Así es la Guerra Fría 2.0: Espías, profesores y chinos

El arresto de dos chinos por el "hackeo" de la vacuna contra el coronavirus no es un caso aislado, Pekín lleva años infiltrando agentes en todas las esferas del poder americano

Coronavirus street art in Berlin
Un hombre camina ante un mural del presidente Donald Trump y el presidente Xi Jinping en BerlínOMER MESSINGEREFE

Estados Unidos se ha encontrado con un nuevo adversario en el siglo XXI. Tras haber conseguido vencer al gigante soviético, parecía que Washington se quedaría como única superpotencia en el globo. Algún analista, sin embargo, se ha atrevido a afirmar que el verdadero vencedor de la Guerra Fría del siglo pasado no fue Estados Unidos sino China, y es que en los años que siguieron al colapso de la Unión Soviética, la República Popular de China experimentó un crecimiento económico vertiginoso que ha llevado en los últimos años a Pekín a elevar su apuesta en el tablero geopolítico. No duden que nos encontramos de lleno en la Guerra Fría 2.0.

Durante la Guerra Fría del siglo pasado autores como John Le Carré y Tom Clancy deleitaban a sus lectores con icónicos “espías” como Alec Leamas o Jack Ryan y sus aventuras y desventuras contra el imperio soviético. El espionaje entre el Este y las potencias occidentales fue uno de los temas más explorados por autores de toda índole, apoyándose en el interés, y por qué no, también en el morbo que producían estos temas.

En la Guerra Fría 2.0 el espionaje está volviendo a ser uno de los principales protagonistas. Estados Unidos ha ordenado el cierre del consulado chino en Houston tras el arresto de dos nacionales chinos por supuesto espionaje, acusados de robo de propiedad intelectual (incluyendo información sobre una posible vacuna contra el coronavirus). Este incidente es uno de los síntomas más claros de la escalada de tensión entre ambas potencias en los últimos años. Pero es que este incidente no es el primer caso de espionaje en el que nacionales chinos se han visto involucrados en los últimos años.

Verán, China lleva desde hace años infiltrando agentes en las más altas esferas económicas, académicas y científicas de Estados Unidos. Según fuentes del Departamento de Justicia de Estados Unidos, desde 2018 se habrían abierto 36 casos de espionaje económico, científico y tecnológico nacionales chinos. Esto representa el 80% de todos los casos de espionaje económico en el país y el 60% de todos los casos de hurto de secretos comerciales desde 2012.

Según Christopher Wray, director del FBI, existen en estos momentos más de 2.000 investigaciones activas con vínculos a China. Cada 10 horas se abre una nueva investigación de contrainteligencia que tiene que ver con el robo de propiedad intelectual, espionaje económico, intrusiones cibernéticas o penetración de las instituciones académicas y de investigación. Y es que, según el Departamento de Educación, las universidades y centros de investigación estadounidenses han recibido más de 1.000 millones de dólares de donaciones anónimas provenientes del extranjero.

El Programa Mil Talentos

El Programa Mil Talentos fue establecido en 2008 por el Comité Central del Partido Comunista Chino con el fin de atraer el talento internacional en beneficio de las instituciones académicas y de investigación chinas. Bajo el aparente inocente frente de promover vínculos académicos, este programa se ha encargado de reclutar a profesores e investigadores de los centros más prestigiosos del mundo. A través de becas, fondos para investigación, y sobresueldos, algunos de los más brillantes cerebros del mundo académico y científico han estado trabajando por y para el Partido Comunista Chino.

La Comisión de Seguridad Nacional del Senado de Estados Unidos publicó el año pasado un informe alertando de los peligros de este programa “académico”, y denunció más de 200 casos en los que profesores e investigadores habrían sido literalmente comprados por la República Popular de China para robar información de programas de investigación a través de becas y sueldos estratosféricos.

Es importante tener en cuenta el contexto político y económico de estos nuevos desarrollos. En el último año Estados Unidos y China se han visto enfrascados en una guerra comercial que tenía principalmente en origen las disputas acerca de la continua violación por parte de Pekín de las más básicas normas de comercio justo y de la competencia. China lleva años robando la capacidad innovadora de Occidente, haciéndose con cuotas de mercado cada vez más altas a base de robar la propiedad intelectual de los demás.

Huawei y el 5G

Hoy, en Europa, nos encontramos ante una elección de máxima importancia en lo que a China se refiere. Pekín se ha convertido en el mayor paladín de la tecnología 5G, y está presionando a gobiernos de todo el globo a aceptar que la infraestructura necesaria para esta tecnología sea instalada por Huawei. Sin embargo, ciertos países como Estados Unidos, Reino Unido y Australia ya han vetado la participación de China en la construcción e instalación de sus redes de 5G.

Esta tecnología es alrededor de unas 100 veces más rápida de la actual 4G, y a diferencia de la tecnología 3G y 4G que no necesitaron una inversión demasiado alta en infraestructura para su implementación, la tecnología 5G necesita de una infraestructura específica que resulta cara de montar e instalar. Como es de esperar, Huawei compite contra la tecnología occidental a base de ofrecer menores costes, una propuesta que para muchos gobiernos europeos sumidos en dificultades económicas puede ser atractiva. Esta reducción en coste, sin embargo, viene de la mano de un riesgo que nos convendría no ignorar.

Toda información que sea compartida a través de infraestructura china quedará en manos de la República Popular.

*Es profesor de Relaciones Internacionales