La Fiscalía antiterrorista asume la investigación del ataque en la antigua sede de “Charlie Hebdo”

El semanario satírico vuelve a ser blanco de un atentado yihadista. La Policía francesa detiene a dos sospechosos y halla un machete en el lugar del crimen

De nuevo, París. Cinco años después del brutal atentado contra el semanario satírico «Charlie Hebdo» y mientras el macrojuicio por la red de cómplices que tuvieron los terroristas se celebra en la capital francesa, el terror se ha vuelto a apoderar de Francia.

Dos personas han resultado heridas de carácter grave ayer por la mañana en un ataque con cuchillo a tan sólo unos metros de los locales donde estaba la antigua redacción del semanario, lugar del ataque en enero de 2015. Dos individuos, uno de ellos el autor principal del ataque, han sido detenidos por una agresión que está siendo investigada por el momento como acto terrorista.

El autor de los hechos sería un paquistaní de 18 años, según el diario «Le Figaro», que hasta ahora no estaba en el radar de los servicios especializados en hacer seguimiento a personas radicalizadas. Por lo que se refiere al segundo sospechoso, su arresto se ha producido porque aparece en un vídeo de seguridad junto al agresor, pero se cree que no estaría relacionado con este. Según France Info, están en curso registros en el domicilio del principal sospechoso, en Val d’Oise.

La Fiscalía antiterrorista ha abierto una investigación por «intento de asesinato en relación con un acto terrorista» y por «asociación terrorista criminal» en torno al ataque perpetrado alrededor de las 11:45 de la mañana en el distrito 11 de la capital francesa, ha confirmado el fiscal de París Rémy Heitz tras desplazarse al lugar de los hechos.

Según explicó, el motivo de que este acto, que por el momento no ha sido reivindicado por ningún grupo terrorista al cierre de esta edición, esté siendo investigado como tal se debe tanto al «lugar» elegido –la antigua sede de la revista satírica, donde fueron asesinados ocho de sus miembros–, como el «momento» en que se ha producido, en pleno juicio por los atentados de enero de 2015 que dejaron un total de 17 muertos.

Hasta el lugar de los hechos se ha desplazado también el primer ministro, Jean Castex, el ministro del Interior, Gérald Darmanin, y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. «Esto ha sucedido en un lugar simbólico en un momento en que tiene lugar el juicio por los actos indignos de ‘Charlie Hebdo’», ha dicho Castex, quien anunció que los dos heridos, un hombre y una mujer, trabajadores de una agencia de noticias y productora que tiene su sede en el mismo edificio donde estaba la antigua redacción de «Charlie Hebdo», ya no corren peligro.

La publicación se ha solidarizado con el medio para el que trabajaban las dos víctimas. «Todo el equipo de Charlie ofrece su apoyo y su solidaridad a sus antiguos vecinos y compañeros de Premieres Lignes y a las personas afectadas por este odioso ataque», ha escrito en su Twitter.

El ataque de ayer se produce en un contexto de crisis de seguridad que Francia vive desde que terminase el confinamiento. Pese a que durante el confinamiento el ministerio de Interior afirmó que los actos violentos habían caído en un 70%, a partir del 10 de mayo las cifras se han disparado superando con creces a las del año pasado, que ya de por sí fue especialmente agitado en las calles por las protestas sociales y el movimiento de los chalecos amarillos.

Voces expertas han ido apuntando algunos factores que han ido configurando esta situación. Una de las más citadas es el seísmo provocado por el confinamiento en el circuito de distribución de droga con numerosos ajustes de cuenta en las barriadas más sensibles de Francia. Pero también la escasez este año por la pandemia de empleos temporales de verano y de actividades asociativas para la juventud que han desembocado en ciertos lugares como un detonador de complejas situaciones. «Le Figaro» publicó durante el mes de agosto un informe explosivo que concluía que los crímenes «han crecido de manera llamativa con una radicalización de los comportamientos. Hay un incremento del 416% de los delitos de violencia con heridas y un incremento del 57% de las violencias contra fuerzas del orden».

El pasado 28 de agosto, Emmanuel Macron reconocía que «algo está ocurriendo en nuestra sociedad que no es nuevo pero que se ha acelerado y endurecido con el final del confinamiento: la banalización de la violencia». Macron evita utilizar el término de su ministro del Interior, «salvajismo», mientras que la extrema derecha de Marine Le Pen denuncia que sus movimientos para controlar la violencia son puramente cosméticos. Del otro lado, la izquierda estima que se ha establecido un falso debate en el país promovido en parte por las imágenes mostradas en medios de comunicación.

Sin embargo, el propio fiscal general de la República, Rémy Heitz, ha confirmado hace pocos días lo que todos los indicios muestran: «La delincuencia ha aumentado, es un hecho. Las custodias policiales se dispararon tras el confinamiento».

Quizás respondiendo a ese sentimiento nacional de inseguridad, Macron mueve fichas para este otoño. El 2 de octubre presentará una ley para combatir el «separatismo religioso y cultural» vista esta espiral de violencia. Macron teme en los próximos meses nuevos estallidos de violencia de muy diversa naturaleza, étnica, social, criminal o religiosa. Esta ley será un paso más en su nueva política de línea más dura que él mismo lanzó la noche del 27 de julio haciendo una gira especial por varios comisarías de Policía de París y su periferia, con este primer anuncio: pagar primas extraordinarias a los policías y gendarmes que trabajan la noche.

El sondeo anual de Ipsos sobre las «fracturas francesas», publicado la semana pasada, refleja una nítida demanda de protección dejando en el aire un dato tan inquietante como chocante: un 55% es partidario de restablecer la pena de muerte.