El antecedente de Florida en 2000: Los 36 días que no hubo presidente

Estados Unidos ya ha experimentado la ansiedad y la confusión que produce desconocer quién será el nuevo inquilino de la Casa Blanca. El punto final lo puso el Supremo

Manifestantes, incluido uno vestido de Superman, a la salida del Tribunal Supremo el pasado 12 de diciembre de 2000, el día que se decidió entonces al presidenteMARIO TAMAEPA

Cometer errores es bueno si llevan a un aprendizaje. Y en Estados Unidos, los que vivieron aquellos 36 frenéticos días durante el otoño de 2000 en los que no se supo quién iba a ser el próximo presidente a partir de 2001, «aprender de los errores» es un mantra que repiten. El republicano George W. Bush finalmente ganó las elecciones gracias a 537 votos en el Estado de Florida y tras cinco semanas de batalla judicial.

El 7 de noviembre, jornada de votación, el entonces vicepresidente Al Gore y candidato demócrata acarició la victoria durante horas, cuando la mayoría de medios estimaron que se había hecho con los 25 votos electorales del Estado sureño, alcanzando la cifra de 291. Sin coronavirus, en las sedes del Partido demócrata hasta se celebró la victoria de Gore. Pero el champán se descorchó antes de tiempo.

Andrew E. Busch, profesor de Gobierno en Claremont McKenna College y coautor de «The Perfect Tie: The True Story of the 2000 Presidential Election», narra a LA RAZÓN la enorme confusión vivida. «Basado en encuestas a pie de urna defectuosas, los medios ''dieron" Florida a Gore. Cuando Bush obtuvo una gran ventaja en el recuento de votos real, los medios se retractaron. Cuando pensaron que no había suficientes votos pendientes como para que Gore remontase, dieron el Estado a Bush». Sin embargo, ahí no terminó el enredo. «Cuando la noche electoral terminó con Bush con solo unos 2.000 votos más, volvieron a anular la votación. Deberían haber esperado hasta que la imagen fuera clara, pero ningún medio quería que los otros dieran la «exclusiva». Debido a este fiasco, la mayoría ha sido mucho más cautelosos este año», manifiesta Brusch.

Es más, «cuando parecía que había perdido Florida, Gore hizo la tradicional llamada de concesión a Bush, felicitándolo. Sin embargo, cuando quedó claro que en realidad estaba muy cerca, Gore lo retiró. Esto alimentó la percepción de que el demócrata era un “mal perdedor”», asevera Busch.

El Partido Demócrata impugnó el resultado y corrió la tinta. Los estadounidenses descubrieron que no se vota igual en cada distrito del vasto país e hicieron un máster en las polémicas tarjetas de votación que usaron en Miami y Palm Beach, en las que se perforaba al candidato y varias máquinas de recuento tuvieron problemas con las que no estaban completamente perforadas. Pero en otras zonas, fueron las papeletas «mariposa» las que sembraron el caos. Los candidatos aparecían de forma escalonada y no quedaba claro a quién se votaba.

«Tomó tanto tiempo resolverlo porque hubo que hacer numerosos recuentos y se abrieron contiendas a nivel estatal y federal sobre los procedimientos aquí y por las papeletas de los militares desplegados en el extranjero», contextualiza Busch. «Finalmente algunos de los asuntos clave tuvieron que ser resueltos por el Tribunal Supremo de EE UU. Entre los recuentos y la batalla legal, fueron 36 días».

Justin Dangel, que entonces tenía 25 años y era el jefe ejecutivo de la start-up Voter.com, recuerda perfectamente aquellas jornadas. «Era un momento completamente distinto al actual en la vida estadounidense. Una década después del final de la Guerra Fría, la burbuja de internet comenzaba a estallar, pero había sido un periodo de prosperidad económica inédito. La gente veía que era importante quién ganase, pero no cómo hoy», explica Dangel, un demócrata convencido. «Ahora mismo, las elecciones entre Trump y Biden son una cuestión de vida o muerte a ambos lados ideológicos». En 2000, «importaba que tu candidato ganase, pero no se tenía la sensación de que el país estaba en juego». Asimismo, «fue mucho más fácil reunificar al país. George W. Bush tuvo algunos detalles buenos que suavizaron la transición y en retrospectiva, Gore concedió la derrota a pesar de haber ganado el voto popular nacionalmente».

Flamante después de haber sido reelecta como miembro de la Cámara de Representantes en EE UU por el 21º distrito de Florida, Lois Frankel conoce perfectamente estos días. «Yo era la líder de la minoría demócrata en la Cámara estatal de Florida. Estuve en medio de todo», indica Frankel. «Lo peleé. Intentamos luchar por los electores de Florida y que se contaran cada una de las papeletas con exactitud», confiesa Frankel. «En 2000, las elecciones estuvieron muy justas en 2020 es diferente. Además, hemos aprendido que cada voto cuenta y dudo mucho de que Joe Biden finalmente se alce como presidente por tan solo 537 votos». Incluso Frankel no cree que finalmente, esta elección la decida el Tribunal Supremo.