Londres y Bruselas acercan posiciones para cerrar el acuerdo

Los avances en la pesca allanan el pacto antes de Navidad

El primer ministro británico, Boris Johnson
El primer ministro británico, Boris JohnsonTolga AkmenAP

No se sabe si ha sido el espíritu navideño o ese conato de Brexit caótico vivido en los últimos días con colas kilométricas en los pasos fronterizos de Dover y Calais, debido al descubrimiento en Reino Unido de una nueva cepa del coronavirus. Pero parece que se ha obrado un pequeño milagro y, en las ultimas horas, el acuerdo del Brexit estaba cerca de cerrarse. De esta forma, el fantasma de un divorcio sin anestesia el próximo día 1 de enero se aleja, como si no fuera posible una nueva pesadilla en un mundo ya atribulado por la pandemia.

Esta tarde, el optimismo se había apoderado de ambas orillas del Canal de la Mancha y la libra esterlina registraba un repunte. Los embajadores europeos de los Veintisiete habían sido avisados para estar disponibles este jueves, ante la posibilidad de convocar una reunión de urgencia el día de Nochebuena para analizar el posible acuerdo entre Reino Unido y los Veintisiete.

A pesar de la euforia, el sigilo ha sido la nota dominante estos días. Se sabe que, en los momentos decisivos, están siendo los máximos responsables políticos los que están llevando la batuta de las negociaciones. El lunes se produjo una llamada telefónica casi clandestina entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro británico, Boris Johnson, de la que no trascendió apenas información y los contactos entre los dos líderes continuaron con posterioridad. A pesar de esto, no se produjeron los deseados avances. Reino Unido hizo una nueva propuesta sobre el tema de la pesca que fue rechazada por los Veintisiete.

El propio Michel Barnier explicó lo sucedido a los embajadores del bloque comunitario en una reunión que tuvo lugar este martes, donde reconoció que la delegación británica no se estaba moviendo lo suficiente en el acceso de los pescadores europeos a los caladeros británicos, aunque el resto de los puntos estaban prácticamente acordados. El político francés incluso abrió la puerta a seguir negociando más allá del 1 de enero y muchos empezaron a temer una suerte de Brexit eterno, ya sin ultimatos ni plazos que superar, sino como una maldición bíblica.

Pero en apenas 24 horas se ha producido un giro de guión. La pesca, el gran escollo en la recta final, ha dejado de ser el principal problema aunque al cierre de esta edición se desconocían los detalles del acuerdo. Los Veintisiete siempre han defendido que los pescadores europeos sigan teniendo acceso a los caladeros británicos a cambio de que Reino Unido pueda seguir exportando sus productos al mercado interior, ya que un 70% de las capturas británicas van a parar a los socios europeos debido al poco consumo de pescado en las islas.

La pesca supone un porcentaje del PIB irrisorio a ambos lados del Canal de la Mancha, pero tiene un gran componente simbólico para los “brexiters”. Recuperar la soberanía de las aguas fue uno de las principales promesas durante la campaña del referéndum en 2016 y piedra angular del lema “recuperar el control”.

En los últimos días, se han propuesto diferentes periodos transitorios de 3,5 y 7 años sujetos también a un porcentaje de las capturas que los británicos recuperarían. Aunque los Veintisiete se habían resignado a perder una parte del pastel, un 25% como máximo, París ha sido la capital que más duramente ha batallado para que las concesiones no pusieran en peligro a su sector, también fuertemente simbólico para la Francia de Emmanuel Macron.

Este pasado domingo de madrugada expiró el plazo para que el Parlamento Europeo pudiera ratificar el pacto en una sesión extraordinaria antes de que terminase el año. Cerrada esta posibilidad, se abre el escenario de una aprobación provisional que después sería refrendada por la Eurocámara ya en 2021. Le corresponde al Ejecutivo comunitario hacer esta propuesta sobre la aplicación temporal que después debe ser aprobada por los Veintisiete.

Las capitales también deben dar luz verde al acuerdo en aras de evitar un Brexit caótico el próximo 1 de enero. Esto supondría que los dos territorios quedarían a merced en sus intercambios comerciales de las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), con aranceles y cuotas. La media de las tarifas aduaneras se situaría en un 3%, pero puede ser mayor en algunos bienes como los vehículos (10%) o productos agrícolas