EE UU sospecha que una científica del Ejército chino se oculta en la sede de San Francisco

Tan Juan, bióloga, trabajó como investigadora en una universidad de Medicina Militar y ocultó ese dato a las autoridades estadounidenses

Los choques entre Estados Unidos y China crecen al ritmo de varios al día. El penúltimo encontronazo tuvo lugar cuando el departamento de Estado ordenó cerrar el consulado de la República Popular China en Houston. El último ha tenido lugar en otra residencia diplomática del país asiático, nada menos que el consulado de China en San Francisco, donde según en el FBI estaría refugiado una científica fugitiva, vinculada al ejército Chino, y perseguida por las autoridades de Estados Unidos.

Según la fiscalía de San Francisco, Tang Juan, bióloga, habría ocultado a las autoridades de inmigración sus lazos profesionales con el Ejército chino. Mintió para lograr entrar en Estados Unidos, y cuando las autoridades estadounidenses y el FBI acudieron para cuestionar sus verdaderos vínculos corrió a refugiarse en el consulado de China en San Francisco.

Contra Tang se presentaron cargos por el presunto fraude de ley respecto a su visado, y según la propia fiscalía todo se complicó cuando durante un registro el FBI descubrió que había trabajado de investigadora en una universidad de Medicina Militar. Según la cadena estadounidense CNN, que ha tenido acceso a fuentes del FBI, Tang Juan fue interrogada el pasado 20 de junio. Negó cualquier vinculación con el ejército. Afirmó que «desconocía el significado de la insignia en el uniforme» que vestía en una fotografía e insistió en que tampoco tenía constancia de que fuera obligatorio usar «un uniforme militar para asistir a la universidad al tratarse de una escuela militar».

Sus excusas alcanzan un punto de ebullición en los medios mientras la Casa Blanca insisten en que China trata de robar la propiedad intelectual del país americano y que los servicios secretos chinos llevan años tratando de espiarles.

Hace apenas 24 horas que el departamento de Estado confirmaba que que el cierre del consulado en Houston fue motivado por las sospechas de espionaje, mientras en un comunicado daba cuenta de que «Estados Unidos no tolerará las violaciones de China de nuestra soberanía ni la intimidación contra nuestro pueblo, así como tampoco hemos tolerado las prácticas comerciales injustas de China, el robo de los trabajos estadounidenses y otros comportamientos atroces».

Por si fuera poco Estados Unidos acababa de acusar a dos ciudadanos chinos, dos informáticos, de haber participado en una operación de espionaje a gran escala, saqueando información confidencial y protegida tanto de varias agencias gubernamentales como de numerosas empresas estadounidenses. Entre los objetivos de los «hackers» figuraban las investigaciones en torno a la covid-19 y la búsqueda de una vacuna, de gran valor estratégico y económico. Pero no se limitaron a las pesquisas de naturaleza científica.

Nueva Guerra Fría

También habrían espiado a numerosos defensores de los derechos humanos en China, en el ojo del huracán a medida que denuncian las violaciones de las minorías étnicas y la persecución de los disidentes políticos y los periodistas molestos. Sin olvidar Hong Kong, objeto de encendidos debates en Washington desde hace meses, a raíz de las protestas de sus ciudadanos en defensa de la democracia, y que abocaron al anuncio de que la ciudad perdería su estatuto comercial privilegiado. Para el departamento de Estado no hay dudas, pues «China ha participado durante años en operaciones masivas de espionaje ilegal, que han aumentado notablemente en escala y ambición en los últimos años».

En otro comunicado, este de la fiscalía, enviado a los medios, se explica que «Existe evidencia en al menos uno de estos casos de un científico militar ha copiado o robando información de instituciones estadounidenses bajo la dirección de superiores militares en China».