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La nueva Carta Magna parapeta a Cuba en el comunismo

La futura Constitución recupera la definición del régimen y aplaza dos años el matrimonio homosexual.

  • Díaz-Canel, al fondo, en el momento de la votación
    Díaz-Canel, al fondo, en el momento de la votación
Corresponsal en Iberoamérica.

Tiempo de lectura 4 min.

24 de diciembre de 2018. 11:46h

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Corresponsal en Iberoamérica. 24/12/2018

En Cuba nada cambia desde hace 60 años. Ni las modificaciones económicas que Raúl Castro implementó hace cinco años ni la reforma de la Constitución del presidente Miguel Díaz-Canel suponen mejoras reales para una sociedad que sigue subyugada por la dictadura. Mientras el régimen gobierne y EE UU continúe con el bloqueo, el tiempo seguirá detenido en la isla.

La nueva Carta Magna, maquillada pero cuyo contenido sigue basado en «los pilares del comunismo», avanza lentamente. «La Ley Fundamental que acabamos de aprobar reafirma el rumbo socialista de la revolución y nos permite encauzar la labor del Estado (...) en el perfeccionamiento continuo de la sociedad», dijo Díaz-Canel al clausurar la última sesión parlamentaria.

El texto fue aprobado por unanimidad por la Asamblea Nacional, en presencia de Raúl Castro, primer secretario del gobernante Partido Comunista (PCC, único). En una maratoniana jornada, los 583 parlamentarios recibieron una explicación de los cambios estratégicos, pero «sin retrocesos», introducidos al texto original, tras un proceso de discusión popular que involucró a casi nueve millones de cubanos entre agosto y noviembre. El texto restituye el «comunismo» como meta de la sociedad, que había sido eliminado en el proyecto inicial, y al PCC como «fuerza política» dirigente, que «orienta los esfuerzos comunes en la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista».

Esa restitución irrita a la oposición, que ya ha llamado a «un masivo y rotundo NO» a la nueva Constitución en el referéndum del 24 de febrero. «Decir que ‘‘sólo en el socialismo y en el comunismo el ser humano alcanza su dignidad plena’’ resulta una ofensa a la inteligencia y una total ceguera a 60 años» de la revolución, señala la disidente Unión Patriótica de Cuba (Unpacu).

La Cuba de hoy es cada vez más una economía mixta. Siguiendo «el modelo chino, pero a pasos de tortuga», más de 591.000 cubanos trabajan ya por «cuenta propia», el 13% de la fuerza laboral. El proyecto sienta las bases para integrar diferentes actores económicos al reconocer el papel dinamizador del mercado en la economía socialista, y la propiedad privada, así como la inversión extranjera como elementos complementarios para el desarrollo del país. La nueva Constitución permitirá, en teoría, la generación de riqueza privada, la cual será regulada mediante un rígido sistema fiscal. Pero, de hecho, a efectos prácticos, los «cuentapropistas» pagan impuestos tan elevados que apenas pueden emprender negocios propios.

Acostumbrados a la unanimidad política durante medio siglo, los cubanos hicieron más de 783.000 propuestas de modificación al texto aprobado por el Parlamento en julio y luego sometido a debate popular. En un hecho inédito, impulsaron la modificación del proyecto, santificado por el PCC y redactado por una comisión parlamentaria liderada por Castro y su sucesor Díaz-Canel. De 224 artículos propuestos, se modifican 134 y se eliminan tres.

El artículo más polémico y debatido fue el 68, que allanaba el terreno para el matrimonio homosexual. La Comisión decidió dejar fuera del borrador el concepto de matrimonio como «unión entre dos personas» que iba a reemplazar al vigente en la Carta Magna de 1976, «unión entre un hombre y una mujer». Se establece el matrimonio como una institución social y jurídica, dejando en manos del Código de Familia los demás detalles, que además deberán someterse a referendo en dos años.

La diputada Mariela Castro, hija de Raúl Castro y principal promotora de la iniciativa en favor de las minorías sexuales, quiso consolarse al declarar que «no hay retroceso» en eso, porque el nuevo texto reconocerá las uniones de hecho.

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