La guerra de Iowa

¿Quién puede ganar a los republicanos? Siete de los últimos nueve presidentes de EE UU ganaron las primarias en este estado rural

El ex vicepresidente de EE UU, Joe Biden (arriba izq.), el veterano senador Bernie Sanders (arriba der.), la senadora y precandidata demócrata Elizabeth Worren (abajo izq.) y el ex alcalde Peter Buttigieg (abajo der.)
El ex vicepresidente de EE UU, Joe Biden (arriba izq.), el veterano senador Bernie Sanders (arriba der.), la senadora y precandidata demócrata Elizabeth Worren (abajo izq.) y el ex alcalde Peter Buttigieg (abajo der.)

Iowa y sus caucus son el primer gran termómetro del año electoral en EE UU. Para empezar, porque el ganador de siete de los últimos nueve caucus celebrados en este territorio del medio Oeste ha terminado por ser el candidato demócrata a la Casa Blanca. En realidad se eligen delegados en los distritos o circunscripciones, favorables a los distintos candidatos. A diferencia de las primarias, los delegados favorables a uno de los candidatos demócratas pueden pasar a apoyar a otro más viable antes de que la votación se considere zanjada. Finalmente todos ellos están llamados a votar en la Convención Nacional Demócrata de la que debe salir el rival de Donald Trump.

A un lado del ring están los candidatos del ala moderada, conservadora incluso, más cercanos al alma del partido, Joe Biden, Pete Buttigieg y Amy Klobuchar. El primero ha sido desde siempre el candidato favorecido por la historia y corroído por sus propias circunstancias vitales. Líder en todas las encuestas, ha demostrado tanta fe en sí mismo como lagunas a la hora de afrontar las severidades de la campaña y las exigencias eléctricas de los debates, en los que nunca brilló excesivamente. Tiene detrás, por ejemplo, el voto afroamericano, que siempre resulta clave, así como a muchos de los demócratas que todavía se identifican con el paradigma de clase obrera, blanco y caucásico, generalmente envejecido, que el partido despreció en 2016 y acabó por desertar hacia Trump.

Tanto Buttigieg como Klobuchar aspiran a sucederle en caso de debacle. Tienen serias posibilidades de pescar en los caladeros de los moderados y los indecisos. Al otro lado están los progresistas, los revolucionarios. Un Bernie Sanders tan imparable como frágil, tan robusto como limitado, que estuvo a punto de caer retirado por un infarto y sobrevivió para presentar la mayor recaudación a base de microdonaciones. Su amiga/enemiga, Elizabeth Warren, que lo acusó de machista y con la que las relaciones no atraviesan su mejor momento, aspira a conquistar el voto de los más cultivados.

El sector más disruptivo, en cambio, cuenta con una participación que supere ampliamente la medida. Con que acudan en masa los jóvenes y los latinos. La abstención, en teoría, beneficia a Biden, la participación a Sanders y Warren. Todo esto mientras el gran tapado, el multimillonario Michael Bloomberg, aguarda al supermartes para desembarcar y presentar credenciales.

Mientras la Casa Blanca, a diferencia de los gobiernos previos, se ha implicado como nunca en las primeras inaugurales de un partido rival: si algo distingue a Donald Trump, como a otros populistas en otros gobiernos, es su capacidad para ser al mismo tiempo gobierno y oposición; o más exactamente su letal capacidad para afrontar tareas de gobierno sin renunciar o desdeñar a hacer oposición a la oposición.

Frente al ejecutivo activista contarán, y mucho, los resultados y delegados del Estado con herencia de la Louisiana francesa y el imperio español. Territorio agrícola, fronterizo con los grandes ríos nacionales, el Mississippi y el Missouri, partidario de Lincoln y la Unión durante la Guerra de Secesión, eminentemente blanco y superviviente a todas las crisis imaginables que han sacudido al agro estadounidense desde los días de la Gran Depresión. Con una economía más diversificada, el Estado es visto como un predictor bastante fiable para suponer el destino del voto más variable en la larga campaña.