Johnson, acusado de intimidar a los «tories» rebeldes

Los conservadores que quieren que el «premier» dimita denuncian una campaña de presión en sus propias filas

El escándalo del Partygate no da tregua. El “premier” de Reino Unido, Boris Johnson, en el punto de mira por su participación en fiestas en pleno confinamiento, fue ayer acusado de llevar a cabo una campaña de intimidación contra los diputados de sus propias filas que ahora piden su dimisión.

El tory William Wragg, presidente del comité parlamentario de Administración Pública y Asuntos Constitucionales, denunció ayer en la Cámara de los Comunes que, en los últimos días, “varios miembros del Parlamento han sufrido presiones e intimidación por parte de miembros del Gobierno por su deseo declarado o supuesto de (pedir) un voto de confianza sobre el liderazgo del primer ministro”.

Wragg, que ha sido uno de los diputados que públicamente ha pedido la dimisión de su líder, recalcó que se trata de “un asunto muy serio”, ya que algunas de esas presiones podrían equivaler a un chantaje, por lo que pidió a los compañeros que las hayan sufrido denunciarlas a la Policía y el presidente de la Cámara de los Comunes. Entre otros, se habla de amenazas para quitar la financiación a los distritos electorales e incluso airear en la prensa asuntos personales de sus señorías.

Johnson defendió que no había visto ni oído “ninguna prueba que sostenga una acusación tan seria”. Sin embargo, el diputado Christian Wakeford explicó ayer que los encargados de la disciplina parlamentaria en el grupo tory le habían amenazado con retirar la financiación para un nuevo colegio en su circunscripción del norte de Inglaterra si no acallaba sus críticas.

Wakeford es el parlamentario que el miércoles anunció su deserción del Partido Conservador para unirse a las filas de la oposición laborista minutos antes de que comenzara una tensa sesión de control al Gobierno en la que el mismismo David Davis, el que fuera titular del Brexit, pidiera a Johnson que se marchara.

Los ánimos en las filas conservadoras están de lo más crispados. En los últimos días, los rumores apuntaban a que el desafío al liderazgo podría ser inminente. Pero Johnson ha conseguido comprar algo de tiempo, pidiendo a los suyos que esperen a las conclusiones de la investigación interna sobre el Partygate que está llevando a cabo Sue Gray, la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete.

El informe se espera para la próxima semana y se avecina tormenta. Según un periodista del canal “ITV”, Gray ha podido acceder a un correo electrónico en el que se advertía al secretario personal de Johnson, Martin Reynolds, de que la fiesta que éste organizó el 20 de mayo de 2020 en los jardines de Downing Street infringía las restricciones sociales.

Ese email sería la “pistola humeante”, la prueba de que Johnson sabía, y consintió, que se violaban las reglas, pese a que ahora defiende en la Cámara de los Comunes que nadie le avisó de nada y que tan solo acudió al evento creyendo que era “una reunión de trabajo”. Según el código ministerial, si un primer ministro miente en Westminster es motivo para forzar su renuncia.

¿Moción de censura?

Por lo tanto, no se descarta que en los próximos días los diputados conservadores acaben mandando al Comité 1922 -que agrupa a los tories sin cartera- las 54 cartas necesarias para activar moción de confianza. Johnson sigue determinado a no presentar su dimisión. Pero si finalmente hay votación sobre su liderazgo y pierde la confianza de los suyos, se tendrían que convocar primarias dentro de su formación.

Para muchos correligionarios del “premier”, las revelaciones de la prensa sobre las fiestas que se celebraron en Downing Street durante la pandemia -en las que en al menos una ocasión llegó a participar Johnson- han sido la gota que rebosa el vaso, hasta el punto de que ya no se preguntan si caerá, sino cuándo.

En la guerra de facciones que suele ser el Partido Conservador, una las lenguas más afiladas es la del líder del sector eurófobo, Steve Baker, que ayer se sumó al coro que ya da a Johnson por amortizado.

“No elegimos a Boris Johson por su meticulosa comprensión de reglas tediosas, pero esto es espantoso y la gente está furiosa con razón. Me temo que parece jaque mate, pero veremos si puede salvarse”, señaló.