El Gobierno alemán pondrá vigilancia en las mezquitas tras el tiroteo de Hanau

Socialdemócratas y verdes piden que se vigile al partido de ultraderecha AfD por alimentar el odio y la xenofobia

Tobias Rathjen tuvo hasta el final el convencimiento de que fue espiado por una agencia de inteligencia cuyos agentes eras capaces de acceder a su cerebro y leer su mente. Así lo dejó escrito en su manifiesto. Un control que, a su parecer, era continuo: 24 horas, los siete días de la semana. Pero de hecho, sucedió lo contrario. Ninguna agencia de seguridad alemana reparó en el empleado bancario de 43 años que el miércoles mató a diez personas en la localidad de Hanau y que terminó acabando con su propia vida. Eligió sus víctimas porque eran inmigrantes, tal y como redactó en un manifiesto en el que expresó su deseo de destruir a ciertos «grupos étnicos, razas o culturas».

Desde entonces, las autoridades alemanas están perdidas: ¿cómo se pueden prevenir estos ataques y cómo dar con aspirantes a asesinos como Rathjen? Pocos lo saben. Por ahora, lo único que se le ocurrió ayer al ministro federal del Interior, Horst Seehofer, fue anunciar una mayor presencia policial en Alemania después del atentado. «Los hechos de Hanau son inequívocamente un ataque terrorista con motivación racista», dijo el político de la CSU. Es «el tercer ataque terrorista de derecha en pocos meses, la amenaza del extremismo de ultraderecha, antisemita y racista es en Alemania muy alto», continuó.

Control de armas

La ministra de Justicia, la socialdemócrata Christine Lambrecht, dijo, por su parte, que hay que combatir el caldo de cultivo que favorece el florecimiento del odio y recordó que el Gobierno acaba de aprobar un proyecto de ley para intensificar la lucha contra la instigación al odio racial. Lambrecht prometió que el Gobierno «examinaría de manera minuciosa» la manera en que los extremistas pueden llegar a poseer armas, como era el caso del agresor de Hanau. Pero la mitad de las personas que cometen este tipo de actos no están fichados por la Policía, lo que aumenta la dificultad de localizar e identificar a tiempo a los sospechosos.

Otros políticos, poco después de que la Fiscalía federal alemana asumiera las investigaciones, lo que sugiere que detrás del crimen hay un trasfondo terrorista, apuntaron al partido xenófobo Alternativa para Alemania (AfD), al que acusaron de incitar al odio y legitimar desde el Parlamento la xenofobia con su discurso antiinmigración. «El partido ha envenenado el clima social en los últimos meses. Está bastante claro que AfD es un partido que necesita ser vigilado por la Oficina para la Protección de la Constitución (BfV)», dijo el secretario general socialdemócrata, Lars Klingbeil, quien llamó al partido «brazo político de los ultraderechistas». Desde Los Verdes se reavivó la idea de que los servicios secretos empiecen a seguir a AfD, o al menos a su ala más radical, de forma sistemática.

Mientras tanto, la masacre expuso ayer una de sus caras más dramáticas con la aparición, en algunos medios, de los perfiles de algunas de las víctimas, como fue el caso de Mercedes K., una mujer de 35 años y madre de dos hijos que encontró la muerte cuando estaba a punto de entrar en el bar donde se produjo un tiroteo.