Artistas

La noche de los barítonos

Por quinto año consecutivo, el Teatro Campoamor de Oviedo logró la proeza de juntar en el mismo escenario a los mejores de la temporada operística anterior en España para entregarles sus Premios Líricos anuales.

Leo Nucci y Celso Albelo, en un momento del emotivo dúo
Leo Nucci y Celso Albelo, en un momento del emotivo dúolarazon

No es asunto fácil teniendo en cuenta la variedad de nacionalidades y que los artistas líricos trabajan con una agenda que abarca varios años por delante. Esta vez fue Lluís Pasqual el encargado de dirigir la ceremonia y Marzio Conti quien estuvo al frente de la Oviedo Filarmonía, una importante responsabilidad pues los cantantes premiados, en lugar de hablar, agradecían el galardón con un aria. La escenografía, austera como no puede ser de otra forma en estos tiempos, fue obra de Daniel Bianco.

Enrique Viana, el hombre que mejor anda sobre tacones de la lírica española y el que mejor partido cómico sabe sacarle a una partitura, interpretó a una maestra de canto como conductora de la gala. Arrancó muchas sonrisas y alguna carcajada, aunque sus parlamentos, a ciertas alturas de la ceremonia, resultaron demasiado largos.

Lección de expresividad

Cambió tanto de traje con la misma frecuencia que una «vedette» de revista y, lo que es aún más difícil, consiguió que el público del Campoamor entonara unas cuantas notas, y con bastante afinación, por cierto. Le dio réplica Borja Quiza, premiado como mejor cantante de zarzuela por «La viejecita» –mejor producción de obra española a su vez–, que actuó como copresentador y también se prestó al juego de travestirse en un número. Aunque en el aria inicial no estuvo muy afinado, demostró que sus dotes cómicas le auguran una larga trayectoria en escena. Leo Nucci (mejor cantante por su «Rigoletto» del Teatro Real con bis incluido) y Celso Albelo (cantante revelación) protagonizaron el momento musical más alto de la noche con un dúo. El veterano barítono italiano, que logró el primer bis de la historia reciente del Real, cantó tres piezas distintas y ofreció una lección de expresividad, vocal y actoral. El joven tenor tinerfeño, que canta estos días «Payasos» en la Scala, dio una muestra de su potente voz y su gran sentido de la musicalidad. Nina Stemme (mejor intérprete femenina por su «Salomé» en el Liceo y el Real) fue menos generosa con su tiempo, pues apenas nos regaló un lied de Strauss. También subieron a recoger galardones Gustavo Tambascio, y no Félix Palomero como estaba previsto, por la mejor producción de ópera española («Partépone»), Carlos Padrissa también recibió aplausos, pues la visión de La Fura dels Baus de la tetralogía de Wagner se alzó como mejor dirección de escena y Andrea Marcon, como batutamás distinguido. El premio a toda una carrera recayó en el barítono belga José Van Dam, quien se disculpó por no hablar ni una sola palabra de español, a pesar de su nombre.