Kim Jong Un, una década de dictadura del Estado nuclear más totalitario del mundo

El dictador de Corea del Norte ha aislado y empobrecido al país mientras sigue apostando por el programa nuclear

Hace ya una década que el rostro rollizo y juvenil con peinado a lo Pedro Picapiedra -que evoca a su abuelo y fundador del régimen Kim-Il Sung -, heredó el liderazgo supremo de Corea del Norte, convirtiéndose en uno de los últimos monarcas absolutos hereditarios del planeta . Tras la muerte de su padre el 17 de diciembre de 2011, partiendo del anonimato y desprovisto de méritos políticos o militares, se convirtió en el futuro mandamás de una dictadura totalitaria saturada de dogmatismo, acusada de violadora masiva de los Derechos Humanos, económicamente arruinada, obsesionada con los tambores de guerra y, desde 2006, convertida en potencia nuclear.

El sorprendente encumbramiento del benjamín Kim Jong Un, sin un currículum académico coherente, recibió los sobrenombres de Brillante Camarada y Joven General como parte de una campaña de culto a su personalidad que no hizo más que empezar. Sus talentos y logros personales han sido exagerados hasta extremos surrealistas e inverosímiles por una maquinaria mediática estatal encargada de construir ese aura en torno a él que otorga poco valor a los hechos verificables.

Norcoreanos en un acto por el décimo aniversario de la muerte de Kim Jong Il
Norcoreanos en un acto por el décimo aniversario de la muerte de Kim Jong Il FOTO: KCNA via REUTERS

El Mariscal de la República Popular Democrática, de 37 años (aunque su edad precisa se desconoce), transmite más a la opinión pública internacional que la esencia de su pensamiento o los detalles de sus ambiciones para su país a largo plazo. De hecho, el heredero del régimen kimista ha ganado en confianza, experiencia y autoridad a lo largo de los años en la cúpula del Estado.

Pero el Gran Sucesor sigue siendo difícil de descifrar, misterioso e insondable. Desde Seúl, Washington, Tokio, Pekín o París, los observadores del atípico e imprevisible heredero del régimen nacido sobre las cenizas del conflicto intercoreano de 1950-53, se limitan esencialmente a inciertos ejercicios de interpretación azarosa.

El tercer Kim es mucho más ambicioso de lo que fue su padre. De hecho, sus objetivos son tan grandiosos como los de su abuelo, pero centrados en la construcción del poder del país a largo plazo, más que en la unificación a corto plazo. En el plano internacional, codicia un asiento en la mesa de las armas nucleares.

Las claves de su durabilidad se han centrado en rejuvenecer el poder y la disciplina del partido, captar a las élites, abrir más mercados, desarrollar armas estratégicas y equilibrar los estados-nación exteriores.

Ejecuciones y purgas ante la opinión pública

Desde el punto de vista político, Kim aumentó el poder del Partido del Trabajo de Corea, ha garantizado la lealtad mediante purgas y recompensas, y ha suprimido y controlado el flujo de información pública. En una investigación de 2016, un grupo de expertos dirigido por la agencia de espionaje de Corea del Sur afirmó que durante los primeros cinco años de Kim en el poder, éste ejecutó o purgó a unas 340 personas.

Esto incluyó el asesinato de su poderoso tío, Jang Song Thaek, en 2013 y la purga del jefe militar Ri Yong Ho en 2012, quienes ayudaron a Kim a hacerse con el poder. En “Mapping Killings Under Kim Jong-un: La respuesta de Corea del Norte a la presión internacional”, el Grupo de Trabajo de Justicia Transicional (TJWG), con sede en Seúl, entrevistó a 683 refugiados norcoreanos que entraron en Corea del Sur entre 1990 y 2019. En base a sus testimonios, al menos 27 ejecuciones públicas tuvieron lugar desde que Kim Jong Un asumió el cargo en 2011 hasta 2018. Entre ellas, siete fueron por ver y distribuir vídeos surcoreanos, cinco por delitos relacionados con las drogas, cinco por prostitución, cuatro por tráfico de personas, tres por asesinato y tres por obscenidad.

El principal método de ejecución es el fusilamiento, donde tres soldados disparan tres tiros cada uno para un total de nueve disparos para matar a los presos.

Economía en ruinas

Económicamente, al menos antes de la pandemia, ha aportado beneficios a las élites. Ha logrado esta hazaña a pesar de las duras sanciones internacionales mediante una combinación de permitir más mercados y un comercio más importante con China.

Golpeada por un clima extremo, las restricciones del coronavirus y las sanciones internacionales impuestas en respuesta a sus programas de misiles balísticos y nucleares, el país se enfrenta hoy a una de las peores crisis económicas de sus 73 años de historia.

Un misil balístico de Corea del Norte
Un misil balístico de Corea del Norte AP

Kim llegó a adoptar la inusual medida de disculparse por el lamentable estado de la economía e implorar a sus 25 millones de habitantes que se preparen para los desafíos que comparó con la “ardua marcha” de los años 90, cuando se cree que hasta tres millones de personas murieron durante una hambruna.

Armamento nuclear contra la intervención extranjera

El Estado totalitario sigue avanzando en sus programas de armas nucleares y misiles a pesar de las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de los esfuerzos diplomáticos de alto nivel. Las recientes pruebas de misiles balísticos y los desfiles militares sugieren que sigue construyendo una capacidad de guerra nuclear diseñada para evadir las defensas regionales de misiles balísticos. .

Según la evaluación anual de amenazas de 2021 de la comunidad de inteligencia estadounidense, los líderes norcoreanos ven las armas nucleares como “el último elemento disuasorio contra la intervención extranjera”. En la Conferencia del Partido de los Trabajadores de enero de 2021, su líder saludó el “estatus de nuestra nación como un estado con armas nucleares” y elogió su “disuasión estratégica poderosa y fiable”. Kim Jong-un ha asegurado que “las armas nucleares de la RPDC sólo pueden ser utilizadas por una orden final del Comandante Supremo del Ejército Popular de Corea para repeler la invasión o el ataque de un estado hostil con armas nucleares y corresponder con represalias.”

El Reino ermitaño observa una moratoria autoimpuesta sobre las pruebas nucleares y de misiles de largo alcance. Ha probado un dispositivo nuclear explosivo seis veces desde 2006. Cada prueba produjo explosiones subterráneas progresivamente mayores en magnitud y rendimiento estimado. Realizó su prueba más reciente el 3 de septiembre de 2017.

Un comunicado de prensa norcoreano afirmó que había probado una bomba de hidrógeno (o una ojiva termonuclear de dos etapas) que estaba perfeccionando para lanzarla en un misil balístico intercontinental. En abril de 2018, anunció que había logrado sus objetivos, que dejaría de realizar ensayos nucleares y que cerraría su centro de ensayos nucleares de Punggye-ri.

En mayo de ese año dinamitó las entradas de dos túneles de pruebas antes de la primera cumbre entre Trump y Kim ante un grupo de periodistas. En una reunión de octubre con el entonces secretario de Estado Mike Pompeo, Jong-un “invitó a los inspectores a visitar el sitio de pruebas para confirmar que había sido desmantelado de forma irreversible”, pero esto aún no ha ocurrido.

Al parecer, Corea del Norte sigue produciendo material fisible (plutonio y uranio altamente enriquecido) para fabricar armas. Reinició sus instalaciones de producción de plutonio tras retirarse de un acuerdo nuclear en 2009, y está operando plantas de enriquecimiento de uranio por centrifugación en el complejo nuclear de Yongbyon y posiblemente en Kangson, según un informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de agosto de 2021.