Los talibanes prometen respetar los derechos de las mujeres bajo la ley islámica

Su jefe político aterriza en Afganistán para instaurar el emirato islámico. Promete una amnistía para los funcionarios y que dejarán escolarizar a las niñas, pero la población desconfía

Poco a poco, comienza a emerger el nuevo Emirato Islámico de Afganistán nacido de la fulgurante victoria talibán. Por ahora los talibanes insisten en llamar a la calma a la población y a la comunidad internacional y anuncian una “amnistía” y la formación inminente de un “gobierno islámico inclusivo”. Pero la realidad incontestable de que el nuevo régimen volverá a asentarse sobre las formas más rigoristas del islam tiene ya su reflejo en la vida cotidiana de los afganos.

La nueva normalidad comenzaba este martes a imponerse en Kabul. Las calles y avenidas de la capital volvían a registrar el tráfico habitual y algunos comercios abrían sus puertas. Muchos vecinos habían cambiado ayer ya la ropa de estilo occidental por la vestimenta tradicional. Y no hay rastro de las mujeres por las calles, salvo aquellas acompañadas por adultos de su familia, como ocurriera en los cinco años de dominio talibán en el malhadado país de Asia Central.

En rueda de prensa celebrada ayer en Kabul, la primera desde la entrada triunfal de los talibanes en la capital, el portavoz del movimiento Zabihullah Mujahid anunciaba una “amnistía” para los miembros de la administración del anterior régimen, así como para empleados y colaboradores locales de las embajadas extranjeras.

Asimismo, el nuevo mando fundamentalista animaba a las mujeres, a las que se les asegura que sus derechos serán respetados “en el marco del islam”, a apoyar al nuevo régimen. El portavoz del grupo integrista islámico remarcó que la población femenina podrá trabajar y escolarizarse. De acuerdo con lo anunciado este martes, la prensa privada seguirá siendo “libre e independiente” en Afganistán, aunque, precisó, “no deberá actuar contra los valores nacionales”.

Igualmente, la nueva autoridad talibán trató ayer de convencer a la comunidad internacional de que Afganistán no se convertirá en un santuario del terrorismo global. “Le aseguramos a nuestros vecinos que no vamos a permitir que nuestro territorio se use contra ningún otro país o individuo”, expresó el citado portavoz talibán con objeto de el portavoz talibán. “No queremos ningún enemigo ni interno ni externo”, zanjó. Mientras tanto, China, Rusia e Irán mantienen ya líneas diplomáticas abiertas con el nuevo régimen.

Por otra parte, la cooperación de los fundamentalistas con las fuerzas estadounidenses permitía este martes que se reanudaran los vuelos de repatriación del personal de las distintas embajadas desde el aeropuerto internacional de Kabul, liberadas sus pistas de las masas de ciudadanos desesperados que lo tomaron el domingo. Eso sí, combatientes talibanes impedían ayer el acceso al aeródromo a los afganos que tratan de escapar del país, según informaba la agencia AFP.

Discurso amable, realidad inexorable

Los tiempos han cambiado, han pasado dos décadas desde que los talibanes fueran derrocados por la OTAN, y la nueva generación de mandos fundamentalistas recurre con naturalidad a las redes sociales y a los medios de comunicación más importantes del mundo para difundir sus mensajes y acciones conscientes de que las audiencias son más globales que nunca.

Pero el discurso dialogante y las formas benévolas de los talibanes en estas primeras jornadas en el poder no se compadecen con la realidad sobre el terreno. En la ciudad de Herat, situada al oeste del país, los talibanes impiden desde la semana pasada a las mujeres su entrada en las aulas universitarias y centros de trabajo. Este martes, según reportaba el medio local Tolo News, varias oficinas de la administración abrían sin presencia femenina.

Además, hace ya días que Naciones Unidas y las agencias de inteligencia occidentales documentan las ejecuciones de miembros de las fuerzas armadas afganas previamente rendidas a los fundamentalistas islámicos en distintas provincias.

“Las ejecuciones están ya en marcha y hay ciertos sectores a los que no van a perdonar, como a todos los integrantes de los comandos afganos, que están siendo fusilados, o miembros del servicio secreto. Quieren mostrar una buena cara para ganarse el reconocimiento internacional, pero están ejecutando a un ritmo exagerado”, advertía a Onda Cero este lunes el periodista y escritor Amador Guallar, que pasó más de diez años trabajando en Afganistán.

“Todos los avances logrados estos veinte años, todo el dinero [gastado en Afganistán] se han perdido. Y lo van a sufrir, sobre todo, las mujeres. Los talibanes nos han mentido como bellacos”, lamenta el reportero español.

El regreso del mulá Abdul Ghani Baradar

En la tarde de ayer llegaba a Kandahar –antes de dirigirse a Kabul- procedente de Qatar el mulá Abdul Ghani Baradar, hasta ahora jefe de la oficina política talibán con sede en el emirato del Golfo. Según fuentes cercanas a la insurgencia fundamentalista, el nombre de uno de los fundadores del grupo en los años 90 y uno de los más leales colaboradores del mulá Omar, suena ya como potencial candidato a dirigir el nuevo gobierno, cuya composición los portavoces talibanes confían en anunciar en breve.

Presente en las discusiones junto a los talibanes sobre el nuevo ejecutivo, según el medio afgano Tolo News, el ex presidente Hamid Karzai advertía ayer a los fundamentalistas que “si buscan dominar Afganistán de la manera que ellos creen, habrá sin duda un levantamiento nacional”. “Tendrán que reconocerlo o serán derrotados”, aseveró el veterano ex mandatario.

Mientras los talibanes seguían avanzando los contornos del nuevo régimen, el primer vicepresidente Amrullah Saleh se proclamaba este martes a través de un mensaje en Twitter “presidente en funciones de Afganistán”. “Con arreglo a la Constitución de Afganistán, en situación de ausencia, huida, dimisión o muerte del presidente, el primer vicepresidente se convierte en presidente en funciones. En estos momentos estoy dentro de mi país y soy el legítimo presidente en funciones. Me estoy dirigiendo a todos los líderes para garantizarme su apoyo y consenso”, aseguraba sin precisar quiénes son en estos momentos sus interlocutores dentro y fuera del país.

Al parecer, Saleh se encuentra en el valle del Panjshir -a un centenar de kilómetros al norte de Kabul-, único territorio que los talibanes no controlan enteramente aún. Tanto el “presidente en funciones” como Ahmad Massoud, hijo del mítico Ahmed Shah Massoud –héroe de la resistencia antisoviética-, quien llamó este lunes a los afganos a alzarse contra los fundamentalistas, esperan ahora reorganizar la resistencia en el antiguo bastión de la Alianza del Norte.