladores. Claro, nada se dice de que ETA aún no ha entregado las armas ni de que los proetarras han vuelto a tomar la calle; y menos aún de los vaivenes poniendo unos meses la velocidad a 110 km/h y luego a 120; y tampoco de los paros actuales en los aeropuertos por no haberse cerrado como debía el acuerdo con los trabajadores del control aéreo.

Rubalcaba quiere vender «eficacia». Pero, además, se ha propuesto asustar a la gente con relación a Rajoy. Para ello (punto cuatro), está decidido a llenar la calle de indignados, liberados, sindicalistas, profesores o perjudicados en general por los recortes del PP. Se trata de trasladar la idea de que Rajoy quiere liquidar el Estado del Bienestar, y que ello sólo se puede evitar con la presión callejera, extremando las posiciones, creando tensión, provocando al Partido Popular para que sus dirigentes digan cosas que rearmen a la izquierda y la unan en torno a Rubalcaba.

El ex vicepresidente demostró con creces el 11-M que es un experto en movilización callejera. Y en eso están ahora sus «comandos». Que por dos horas más de actividad docente en Madrid se haya removido a toda la enseñanza pública en España no es una casualidad. Se actúa con total intención. Es el primer paso de lo que viene. Nos quedan dos meses de manifestaciones, huelgas, griterío, reuniones de la ceja, concentraciones de liberados e indignados, «curiosamente» contra el candidato del PP, nunca contra el Gobierno, y menos contra el responsable del desastre educativo de la Logse, o sea, el mismísimo Alfredo.

Esto tiene una pinta fatal y huele a algarada diaria para evitar a la desesperada, por segunda vez, que Rajoy llegue a La Moncloa teniendo las elecciones ganadas. Rubalcaba está en ello.

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