Alemania se rebela contra una violencia ultra que creía olvidada

¿Cómo aplacar la amenaza? Desde 1990, se contabilizan 198 asesinatos racistas. Más 12.000 neonazis están listos para entrar en acción

Amigos y familiares sostienen fotos de las víctimas de un tiroteo, en Hanau, Alemania, el viernes 21 de febrero de 2020. (Foto AP / Martin Meissner)
Amigos y familiares sostienen fotos de las víctimas de un tiroteo, en Hanau, Alemania, el viernes 21 de febrero de 2020. (Foto AP / Martin Meissner)Martin MeissnerAP

El 24 de noviembre de 1990 un grupo de neonazis golpeó hasta la muerte al angoleño Amadeu Kiowa. Fue la primera víctima de la violencia ultra tras la reunificación alemana y su nombre fue recordado por varios medios alemanes para escenificar la crudeza de una lacra que desde entonces se ha cobrado decenas de muertos en el país. Víctimas todas de la violencia de la extrema derecha. «Delincuencia de motivación política», según lo clasifican las autoridades federales de seguridad para referirse a unos delitos que incluyen los ataques contra extranjeros, judíos, musulmanes, opositores políticos o representantes del Estado.

Solo en 2018, más de 1.000 actos de violencia fueron registrados bajo esta tipología. Un registro que empezó a funcionar en 1990 y que hasta el momento suma 94 muertos. Mientras, la Prensa habla de al menos 198 asesinatos en un cruce de acusaciones en el que los medios imputan a las autoridades de clasificar erróneamente muchos casos.

Los nueve crímenes cometidos por Tobias Rathjen en Hanau vienen a engrosar las cifras, pero sobre todo a poner en estado de conmoción a toda la sociedad germana. Algunos dicen que, por primera vez, Alemania ha dicho «basta» y, como prueba, la postura de Angela Merkel que nunca antes manifestó de una forma tan contundente que el país tiene un problema con la discriminación. «El racismo es un veneno. Este veneno existe en nuestra sociedad y es responsable de demasiados crímenes», dijo tras la masacre de Hanau.

Por tercera vez en pocos meses, el odio ultraderechista ha hecho mella en Alemania. En junio del año pasado, el político conservador Walter Lübcke fue asesinado por su compromiso con los refugiados. Poco después, un extremista de derechas intentó llevar a cabo una masacre en una sinagoga de Halle y ahora le tocó el turno a Hanau. Una sucesión que deja claro que el peligro del terrorismo ultraderechista está aumentado. La agencia de inteligencia alemana (BfV) estima que el número de crímenes violentos perpetrados por grupos de extrema derecha aumentó un 3% en el 2018, si bien los ataques a centros de acogida de solicitantes de asilo disminuyeron después de un aumento en 2015 y el 2016.

Actualmente, los servicios de inteligencia vigilan a 50 personas vinculadas al movimiento de extrema derecha y consideradas un «peligro para la seguridad del Estado». Una cifra que se ha quintuplicado desde el 2012. Asimismo, la BfV alertó en un informe publicado en junio que la ultraderecha ha remplazado al yihadismo como la principal preocupación y reveló que la cifra de ultraderechistas se elevó en 2018 a 24.100 personas, cien más que el año anterior, de los que 12.700 estarían dispuestos a emplear la violencia, es decir, más de la mitad. Según esta agencia, los datos, sumados a la «elevada afinidad con las armas» del espectro ultra, es algo muy preocupante.

Motivo de más para que el Gobierno haya tomado cartas en el asunto. El ministro del Interior, Horst Seehofer, anunció que el Ejecutivo ya ha emitido la primera orden concreta para contrarrestar posibles nuevos hechos similares. «Vamos a aumentar la vigilancia en instalaciones sensibles, especialmente en las mezquitas», dijo Seehofer, quien añadió que la medida incluirá estaciones de ferrocarril, aeropuertos y zonas fronterizas.

Por otro lado, la Oficina Federal de Policía Criminal (BKA) anunció el desarrollo de un nuevo sistema de evaluación de riesgos para poder determinar con mayor precisión la peligrosidad de los extremistas de derecha.

La xenofobia no es algo nuevo en el país como lo demuestran diferentes estudios que aseguran que las ideas racistas están presentes hasta en el 20% de la población. Aunque nadie quiera reconocerlo. En cualquier caso, los asesinatos de Hanau han vuelvo a poner en el punto de mira al partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), al que acusaron de incitar al odio y legitimar desde el Parlamento la xenofobia con su discurso antiinmigración. «Estamos viviendo un clima social que ha estado siendo envenenado desde hace tiempo por parte de AfD», lamentó el secretario general socialdemócrata, Lars Klingbeil.

Una incriminación que fue rápidamente repudiada por el líder de AfD en el Bundestag. «Todo lo que sabemos de Hanau apunta a que se trató del acto de un loco. Entiendo que para hablar de terrorismo se necesita una meta política, por lo que no se puede hablar de terrorismo y mucho menos de terrorismo de derechas», dijo. Sin embargo, desde diversos sectores de la sociedad alemana se responde que sectores de AfD y de los islamófobos Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (PEGIDA) han creado un clima que fomenta el racismo y la xenofobia.