Literatura

Festival de San Sebastián

«Amélie» a la argentina

Dirección y guión: Sebastián Borenzstein. Intérpretes: Ricardo Darín, Ignacio Huang, Muriel Santa Ana, Javier Pinto. España-Argentina, 2011. Duración: 93 minutos. Comedia dramática.

«Amélie» a la argentina
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Esta fábula bien intencionada funciona mejor cuando se deja llevar por la brújula de un Ricardo Darín capaz de controlar el rumbo de su personaje sin caer en el tópico naturalista. Es el suyo un antihéroe típico: arisco e intratable, de visión del mundo rígida y hábitos petrificados, este ferretero solitario también es noble y honesto, y tiene un corazón que no le cabe en el pecho. La descripción de su cotidianeidad, amenizada por su afición a coleccionar noticias absurdas y por las visitas de una soltera de provincias que querría tenerlo como pareja, son lo más logrado de una película que, desafortunadamente, quiere convertirse en una «Amélie» a la argentina sin que Sebastián Borenzstein tenga la imaginación de Jean-Pierre Jeunet.

Si decides empezar tu singular cuento con una vaca que cae del cielo provocando un funesto desastre, debes ser consecuente y no permitir que la realidad –con trauma de la guerra de las Malvinas incluido– sea capaz de estropearte la magia. Las fugas surrealistas de Darín son atrezzo para adornar una historia de aprendizaje, y aquí quien aprende es el bonaerense anacoreta después de acoger y proteger a regañadientes a un chino perdido en la gran ciudad.

Parece que Borenzstein critique a las instituciones, desde el policía con tendencias violentas hasta la indiferente embajada china, pero lo que en definitiva le interesa es hacer una «buddy movie» en la que dos personajes se ven obligados a entenderse más allá de las diferencias culturales e idiomáticas. Es éste un cine blanco, sin aristas, que pretende erigirse en fantasía integradora cuando lo que hace es vendernos una moraleja: «Ponga un inmigrante en su vida, que acabará por hacerle feliz». Lo mejor: Ricardo Darín podría darle entidad dramática a una piedra, no se le resiste ningún personaje, por tópico que sea. Lo peor: Le falta imaginación para despegarse de la fábula social con buen inmigrante al fondo.