Elecciones en Estados Unidos

La guerra de las mujeres por César VIDAL

La Razón
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A pesar de que Ryan, el candidato a la vicepresidencia por el Partido Republicano, es un político con una clara posición pro-vida, Mitt Romney ha procurado no incidir demasiado en el tema del aborto y se ha limitado a asumir una posición moderada que podría definirse como permitirlo en los casos de incesto, violación y peligro para la vida de la madre y no extenderlo a otros supuestos. Semejante política ha estado a punto de verse comprometida por las declaraciones de Richard Mourdock, candidato republicano al Senado por Indiana que, en el curso de un debate electoral celebrado el martes por la noche, afirmó que «incluso cuando la vida comienza en esa horrible situación de una violación, se trata de algo que Dios pretendía que sucediera». Las palabras de Mourdock provocaron un vendaval de protestas y tanto Romney como otros republicanos se apresuraron a distanciarse de ellas. Mourdock se vio obligado a realizar una conferencia de prensa en la que señaló que odiaba toda forma de violencia sexual. Sin embargo, insistió en que se habían tergiversado sus palabras y que no podía pedir disculpas por haber dicho algo en lo que creía profundamente.

La senadora republicana por New Hampshire, Kelly Ayotte, canceló su plan de apoyar a Mourdock en un acto de recogida de fondos y los candidatos a gobernador de Indiana –Mike Pence– y al Congreso –Jackie Walorski y Susan Brooks– se han desmarcado. De manera muy diferente ha actuado el Comité Nacional para el Senado del Partido Republicano, que ha dedicado una elevada suma de fondos en la campaña de Mourdock y que ha insistido en que las palabras del candidato han sido tergiversadas. El episodio se produce tan sólo unas semanas después de que el candidato republicano al senado por Missouri, Todd Akin, hiciera una referencia a la «violación legítima». Akin fue presionado por el propio Romney para abandonar la carrera electoral, pero se ha mantenido en ella y no carece de posibilidades de éxito. El caso de Mourdock ha provocado una reacción mucho mayor que se explica en gran medida por la cercanía del día de las elecciones y lo ajustado de la competición. La realidad es que Mourdock considera que el aborto es lícito si peligra la vida de la madre.

Por supuesto, la cuestión de fondo gira en torno a la medida en que la cuestión del aborto puede influir en el voto femenino. A decir verdad, parece que no mucho. De hecho, el rival de Mourdock, el demócrata Donnelly, lo encuentra permisible sólo en casos de violación, incesto y peligro para la vida de la madre. Lo cierto es que en contra de lo que puedan pensar «lobbies» como el feminista, la intención de voto femenino está discurriendo por vías muy semejantes a las del masculino, es decir, el empleo, la economía y los impuestos.

Buena prueba de ello es que Mitt Romney no ha dejado de avanzar en la intención de voto femenino desde el mes de agosto. Todavía en septiembre, Obama superaba a Romney en intención de voto femenino por 18 puntos. En este mes de octubre, el republicano ha conseguido igualarle en un porcentaje del 47% de la intención de voto. Al final, al menos en Estados Unidos, lo que une a hombres y mujeres va a ser más que lo que pueda contribuir a separarlos.

 

César Vidal
Enviado especial a las elecciones de Estados Unidos