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El Álamo se sale del euro

El negocio de la peseta

Los comercios de un pueblo de Madrid aumentan su beneficio un 10 por ciento al volver a la antigua moneda, de la que se guarda una cantidad equivalente a 1.696 millones de euros

  • Dos vecinas intercambian pesetas en El Álamo, en Madrid
    Dos vecinas intercambian pesetas en El Álamo, en Madrid
  • «Lo que sea para mejorar la cosa»
    «Lo que sea para mejorar la cosa»

Tiempo de lectura 4 min.

29 de septiembre de 2012. 16:45h

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30/9/2012

Un perfume de Hugo Boss a 8.000 pesetas. Menú del día a 1.300 pesetas. El kilo de carne, 600 pesetas. No se trata de una lista de un cajón olvidado con precios del pasado. En el municipio de El Álamo (Madrid, 10.000 habitantes), la «rubia» es actual. Unos 70 comercios han pasado 45 días aceptando la antigua moneda para las compras cotidianas de los vecinos. La modernidad de los euros se aparcó desde el pasado 14 de agosto hasta hoy mismo, día final de la iniciativa impulsada desde el Ayuntamiento. Lo que empezó siendo un proyecto pequeño, para «fomentar el comercio local», según el presidente de los comerciantes de la zona, Juan Luis Benito, se convirtió en una bomba mediática (hasta Televisa, de México, emitió un directo desde el municipio) y en un reclamo «financiero» para atraer vecinos de otras localidades. «Han venido de muchos otros pueblos, de Móstoles, Galapagar, Alcorcón, Navalcarnero, Toledo… y hasta de Zamora», se asombra Benito.

Dada la necesidad de un «dinerillo extra», como comentan los vecinos, se formaron verdaderas peregrinaciones con sacos de pesetas o duros y con bolsas hasta arriba de billetes. Todavía existen en España unos 1.696 millones de euros en las antiguas pesetas. «Una barbaridad», según Inés Gómez-Acebo, directora de comercio de la Comunidad de Madrid. 
 

30 kilos de monedas
El anecdotario en El Álamo no tiene fin. Desde una máquina tragaperras que apareció en una chatarrería de Getafe, repleta de monedas de 25 y 100 pesetas (30 kilos en total), que se gastaron al completo en kilos de solomillo en la carnicería de Ángel Fernández, una de las cuatro del municipio, hasta una cafetera con billetes de Franco («de los buenos, los del bando nacional», puntualiza la vecina Soledad Bargueño, de 80 años) a una saca de pesetas (de las perforadas en el centro) que fueron empleadas en comprar un perfume caro o en pagar una cena romántica. También han llegado coleccionistas a comprar algunos de los billetes como los del 36 o algunos muy antiguos, de gran valor en el mercado. «Hay gente que guardaba monedas en huchas, en un bolso olvidado, en cualquier parte… algunos tenían hasta billetes de 10.000 pesetas», explica el representante de los comerciantes desde su droguería, cerca del Ayuntamiento. El presidente califica la iniciativa de «éxito total». Algunos días este empresario ha llegado a ganar entre 30 y 50 euros más que cuando se pagaba sólo en euros. «Esto implica un aumento de más del 10 por ciento de las ventas habituales», detalla Ángel Sánchez, concejal de Industria en el Ayuntamiento e impulsor del proyecto. «Queríamos hacer algo para reactivar la compra y venta en las carnicerías, perfumerías o restaurantes. Mucha gente del pueblo acudían a los dos grandes centros comerciales de la zona y no conocían ni las panaderías ni nada de aquí. Ahora, por el hecho de cambiar esas pesetas olvidadas, han entrado en estos locales», añade.

El halo romántico que tiene la historia es evidente en cuanto algún vecino saca las pesetas del bolsillo o alguna anciana abre su enorme monedero oscuro y rebusca entre las monedas hasta que salga una grande de 50 pesetas, una de 100, de 200 o el mítico billete de 1.000. Todos quieren mirar, tocar, se acuerdan de algo. Los más afortunados encontraron entre sus cajones antiguos algunos billetes violáceos de 5.000 o, como en dos casos, de 10.000. Los duros del 82 también traen recuerdos: los del Mundial.

«La primera semana recaudé 500 euros extra», celebra Juan Luis Benito mientras Soledad Burgüeño, de 80 años, llega a la droguería y saca unos billetes. Sólo le dan para un pintalabios de color oscuro. «Porque ya no estamos para colores fuertes», se sonroja. El precio: 5 euros o, lo que es lo mismo, unas 800 pesetas. «Bastante carillo», opina la vecina. Su marido, Manuel Ortega, de 87, guardaba un billete de 100 pesetas de recuerdo y otras monedas más. «Ha fallecido y a mí no me importa deshacerme de ellos», explica la anciana, contenta con su compra. «Algunos han comprado detergente y suavizante para seis meses», comenta el dueño de la tienda, «pero la mayoría lo gasta en caprichos». «A mí me ha ido muy bien», añade, «ya que ha entrado gente que nunca lo había hecho». Muchos habitantes de los 10.000 de El Álamo viven en los chalés de alrededor del municipio y trabajan en Madrid capital. «Apenas compraban en el pueblo y ahora ya nos conocen».

El martes, el presidente de los comerciantes viajó al Banco de España con una maleta llena de pesetas y las cambió en euros. Se trajo a El Álamo unos 1.200 euros. El proceso es muy sencillo. Se introducen la pesetas en una máquina y salen los euros. Es buen momento para rebuscar en los cajones.


«Lo que sea para mejorar la cosa»
«Vamos a dejar ya de llorar y busquemos proyectos nuevos y originales. Los politicos estamos aquí no para quejarnos sino para crear ilusión, para mover a la ciudadanía». Así se expresa el concejal de Industria del Ayuntamiento de El Álamo, Ángel Sánchez, impulsor del proyecto de la peseta. Y no es la primera. El año pasado pusieron en curso «los alamitos», una especie de moneda de trueque que fue muy bien acogida por los vecinos. «Cualquier cosa, lo que sea, para mejorar las cosas», remata convencido.

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