Pamplona

Jiménez Fortes rumbo al éxito

Pamplona. Séptima de la Feria de San Fermín. Se lidiaron toros de Fuente Ymbro, enormes, de descarados pitones y bajos de casta. El 1º, manejable, soso y con poco fondo; descastado el 2º; dejándose sin clase el 3º; soso y manejable el 4º; manso y con mucha clase el 5º; el 6º, encastado. Lleno en los tendidos. César Jiménez, de azul pavo y oro, metisaca, estocada (silencio); estocada trasera y ladeada, descabello (silencio).Rubén Pinar, de berenjena y oro, pinchazo, estocada desprendida (silencio); estocada, aviso (oreja).Jiménez Fortes, de azul celeste y oro, estocada trasera (oreja); estocada, dos descabellos (oreja). 

Jiménez Fortes rumbo al éxito
Jiménez Fortes rumbo al éxitolarazon

Se echó el capote a la espalda a sangre y fuego. Tercer Fuente Ymbro de la tarde. El toro, de imponente cornamenta, en las tablas y el torero en el centro. Esperó la huracanada embestida inmóvil, sagrada paz la de Jiménez Fortes. Emocionante quite, apurado según avanzaban los lances. No perdió el tiempo después. Había venido a torear y eso hizo. El toro protestó en el engaño con cabezazos. Ante eso Fortes imprimió suavidad a la muleta. Leves toques, imperceptibles para tirar del toro, para disfrazarlo. Y firmeza resuelta para quedarse cerca del animal. No se pasó de faena, el tiempo justo, prendió espada y paseó oreja. Antes, ya al final, en un pase de pecho le cazó por la pierna, un jirón en la taleguilla, impoluto el trono del valor.
Encastado fue el sexto, aunque al final se rajara. Era fuenteymbro para culminar la puerta grande. El aplomo de Fortes arrasó, porque da un paso más y no se vislumbran, ni tirando de imaginación, fisuras en su puesta en escena. En la faena alternó, de manera desordenada además, el toreo profundo, de mando y buenos cimientos con el recurso de los circulares. Alargó el trasteo, se dilató la espada, pero la oreja cayó con justicia. Más allá de los matices, la forma de estar de un recién alternativado. Valor. El suyo contrastado.


Quiso saltar al callejón el quinto y se acomodó en tablas con querencia marcada, determinada, pero la manera en la que tomó la muleta después, cuando Rubén Pinar se la dejó puesta, fue brutal. Acudía muy despacio, muy entregado y haciendo el avión una y otra vez hasta parecer que las cinco arrancadas eran en realidad sólo una. Lástima que intercalara esa calidad con huidas a tablas. Tras perder el rumbo el trasteo Pinar se lo encontró al calor de tableros, ya más automático el toreo. La espada entró y trofeo se llevó. Protestó en el engaño el segundo, poca casta, mínima emoción. 


César Jiménez pasó inadvertido por Pamplona. Se puso de rodillas para comenzar la faena al primero, que fue manejable pero justo de fondo y motor, con la casta en entredicho. La faena le quedó aseada y deslavazada la del cuarto. Toro enorme. Grandísimo. Impresionante. El toro embistió con nobleza, sin grandes alardes, pero dejándose. La faena de César Jiménez salió tibia, y no sólo porque fuera el toro de la merienda.


Los tres toreros de ayer mataron en Pamplona un corridón, mastodónticos toros. De trago. Miedo puro para los que somos mortales.