Salvini sale a pescar en el caladero de votos de la covid-19

Visita Mondragone la ciudad del sur de Italia en la que volaron sillas y se destrozaron lunas de coche en un enfrentamiento con unos búlgaros confinados en un edificio por el alto contagio

Matteo Salvini acudió a Mondragone para seguir agitando una coctelera que ya se había desbordado hace unos días. Y, como se podía esperar, manifestantes de uno y otro signo tomaron las calles para recibirlo en medio de una fuerte tensión. Salvini disfrutaba saludando a señoras y respondiendo a quienes lo criticaban. Las multitudes volvían a provocar el caos, el ambiente en el que mejor se desenvuelve el líder de la Liga, que ha sufrido durante el encierro provocado por la pandemia.

La semana pasada italianos y búlgaros de etnia gitana se enfrentaron a golpes, después de que los servicios médicos encontraran al menos 43 positivos positivos por coronavirus entre los miembros de esta comunidad extranjera. La región de Campania confinó los cinco edificios en los que viven los infectados, pero algunos de ellos se saltaron la cuarentena para seguir trabajando en el campo.

Los búlgaros abandonaron sus casas para protestar por lo que consideraban un acto de racismo y un grupo de italianos, entre los que había miembros de colectivos de extrema derecha, respondieron de forma violenta.

La difícil convivencia que se gestaba durante años estalló en forma de puñetazos, sillas volando desde los balcones, lunas de coche destrozadas y un vehículo con matrícula búlgara quemado. El Gobierno tuvo que mandar medio centenar de soldados para controlar la situación. El cóctel era demasiado jugoso para Salvini, que en vistas de que se celebren elecciones regionales en otoño, ayer se propuso relanzar su discurso antiinmigratorio desde aquí.

En los edificios vigilados por el Ejército ya se anticipaba un nuevo momento caliente. Algunos pedían al ex ministro del Interior poner orden en el asunto y otros lo repudiaban llamándolo “chacal”. Hace tiempo que la Liga se adentró en el sur de Italia, un territorio antes prohibido, pero todavía una buena parte de su población no olvida las palabras de odio que les han dedicado históricamente los dirigentes de este partido.

Ahora la división geográfica de la pandemia, que ha golpeado al norte acomodado y ha pasado de puntillas por un sur empobrecido, ha despertado a la zona meridional, que no tolera lecciones de buena gestión desde la parte noble del país.

Ayer un grupo de manifestantes le gritaban a Salvini que se encargara de los problemas que tienen sus dirigentes en Lombardía antes que mencionar una palabra de la gestión sanitaria. Otros, sin embargo, le agradecían su visita y le pedían mano dura contra los inmigrantes.

“Algunos prefieren la Camorra al cambio que representamos”, fue de lo poco que se le entendió al político. El resto del discurso se perdió entre gritos, selfies y cámaras de televisión que peleaban por la imagen. A eso realmente había venido Salvini.

Los edificios confinados de este pueblo, a unos 60 kilómetros de Nápoles, acogen a unas 700 almas, que viven en condiciones deplorables. Los primeros en llegar, en los ochenta, fueron italianos desalojados de sus casas por un terremoto que asoló la zona.

Fue la época en la que la Camorra se enriqueció, obteniendo concesiones del Estado para la reconstrucción. Mondragone era ya un bastión del clan de los Casalesi, que fortalecieron su control del territorio a base de tiros y ajustes de cuentas.

El avispero se completó una década después, con el desembarco de miles de inmigrantes de la Europa del Este para trabajar en el campo. Los jornaleros, que ordeñan a las búfalas con las que se produce la mozzarella más famosa de Italia, trabajan de sol a sol por unos 2 euros la hora. La ausencia de una política de integración convirtió estas zonas en guetos y en los edificios, ideados para una familia, se hacinan a menudo más de una decena de personas.

Muchas de las casas están subalquiladas y algunas no tienen ni agua corriente. La vida aquí es una especie de microcosmos en los que campan droga y delincuencia. Los elementos componen el puzle preferido de la Liga, que busca sacar partido de estos choques sociales entre clases empobrecidas. Otra cosa es que en estos tiempos la vieja receta siga funcionando.