Sergio Ramírez: “A Daniel Ortega le gustaría ser un Putin tropical”

El escritor nicaragüense y premio Cervantes empieza un exilio tras la orden de detención en su contra lanzada por el régimen tras la publicación de su novela “Tongolele no sabía bailar”, inspirada en la represión de Ortega

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El escritor nicaragüense Sergio Ramírez ha sido puesto en el centro de la diana represiva del régimen de Daniel Ortega. Su última novela, «Tongolele no sabía bailar» (Alfaguara), ha sido la gota que ha colmado el vaso del Gobierno de su país. El libro es la tercera novela de una saga policíaca ambientada en la Nicaragua actual. Para ello Sergio Ramírez se inspiró en las protestas populares contra el ejecutivo de 2018, duramente reprimidas por el régimen y con un saldo de más de 300 muertos. La semana pasada un lote con la novela de Ramírez fue retenido en la aduana en Nicaragua. Ese fue el indicio de que algo peor podría pasar. Y así fue. Poco después la fiscalía de Managua acusó al escritor de cinco delitos, entre ellos los de incitación al odio y lavado de dinero, y ordenó la detención del novelista, que se encuentra fuera del país desde junio.

En los últimos meses hasta siete aspirantes a las elecciones presidenciales del próximo noviembre han sido detenidos y apartados de la carrera electoral con el indisimulado objetivo de asegurar la victoria de Ortega, líder de la revolución sandinista que acabó con la dictadura de Somoza en 1979. La orden de detención contra Ramírez ha suscitado una condena unánime en América Latina y España, donde tanto escritores como políticos han criticado duramente la deriva autoritaria del régimen nicaragüense. Ramírez se encuentra estos días en España, donde empieza un exilio, el segundo en su vida, que no sabe cuándo terminará. El novelista, premio Cervantes 2017, fue canciller y vicepresidente de Nicaragua durante los años de gobierno sandinista, pero en los noventa se distanció de su aliado Ortega y se convirtió en un duro crítico del ahora presidente.

¿Cómo se encuentra tras saber que no puede volver a su país y al mismo con tantas muestras de cariño y solidaridad?

Estoy atribulado pero tratando de sacar el mejor partido a la situación. Al menos Nicaragua está en el centro de atención gracias a este abuso contra un escritor que está siendo castigado por decir lo que piensa y por escribir libros que no son del agrado de quienes detentan el poder en Nicaragua.

¿Cree que la orden de arresto es una venganza por la historia de la novela o es una manera de seguir atemorizando a los críticos con el régimen?

Es una mezcla de las dos cosas. Entre los delitos que se me imputan figuran lavado de dinero e incitación a la violencia. Son de una imaginación muy pobre. Estos delitos se crearon para impedir que se celebren elecciones libres y meter a candidatos políticos en la cárcel, pero ahora me los atribuyen a mí, que soy un escritor. La fiscalía de Somoza me acusó en 1977 de delitos muy parecidos: terrorismo y asociación ilícita para delinquir, no veo diferencias entre las dos acusaciones.

¿La novela es un retrato del régimen de Nicaragua?

Quien busque en el libro una diatriba contra Daniel Ortega o su esposa Rosario Murillo se va a desilusionar porque este es un libro sobre una Nicaragua dramática pero matizada con el humor negro de los personajes. Mi novela no es una denuncia porque las novelas no sirven para hacer denuncias.

¿Pensó cuando estaba escribiendo la novela que podría traerle problemas? ¿Intuyó que podría ser censurado?

Sí, lo pensé. Pero cuando escribes una novela tienes que prescindir de la idea del riesgo porque la autocensura que nace del temor es lo peor para la escritura. Lo mejor es seguir escribiendo pensando que nadie va a leer nunca el libro. Cuando los libros se quedaron en la aduana, la editorial en México pensaba que esto se podía resolver con las gestiones aduaneras, pero yo sabía que esto era un tema político. Y cuando vino la orden de la fiscalía para mi arresto me di cuenta que las dos cosas estaban hiladas

¿Recuerda una oleada represiva como esta de Ortega en Nicaragua, incluso con Somoza?

Somoza llevó a cabo una represión a sangre y fuego contra los opositores, pero era en una situación de guerra. La diferencia ahora es que el grado de represión es muy alto y se hace contra gente desarmada, perseguida, ha habido gente que ha muerto en sus casas y que ha sido asesinada por francotiradores.

¿Cuál es el modelo de país que quiere Ortega?

