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Ecología, la cartera maldita de Macron

Elisabeth Borne es ya la tercera persona en ocupar la cartera durante el actual Gobierno francés

  • Elisabeth Borne/ REUTERS
    Elisabeth Borne/ REUTERS

Tiempo de lectura 2 min.

17 de julio de 2019. 21:03h

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Alvaro Gómez- Chaparro.  17/7/2019

En la medianoche del martes 16 de julio, el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, anunció el inesperado nombramiento de Elisabeth Borne, de 58 años, como la sustituta de François de Rugy como ministra de Transición Ecológica.

Su predecesor, François de Rugy, dimitió por las informaciones publicadas por el diario digital “Mediapart”, que difundió datos sobre las lujosas cenas que ofrecía a sus amigos, presuntamente pagadas con dinero público. Cifra a la que hay que sumar los algo más de 60.000 euros que le ha costado a los contribuyentes la reforma del apartamento de titularidad pública donde residía durante su etapa como presidente de la Asamblea Nacional.

La noticia del nombramiento de Borne en la medianoche del martes 16 de julio ha sorprendido porque los nombres más esperados para sustituirle, eran los de los secretarios de Estado Emmanuelle Wargon y Brune Poirson.

Elisabeth Borne será la tercera persona en ocupar el cargo desde el comienzo de la presidencia de Emmanuel Macron. Aunque ahora ya no tendrá el estatus de Ministerio de Estado, una decisión que ha provocado la protesta de, entre otros, Jean-François Julliard, director general de Greenpeace, que no comprende la “degradación”, y ha remarcado que “es una señal preocupante”.

La nueva ministra de Transición Ecológica seguirá también ocupando la cartera de Transporte. Tiene un perfil técnico más que político. Se graduó en ingeniería en la prestigiosa escuela politécnica y en la “École del Ponts et Chaussées” (Escuela de puentes y caminos) y ha ocupado cargos de gestión pública desde la década de los noventa.

Desde el Miniterio de Transporte realizó la polémica reforma de la SNCF (Compañía Nacional de Ferrocarriles de Francia) de julio de 2018 que provocó una huelga de tres meses. Con ella se ganó la enemistad de los sindicatos ferroviarios, que todavía la apodan “Calamity Borne”.

Pero este no es el primer mote que le han puesto. Según cuenta “Le Monde”, cuando trabajó en Ratp (Operador Autónomo de Transportes de París) como directora general en 2015, se la llegó a apodar “Burn-out” por su carácter estricto con su equipo de trabajo. “En la Ratp, sabemos de más de uno que ha salido llorando de su oficina”.

Las reacciones de la oposición tampoco se han hecho esperar: La portavoz de Ecología de Europa (Los Verdes), Julien Bayou, hablaba de la “desconexión entre los discursos y los actos” de la ministra. Y al otro lado del espectro político, el diputado por Francia Insumisa Adrien Quatennens se refería a la ministra como una “fabricante de carreteras y derribadora de rieles” (en referencia a la reforma de SNCF).

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