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Un bledo

Tiempo de lectura 4 min.

14 de marzo de 2011. 21:04h

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15/3/2011

O un rábano, si lo prefieren. No pienso perder ni un minuto más dedicando mi atención a quién será o no será el sucesor de Zapatero en el PSOE. Que si Rubalcaba, que si Chacón, que si Blanco, que si Bono, que si Solana, que si Leire Pajín… Bueno, tengo que reconocer que de darse la última de las opciones me bailarían las pupilas de júbilo, pero no va a ser.

Pero lo malo no es mi desinterés, una elección anímica individual. Lo malo para el PSOE es que también están desinteresados todos los posibles sucesores anteriormente citados. A nadie le gusta perder, y sea quien sea el que sustituya a Zapatero, con Congreso o sin Congreso, será el protagonista de un desastre electoral. De ahí mi humilde petición. Si la derrota es segura, ¿por qué no designan a Leire Pajín, que al menos nos hace bailar las pupilas de júbilo?

El PSOE siempre ha sido magistral en el dominio del despiste. No se habla en la calle de lo fundamental, sino de lo accesorio. «Gómez pinta sus autobuses de blanco». ¿Y qué? Pero se dedican páginas y toda suerte de comentarios a tan elemental nadería. Entonces se desvía la atención por los ERE de la Junta de Andalucía, que hasta el momento no han alarmado a la Fiscalía, tan caprichosa y amable cuando los que se lo llevan caliente son los socialistas. No obstante, me creo con el suficiente apoyo moral para reprender cariñosamente a muchos socialistas zapaterones.

Una cosa es que se hayan dado cuenta con siete años de retraso de que su Rodríguez es una burla. Y otra muy diferente que lo abandonen como están haciendo desde unos meses atrás. La dignidad obliga a hundirse con lo que queda de la nave. Tengo un amigo que, en su casa, luce un cartel de grandes dimensiones con la leyenda «sigo siendo de Zapatero». Me gusta su coherencia ideológica. Un socialista honrado y un votante con oro en su papeleta. Soporta a diario los comentarios irónicos y displicentes de su mujer y sus hijos, que han abandonado la nave como ratas. Cuando le pregunto a quién prefiere para suceder a su Zapatero del alma, me responde con seca contundencia: «A Zapatero». Pero no todo son desgracias en su ánimo. Ha heredado un piso en el Paseo de La Habana y lo ofrece en alquiler. Tiene dos ofertas. La de una viuda procedente de Málaga y la de un inmigrante marroquí que encontró provecho y fortuna en España. Y el muy bribón se lo ha alquilado a la viuda de Málaga, porque a pesar de su moderno socialismo, no se fía de los moros. Con la nueva ley que está ultimando Leire Pajín, estaría obligado a alquilárselo al honesto magrebí, porque doña Leire desea prohibirnos a los españoles la elección de uso sobre nuestros bienes, y esto no le termina de convencer a mi amigo el consecuente, que también es fumador y se sube por las paredes, porque su mujer, la que ha cambiado de bando, ha amenazado con denunciarlo por fumar en casa. No obstante, seguirá siendo de Zapatero, porque como dice y repite, «también los genios se equivocan eligiendo a la gente».

Y es posible que tenga razón con la sucesión de Zapatero. Un Zapatero sucedido por un Zapatero emergente. Faltan los brotes verdes, pero se pintan. Y nadie considera a Trini en la quiniela. Cuidado con Trini. Es a la única a la que no le importaría perder las elecciones porque no ha ganado ninguna. Y cada derrota le ha servido de trampolín. Jamás será presidenta del Gobierno, pero un batacazo ante Rajoy le puede llevar a la Secretaría General de la ONU. En fin, que me importa un bledo quién va a suceder a Zapatero, pero si no es Zapatero, apuesto por Trini. Bono, Solana, Rubalcaba y Chacón son demasiado listos para aceptar el mando de un chinchorro.

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