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El regreso del uribismo, más cerca

Los colombianos deciden si votan por el candidato conservador, Iván Duque, que lidera todas las encuestas, o si le dan una oportunidad a Gustavo Petro, representante de la izquierda

  • Trabajadores electorales preparan los últimos detalles en un centro electoral en Bogotá de cara a las elecciones presidenciales de hoy / Reuters
    Trabajadores electorales preparan los últimos detalles en un centro electoral en Bogotá de cara a las elecciones presidenciales de hoy / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

17 de junio de 2018. 02:29h

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Martín Franco Vélez.  17/6/2018

Después de una agitada primera vuelta presidencial, que se llevó a cabo el pasado 27 de mayo, dos candidatos antagónicos, Iván Duque y Gustavo Petro, definen hoy quién será el próximo presidente de Colombia. Más allá de lo que indican las encuestas –que hasta la semana pasada daban casi por seguro ganador a Duque–, la realidad es que hace años no se vivía un ambiente político tan crispado ante lo que cada uno representa: Iván Duque, que asume las banderas de la derecha, y Gustavo Petro, a quien se asocia con la extrema izquierda dada su militancia en la extinta guerrilla del M-19.

Dos estilos que representan visiones opuestas de país y que han generado una división profunda en la sociedad colombiana. Aunque los pronósticos indican que el ganador será Duque, lo cierto es que los votos que dejó Sergio Fajardo, el candidato del centro en la primera vuelta –y que suman más de cuatro millones y medio–, definirán en gran parte el resultado de la elección. Por eso, durante las últimas semanas los dos candidatos han tratado de sumar adeptos y seducir a los votantes indecisos, alejándose de los debates televisivos y las multitudinarias manifestaciones en plazas públicas a lo largo del país.

Pero, ¿cuáles son las razones por las que ambos generan tanto recelo? ¿Quiénes son los hombres que aspiran a gobernar el país? No deja de ser curioso que el apoyo del ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010) sea precisamente lo que más amores y odios despierte respecto a Iván Duque, abogado bogotano de apenas 41 años, quien durante los últimos tres ha ejercido como senador de la República.

Sus críticos le reprochan principalmente la falta de experiencia en el sector público, ya que cuando aterrizó en la política llevaba más de una década en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Washington. Así que lo que podría considerarse una ventaja se ha vuelto en su contra después de que los partidos tradicionales en Colombia y otros de ellos asociados a la corrupción (Conservador, Liberal o Cambio Radical, por ejemplo) se adhirieran a su campaña después de la primera vuelta.

Pero la apuesta del ex presidente Uribe por este joven senador ha dado resultado: Duque no sólo cala bien en los votantes tradicionales de derecha, sino que su carácter conciliador lo aleja del ala radical de su partido. Sus propuestas, sin embargo, continúan la línea tradicional de la política que ha gobernado en Colombia durante años: protección de la propiedad privada, penalización de la dosis mínima de drogas, defensa de la familia tradicional, oposición a la adopción por parte de parejas homosexuales, apertura al sistema de «fracking» para la extracción de petróleo y –la más polémica– su intención de revisar de manera profunda los acuerdos de paz firmados con la guerrilla de las FARC en 2016.

El único candidato de izquierda con posibilidades reales de llegar a la presidencia después de Jorge Eliécer Gaitán –un caudillo liberal asesinado el 9 de abril de 1948, en pleno centro de Bogotá– se llama Gustavo Petro. Se dio a conocer por formar parte del M-19, una guerrilla que, entre otras acciones, tomó a sangre y fuego el Palacio de Justicia en noviembre de 1985. Abogado de profesión, comenzó su vida pública a principios de los años 80 y desde entonces ha jugado un papel preponderante en la política nacional como representante a la Cámara, senador y alcalde de Bogotá.

Sus detractores lo tildan de populista por cuenta de una serie de propuestas que hoy parecen difíciles de alcanzar en la sociedad colombiana, como brindarles educación superior y salud gratis a los ciudadanos más pobres. Y su pasado guerrillero todavía es un hueso muy duro de roer para los colombianos. En cualquier caso, las propuestas de Petro representan otro lado del espectro: la implementación de lo pactado en el acuerdo de paz, protección para los pequeños productores frente a las multinacionales, un nuevo modelo ambiental basado en las economías alternativas y una política de prevención frente a las drogas por encima del castigo, entre otras.

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