Pues es un modelo parecido al de Rusia, con elementos de Cuba y de Venezuela. A Ortega le gustaría ser una especie de Putin tropical, ganando elecciones una detrás de otra sin oposición y con el reconocimiento de la comunidad internacional.

¿Qué pasará después de las elecciones de noviembre?

Es un error seguir diciendo que en Nicaragua habrá elecciones en noviembre porque las elecciones han sido destruidas, todos los candidatos presidenciales están presos y los medios de comunicación han sido clausurados y los periodistas exiliados. Los candidatos son de mentira y han sido fabricados por el propio régimen, así que lo que hay es una gran farsa. En realidad cada vez estamos más cerca de un régimen de partido único. Lo que tendremos después será la continuidad de Ortega, que buscará la legitimidad internacional presentando un hecho cumplido. El gran desafío de la comunidad internacional entonces estará en saber si van a reconocer a este gobierno. Si es así, Ortega seguirá tranquilo en el poder.

¿Cree que las fuerzas de seguridad del Estado, tanto la policía como los militares, están con Ortega?

Sin duda, las filas están muy cerradas y no hay fisuras, sería ilusorio pensar que es de otra manera. Existe una obediencia histórica por parte de muchos y también mucha corrupción que les mantiene unidos. Ortega tiene en sus manos a la asamblea, la corte suprema de justicia, los jueces, los fiscales. Ha recibido 370 millones de dólares como préstamo de contingencia del FMI. No tiene problemas financieros aunque la economía está muy mal y el paro es altísimo, con un 60% del empleo informal.

Usted se sumó a la revolución sandinista con Ortega para derribar a un dictador. ¿Ahora Ortega se ha convertido en un dictador?

Dicen que la historia se repite primero como tragedia y después como comedia. Lo que tenemos en Nicaragua es un poder matrimonial, decidido a quedarse, y eso elimina toda posibilidad de alternativa democrática. Además, eso implica una concentración de poder que a su vez conlleva corrupción.

¿Ve posible un regreso a su país?

Ahora mismo no. No se dan las condiciones. Yo ya lo sufrí cuando tenía treinta años en la época de Somoza. Entonces decidí regresar a Nicaragua bajo la acusación de incitación al terrorismo y Somoza no se atrevió a meterme en la cárcel. Ahora tengo otra edad, el exilio es muy duro, pero si vuelvo me expongo a ir a prisión con seguridad.

¿Por qué América Latina tiene esa querencia por el autoritarismo?

Este mal del autoritarismo viene de muy lejos. Tenemos una larga tradición política de autoritarismo en América Latina. Nuestra realidad desde la independencia ha sido violenta y enconada. Pero la historia nos enseña que la mayoría de los grandes próceres terminaron derrotados y no vieron consumada su propia obra, como fue el caso de Bolívar. Ortega se ha convertido en un tirano, es una historia que se repite, aquellos que como libertadores acaban siendo convertidos en tiranos.

¿La represión y el miedo han doblegado a los nicaragüenses que quieren salir a las calles a protestar?

No, no ha doblegado a la gente, pero evidentemente hay miedo. Los nicaragüenses no se han rendido y seguirán luchando por su futuro. En 2018, después de tantos agravios, falta de libertades públicas, la represión y el control en los barrios se generó un hartazgo que hizo que la gente explotara. Esas protestas dejaron muchos muertos, 40.000 exiliados y presos políticos. Muchos de ellos sufren torturas psicológicas, les despiertan dos veces por la noche para interrogatorios o no les apagan la luz eléctrica en ningún momento, están mal alimentados, sin medicamentos.

¿Cuba está asesorando a Ortega para dirigir el país?

Sin duda, Cuba, Venezuela y Rusia tienen personal asesorando al régimen en materia de represión, seguro. Pero lo que resulta paradójico es que el apoyo económico le viene al régimen de fuentes occidentales. El FMI acaba de desembolsar un préstamo de más de 300 millones de dólares.

¿Hasta cuándo podrá seguir Ortega en el poder sin el apoyo de la gente?

Cuando tienes poder quieres más y lo que más temes es perderlo. Si hubiera elecciones libres Ortega se iría a su casa. La mayoría de los nicaragüenses están en contra del Gobierno. Ortega quiere seguir y por eso recurre a los métodos represivos. Pero la represión no es suficiente para mantener a un gobierno a largo plazo, sin salidas democráticas será difícil que se mantenga.