Festival de Venecia

«Piratas del Caribe: en mareas misteriosas»: Sparrow en el museo de cera

Director: Rob Marshall. Intérpretes: Johnny Depp, Penélope Cruz, Ian McShane y Geoffrey Rush. Guión: Ted Elliott y Terry Rossio. EEUU, 2011. Duración: 141 minutos. Aventuras.

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La narrativa de parque temático que había patentado la franquicia de «Piratas del Caribe» ofrece síntomas de cansancio. Aquí ya no conviven universos paralelos que parecen anularse mutuamente, que se contradicen y complementan a la vez, como si su destino fuera sublimar el absurdo de su coexistencia. Ahora el absurdo se vuelve lineal, como en un videojuego para iniciados: todos los personajes de «Piratas del Caribe: en mareas misteriosas», desde Jack Sparrow hasta Barbanegra, pasando por la bucanera Angélica de Penélope Cruz, tienen un solo objetivo, es buscar la fuente de la juventud. El argumento simplifica sus incidencias y reduce escenas de acción (maravillosa la del ataque de las sirenas, prueba de que la saga necesita del elemento sobrenatural para sobrevivir), y da la impresión que a Rob Marshall, sustituto de Gore Verbinski en la silla de director, le interesa desarrollar más a los personajes. Es sólo un espejismo, porque Johnny Depp nunca había estado más insípido, y su química con Cruz es penosa. Son como dos estatuas de un museo de cera que nadie está muy interesado en visitar. Las películas de Verbinski no potenciaban su dimensión romántica porque el elogio del «todo vale» reducía a la pareja compuesta por Orlando Bloom y Keira Knightley a un residuo tóxico. Rob Marshall pone el foco en Depp y Cruz –y en su reverso blanco, formado por un predicador y una sirena– para allanar los caminos surrealistas que había tomado la franquicia, y fracasa en el intento. Depp y Cruz nos hacen añorar al pulposo capitán Davy Jones y a la legión de zombis que surcaban los mares del sur en la tercera parte.