Francia

El problema de la izquierda

La Razón
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La victoria de Benoît Hamon en las primarias socialistas de Francia lleva implícito un juicio condenatorio de la presidencia de Hollande y de su rival, Manuel Valls. Históricamente, las elecciones presidenciales francesas han sido una confrontación entre el centro derecha y el centro izquierda, pero en esta ocasión la dinámica es diferente. Con la sólida candidatura de Jean-Luc Mélenchon en la extrema izquierda, el independiente Emmanuel Macron en el centro izquierda, y François Fillon y Marine Le Pen en el centro derecha y la extrema derecha, la principal dificultad de Hamon estriba en encontrar el espacio suficiente para ser un contendiente serio en las elecciones, habida cuenta de que los sondeos sitúan al candidato socialista en cuarta posición.

Sin embargo, las primarias socialistas nunca fueron una disputa por la presidencia del país, sino una pelea entre el corazón y la cabeza del partido. Y ganó el corazón. El desempate entre Hamon y Valls ha revelado la fractura dramática entre los valores idealistas y tradicionales de la izquierda frente al pragmatismo de la socialdemocracia gobernante del centro izquierda. Esta fractura se retrotrae a la década de los 80, cuando el Gobierno socialista de François Mitterrand viró su programa socialista radical a uno socialdemócrata. Muchos dentro del partido no aceptaron nunca esa deriva, y las divisiones entre esas dos visiones del socialismo hizo que la Administración de Hollande se viera debilitada constantemente por los rebeldes de su propio partido.

Hamon es un crítico rebelde e implacable con las políticas de Hollande en materia laboral y a favor de las empresas. Los votantes de las primarias eligieron esa marca del socialismo para que les represente en las elecciones. Valls ha pagado los errores y las promesas incumplidas de Hollande. Pero el resultado de las primarias habla de una verdad sobre la izquierda no sólo en Francia. Como demuestra lo sucedido con la irrupción de Jeremy Corbyn entre los laboristas británicos, Podemos en España, Die Linke en Alemania y Syriza en Grecia, los votantes han ido girando desde la socialdemocracia dominante a formas alternativas y radicalizadas de la izquierda.

Valls, el ex primer ministro, no pudo batir a su rival, alguien que hizo bandera de su programa con una propuesta –ruinosa económicamente– de establecer una renta básica universal, gravar a los robots y legalizar la marihuana. Esto muestra hasta qué punto la socialdemocracia –que un día abanderó la tercera vía de Tony Blair y Gerhard Schröder– se ha quedado sin ideas y argumentos.

*Profesor de Política Francesa en la Universidad de Aston