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Actualizado

Un sistema solvente

Tiempo de lectura 2 min.

24 de julio de 2010. 02:45h

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24/7/2010

España puede sentirse muy satisfecha con los resultados de los conocidos test de estrés o  pruebas de resistencia, que miden la capacidad de aguante de las entidades financieras en un escenario macroeconómico extremo. Los resultados de los exámenes, hechos públicos ayer por el Comité Europeo de Supervisores Bancarios, recogen una situación de fortaleza de nuestros bancos y de las cajas más importantes del país. Hay que recordar que España es el país que más entidades ha aportado a la prueba europea, con 27 en total –el 95% de sus entidades frente al 50% del resto de países–, y que, según explicó el presidente del Gobierno, ha hecho un esfuerzo adicional al facilitar datos más allá de los comunes a todos los países, como el de la cartera de crédito inmobiliario, lo que da todavía más valor a la robustez mostrada en los test.

Las entidades financieras de nuestro país han cumplido con creces el objetivo de las pruebas, que era calibrar la solvencia del sector financiero y enviar con  las conclusiones de esta exigente criba un mensaje de confianza a los inversores sobre las posibilidades reales de afrontar con garantías circunstancias muy adversas. La experiencia de estos años de recesión han demostrado que las dudas sobre la firmeza del sistema han provocado graves daños y perjuicios, entre ellos un frenazo en seco del crédito, con consecuencias que no hemos superado todavía. En este sentido, estas revisiones comunitarias han aportado también el valor de la transparencia, necesaria e intrínsecamente beneficiosa cuando la solidez del sistema se pone en cuestión.  Con las aportaciones de los bancos y cajas, los supervisores y las propias entidades dispondrán de un caudal de información que permitirá evaluar de forma mucho más ajustada su potencialidad  y su grado de vulnerabilidad ante escenarios extremos.

Para España, los test han sido un instrumento muy positivo que nos consolida en un contexto de inquietud y vacilaciones de los mercados y los inversores hacia nuestro país. La mejora de ese estado de ánimo repercutirá en el flujo del negocio y, por ende, debería aliviar tensiones y presiones sobre la economía española. Desde luego, somos conscientes de que el sistema necesita mejoras y que necesitamos proseguir en el camino de las reformas para consolidar esa robustez. La Ley de Cajas ha sido un salto adelante muy significativo. Las entidades deben hacer con urgencia sus deberes con unas nuevas reglas de juego, en las que las fusiones, las entradas de capital privado y la despolitización delimiten directrices y posibilidades que es preciso explotar. Lo relevante hoy es que ese nuevo marco normativo permita a las entidades capitalizarse y administrarse mucho mejor, y que esa solidez posibilite prestar dinero a los ciudadanos y a las empresas. Nuestro sistema financiero es solvente y sólido, genera confianza y está en condiciones de asumir cualquier reto. El excelente resultado en las pruebas de estrés lo demuestra.

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