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EE UU deja sin salida el laberinto sirio tras ocho años de guerra

Asad se declara vencedor tras el anuncio de Trump mientras arrasa los últimos reductos insurgentes.

  • Representantes de 150 tribus sirias se reunieron el viernes en la localidad de Sajo para pedir la salida de Asad del poder
    Representantes de 150 tribus sirias se reunieron el viernes en la localidad de Sajo para pedir la salida de Asad del poder
Beirut.

Tiempo de lectura 4 min.

23 de diciembre de 2018. 01:06h

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Ethel Bonet .  Beirut. 23/12/2018

Occidente ha dejado a su suerte a Siria. Con la salida de las tropas estadounidenses, Donald Trump y sus aliados occidentales han declinado seguir apoyando un cambio de régimen en Damasco y han acabado cediendo el poder al sátrapa Bachar al Asad.

Tras casi ocho años de conflicto civil, que ha desangrado Siria con más de medio millón de muertos, las tropas leales a Damasco han recuperado los bastiones del Estado Islámico y la mayoría de feudos opositores. No obstante, aún hay 100.000 opositores y 6.000 combatientes del EI en el país. Para declararse vencedor de la contienda, a Asad le queda un duro hueso de roer, el bastión insurgente de Idlib, en manos de Frente Fath al Sham y otros grupos rebeldes, apoyados por Turquía. Si bien el triunvirato Rusia, Irán y Turquía consiguieron detener en octubre una ofensiva a gran escala en este enclave, el régimen está llevando una guerra de baja intensidad, de desgaste.

Durante los meses de noviembre y diciembre, el régimen sirio ha estado atacando centros médicos y hospitales en la densamente poblada ciudad de Idlib –más de cuatro millones de habitantes–. «El régimen comenzó a bombardear hospitales, centros de salud y la red de ambulancias con artillería y aviones de guerra, con la intención de matar todas las formas de vida en áreas fuera de su control, como un castigo colectivo para la población que vive allí. Éste es plan del Gobierno para forzar un cambio demográfico sobre la base del sectarismo», denuncia a LA RAZÓN el doctor Munther al Khalil, director de la Dirección de Salud de Idlib y cirujano ortopédico.

«Los ataques a centros médicos forman parte del plan para atacar todas las instalaciones humanitarias como escuelas, hornos y centros de defensa civil, además del bombardeo sistemático de ciudades densamente pobladas en los que se utilizan todo tipo de armas, incluidas las armas químicas, como sucedió en Khan Sheikhoun, Saraqib y muchas otras zonas», advierte Al Khalil.

La situación humanitaria en esta provincia rebelde del noroeste de Siria es dramática. El principal problema, alerta el doctor sirio, es la falta de agua potable limpia y segura. «Este problema es la causa del riesgo de muerte de niños que sufren de diarrea provocada por enfermedades transmitidas por el agua, en particular en áreas que dependen de pozos superficiales, donde el agua potable se mezcla con las aguas residuales».

Además, según Al Khalil, la contaminación del aire causada por el refinado del petróleo crudo por medio de quemadores «produce un aumento significativo de la mortalidad causada por varias enfermedades respiratorias como la neumonía». Como resultado de la destrucción de las infraestructuras de las aguas residuales, la propagación de roedores y moscas ha provocado una importante propagación de la leishmania (enfermedad infecciosa por picaduras), además de muchas otras enfermedades causadas por peligros ambientales y la falta de recursos financieros y de personal médico, advirtió el doctor.

Idlib se ha convertido por otra parte en el hogar de más de 400.000 ciudadanos que están viviendo en tiendas en condiciones precarias. Para la comunidad internacional y para Rusia, principal aliado de Damasco, la prioridad es la reconstrucción de Siria y el retorno de los cerca de cinco millones de refugiados repartidos entre Turquía, Líbano y Jordania. El Banco Mundial estima entre 300.000 y 350.000 millones de euros el coste de la reconstrucción de las infraestructuras arrasadas y hogares destruidos en Siria. La guerra ha dejado 6,2 millones de desplazados internos sin hogar que esperan a que lleguen las ayudas internacionales para poder comenzar a rehabilitar sus viviendas.

Recientemente, el Gobierno sirio aprobó una partida de 880 millones de euros para comenzar la reconstrucción. En paralelo, en los últimos meses Moscú ha redoblado sus esfuerzos para arrancar un compromiso de las potencias europeas para conseguir financiación. En octubre pasado, el presidente Vladimir Putin se reunió en Estambul con sus homólogos turco, Recep Tayyip Erdogan; francés, Emmanuel Macron, y alemana, Angela Merkel, para tratar los temas de la reconstrucción y el retorno de los refugiados. Tras la cumbre del G20 en Argentina, los cuatro acordaron mantener otra reunión al respecto

Mientras, la solución política del conflicto está lejos de alcanzarse. Su búsqueda se está llevando a cabo por dos vías, la ONU y Astana. Hasta la fecha ha sido completamente imposible implementar la resolución internacional 2254, de 2015, que preveía el establecimiento de un órgano de gobierno creíble integrado por todas las partes, para trabajar hacia una transición política bajo los auspicios de las Naciones Unidas sobre la base de Ginebra. Paralelamente, los gobiernos de Rusia, Turquía e Irán han llevado distintas iniciativas para lograr la ansiada tregua en las cumbres de Astana y Sochi.

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