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Hong Kong: David contra Goliat

Los habitantes de la ciudad prometen resistir con todas sus fuerzas. «Es defender la libertad o pasar a una dictadura», comentan a LA RAZÓN.

  • Un manifestante alza el puño en una protesta contra la ley de extradición que pretende aprobar el Gobierno de Hong Kong
    Un manifestante alza el puño en una protesta contra la ley de extradición que pretende aprobar el Gobierno de Hong Kong

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18 de agosto de 2019. 05:15h

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Emma Palau.  18/8/2019

Los habitantes de la ciudad prometen resistir con todas sus fuerzas. «Es defender la libertad o pasar a una dictadura», comentan a LA RAZÓN.

Qué está sucediendo en Hong Kong es una pregunta en boca de muchos. Hace más de dos meses de la protesta masiva del 9 de junio, cuando aproximadamente un millón de personas salieron a las calles para oponerse al proyecto de extradición a China. Pero esa primera protesta pacífica, donde la gente vestía de blanco –símbolo de duelo en Asia y que representaba el funeral de Hong Kong– era un momento mucho más inocente que el actual. Desde entonces, ha habido once semanas consecutivas de manifestaciones. Casi todas desembocando en enfrentamientos con las fuerzas del orden y con violencia creciente. Ya hay 748 detenidos y la Policía de la ciudad, otrora orgullo de los cuerpos policiales de Asia, es vista ahora como el mayor enemigo.May tiene algo más de 30 años y trabaja en la Policía de Hong Kong. Apoya las protestas, pero no se ha unido a muchas de ellas por miedo a ser reconocida por sus compañeros. Hasta este agosto, cuando no ha podido resistirse más y ha querido salir a la calle y levantar su voz. En declaraciones a LA RAZÓN May confiesa: «Tengo miedo de que Hong Kong muera. Tengo miedo de que no podamos mantener la libertad de expresión. China es 'famosa' por acusar de violación de la ley a personas inocentes. ¿Quién quiere eso? Y tengo miedo de que el Gobierno conozca mi postura y me despida, por supuesto».Los manifestantes tienen un núcleo radical, pero el movimiento tiene un amplio apoyo intergeneracional y en todos los estratos sociales. Comenzó como un rechazo al proyecto de ley de extradición. Pero dos meses después, ¿cómo ha cambiado la causa? Chung tiene 44 años y trabaja en publicidad: «Al principio se debió a la renuencia del Gobierno a retirar el proyecto de ley, incluso después de una protesta con dos millones de personas. Pero ahora también se debe a los problemas con la Policía. Su cooperación con los gánsteres, su uso excesivo de la fuerza, su incapacidad para usar adecuadamente las armas, etc. Los habitantes ya no pueden confiar en ella y ése es ahora un problema aún mayor». Chung, que está casado y tiene un hijo pequeño, asegura tener «miedo de que Hong Kong se convierta en China, «en un lugar no apto para que viva mi hijo».El movimiento de protesta tiene cinco demandas: retirar completamente el proyecto de ley de extradición, una investigación independiente sobre la violencia policial, retirar la clasificación de «disturbios» de los enfrentamientos del 12 de junio, retirar los cargos contra los manifestantes arrestados y relanzar el estancado proceso de reforma electoral. La jefa ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam, ha rechazado las cinco: «La libertad de HK está en el límite. Es muy obvio que Carrie Lam es solo una marioneta, hace lo que China le pida», asegura a LA RAZÓN Isabel, una joven de 30 años que trabaja en el Gobierno local. Para Moria, universitaria, «vivimos en una dictadura. Lam nunca escucha nuestras opiniones. No hay democracia aquí. No puedo votar a mi gobernante».Después del caos, la huelga en la ciudad y el cierre del aeropuerto, Lam tomó una postura más dura, reformulando las protestas como un ataque a la soberanía nacional y al principio de «un país, dos sistemas», según el cual Hong Kong tiene libertades no permitidas en el resto de China. Para Helen, maestra, un país dos sistemas es solo una mentira para calmar a la gente de HK y atraer a Taiwán. (...) Lo más aterrador es que HK se convierta en una de las muchas ciudades de China. Perderemos no solo la libertad, sino también nuestro idioma, cultura, etc. y nos convertiremos en otro Xinjiang [la región autónoma uigur]». En estos momentos, todos hablan del despliegue del Ejército chino. La agencia Associated Press mostró imágenes con más de un centenar de supuestos vehículos blindados de transporte de tropas estacionados en Shenzhen, la ciudad china que limita al sur con Hong Kong. Muestran a miles de militares ondeando banderas rojas y desfilando en un estadio. Aunque el objetivo de Pekín puede ser intimidar, eso no significa que no recurrirá a la intervención militar si se le empuja, asegura el profesor Steve Tsang, director del Instituto SOAS China en Londres. «Si piensan que la autoridad del Partido Comunista es cuestionada, intervendrán», dice. «No es una amenaza vacía, es una amenaza real». Al comienzo de una nueva semana de protestas, a cada hora se hace más evidente que el futuro de Xi Jinping y su régimen dependen del destino del territorio. También demostrará que el régimen chino ahora tiene tanta confianza que puede ignorar las críticas internacionales si juega duro. Sin embargo, los medios estatales prometieron el viernes que «no habrá una repetición» de la represión de la Plaza de Tiananmen. Goliat no lanzará, de momento, los tanques contra David. Helen, la maestra, resume el sentir de la ciudad: «Hong Kong es el único lugar en China donde podemos hablar sobre Tiananmen libremente y somos probablemente los únicos que se atreven a luchar contra el Partido Comunista. Estoy orgullosa de la generación joven por su coraje, organización y eficiencia. Se merecen un futuro mucho mejor.

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