Internacional

Disturbios en Kazajistán: el desequilibrio post soviético

El estallido social podría tener consecuencias en las medidas y tiempos en los que Rusia debe abordar la crisis ucraniana

Un policía kazajo durante las protestas contra la subida del precio del combustible el pasado 5 de enero en Almaty
Un policía kazajo durante las protestas contra la subida del precio del combustible el pasado 5 de enero en Almaty FOTO: STRINGER EFE

Las revueltas que se han producido en Kazajistán, como consecuencia de la subida de los precios del gas, ocultan una realidad más profunda que tiene importantes raíces, y también probablemente consecuencias, en el plano político. Por de pronto, se ha roto la prolongada estabilidad que reinaba en este país desde la disgregación de la Unión Soviética y que producía un asentado equilibrio en la totalidad de la región. El descontento de la población kazaja no tiene únicamente transcendencia en el orden interno sino que, en esencia, se trasluce en la escena internacional. Rusia ha sentido que se alteran los contenidos de su política exterior y teme que el desarraigo kazajo se extienda más allá de los límites territoriales de este país del Asia Central. Dos componentes ponen de relieve la importancia que Kazajistán tiene para las autoridades de Moscú. Por un lado, la pertenencia de los dos países a la Unión Económica Euroasiática que encarna la iniciativa más avanzada de cooperación económica entre los países de la región y que, en realidad, ha tenido algunos resultados satisfactorios. Por otro lado, la participación conjunta de los dos países en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), alargamiento político de la integración económica, que está teniendo un papel fundamental a la hora de acallar los disturbios que se han producido en Kazajistán. Nada hace prever que se produzca un cambio radical en la dirección política de Kazajistán y menos aún que este Estado modifique los lineamientos de su política exterior bien cimentados desde su acceso a la independencia en 1991. Pero, en definitiva, se podrían señalar al menos dos resultados de los sucesos de Kazajistán: Primero, el gobierno moscovita no permitirá en ningún caso un cambio sustancial en la línea política de su firme aliado. Segundo, el estallido social que se ha producido en las ciudades Kazajas sí tendrá alguna consecuencia, sin embargo, por lo que se refiere a las medidas y tiempos en los que Rusia debe abordar la cuestión ucraniana y, por lo tanto, sus relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea. La situación en Kazajistán no carece de importancia en el orden internacional.