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Expertos en nutrición alertan del riesgo del nuevo sistema para perder kilos

Adelgazar con sonda

Ingresar a una persona con sobrepeso durante un máximo de diez días e introducirle una sonda por la nariz para que se alimente y pueda perder hasta el 10 por ciento del peso es la última novedad en regímenes de adelgazamiento. El tratamiento ronda los 4.000 euros. Los expertos afirman que el único abordaje válido y eficaz para perder los kilos de más reside en seguir una dieta hipocalórica y hacer ejercicio físico
 

  • Adelgazar con sonda

Tiempo de lectura 4 min.

21 de enero de 2012. 10:31h

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22/1/2012

Cuando una persona decide perder peso una de sus principales motivaciones reside en deshacerse de los kilos que sobran en poco tiempo. La tendencia actual ha propiciado, además, que dieta e inmediatez vayan de la mano dejando a un lado la salud cuando los expertos no dejan de repetir que adelgazar requiere tiempo, sobre todo si se quiere mantener el peso perdido y no volver a recuperarlo. Sin embargo, y siguiendo las demandas de la sociedad, la Clínica Planas de Barcelona ha desarrollado un método de adelgazamiento en el que se aplica la nutrición enteral mediante el suministro de los alimentos con una sonda nasográstica prometen perder el diez por ciento del peso en tan sólo diez días, sin pasar hambre ni efecto rebote. Este método que consta de dos fases y ronda de un precio de 4.000 euros, tiene una duración de 24 días que se inicia, en un primer momento, con el ingreso en la clínica hasta un máximo de diez días y continúa, en la segunda fase, en el domicilio del paciente con una reeducación alimentaria.

Entre 3 y 15 kilos de más
Los candidatos a seguir esta dieta son, según el doctor Manuel Sánchez, responsable de la Unidad de Nutrición y Dietética de la Clínica Planas, «cualquier persona con sobrepeso de entre tres y cuatro kilos como mínimo y hasta los quince kilos como máximo y que tengan un Índice de Masa Corporal (IMC) de entre 25 y 29,9. A partir de esa cifra ya habría que aplicar técnicas de tipo quirúrgico».
Pese a la tentativa que puede despertar la realización esta dieta, lo cierto es que expertos en nutrición y endocrinología no dudan en poner en entredicho su eficacia y seguridad. Para el doctor Basilio Moreno, jefe clínico de Endocrinología y Nutrición del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y miembro de honor de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), «con este método se matan moscas a cañonazos porque no tiene sentido ingresar a un individuo entre tres y diez días e introducirle una sonda para que pierda peso porque, según el consenso de la Seedo, el tratamiento tanto farmacológico como agresivo se hace en la obesidad y nunca en el sobrepeso. En este caso hay que recomendar una dieta convencional, enseñar al paciente a comer y que incremente el ejercicio físico».  Asimismo, Jesús Román Martínez, profesor de Nutrición y presidente del comité científico de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (Sedca) está convencido de que «las soluciones contrastadas, eficaces y sencillas parece que venden menos que las soluciones alambicadas y un tanto mágicas».
Los artífices de este método quieren dejar claro que la alimentación que se recibe a través de la sonda nada tiene que ver con el suero convencional que se administra a los pacientes que están ingresados en un hospital. «El nuestro posee grasas, carbohidratos, proteínas, vitaminas y minerales. Es como si tomáramos un bocadillo, pero en vez de en una única comida, repartido durante todo el día. Es una nutrición completa que mantiene los niveles de glucosa e insulina y se complementa, además, con ejercicio físico». A este respecto, Moreno insiste en que «pueden administrar todo tipo de nutrientes, pero un sobrepeso no debe tratarse de esta forma. No hay necesidad de ingresar a una persona para abordar el sobrepeso». Esta misma opinión la comparte el doctor Esteban Jódar, jefe de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Quirón de Madrid, quien añade que «no debe valorarse la eficacia, sino también la seguridad del método. En este caso hay que dar consejos de vida saludable y no intervenciones más agresivas porque no demuestran ningún beneficio». Y añade que «debe usarse todo el tracto digestivo, incluída la boca, siempre que esté disponible». Una vez pasados los 3 o diez días, según cada caso, que está el paciente ingresado, comienza la segunda y última fase del método: la educación alimentaria. «Se realiza sin necesidad de tener al paciente en la clínica y, durante la primera semana  de readaptación la persona ingerirá alimentos sólidos y suplementos nutricionales para que se vaya acostumbrando, sobre todo a masticar. Después, y hasta llegar a los 24 días que dura el método, el paciente ya sabrá qué y cómo comer y no tendrá efecto rebote porque, desde que inició el método, ha seguido una dieta hipocalórica, no de tipo milagro.
A partir de ese momento, continúa el experto, «el paciente hará un menú equilibrado de tipo mediterráneo para toda la vida lo que le servirá de garantía para mantener el peso perdido, pero siempre y cuando se cuide y no se hinche, por ejemplo, a comer bocadillos de panceta». Además, Sánchez quiere dejar claro que, «hemos implementado técnicas de medicina de diversos tipos para poder ayudar a los pacientes y luchar contra una de las lacras de la sociedad actual como es la obesidad. Además, el paciente tiene a su disposición un equipo multidiscilplinar desde que empieza hasta que acaba el tratamiento».

¿PARA SIEMPRE?
Precisamente, Gonzalo Lapique de 44 años ha sido uno de los pacientes que se ha decantado por esta forma de adelgazamiento porque «me dijeron que era muy rápida y eficaz, y después de haber probado muchas dietas siempre acababa recuperando el peso perdido y pasaba mucha hambre. Empecé en noviembre del pasado año con 82 kilos y terminé con 74 en tan sólo dos meses. Ahora sigo perdiendo, estoy muy contento con el resultado y he aprendido a comer». Sin embargo, Jódar está convencido de que «uno de los factores que más predice la recuperación del peso perdido es perderlo muy deprisa». Y Moreno añade que «este procedimiento pasará a la historia dentro de los miles de intentos fallidos en el tratamiento de la obesidad».
 

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