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La UE no se deja convencer por May

El negociador europeo urge a Londres a hacer concesiones y repite su disponibilidad a trabajar sin descanso. Sin embargo, los Veintisiete se preparan para un posible «no acuerdo».

  • concentró sus esfuerzos para «vender» su propuesta de Brexit en uno de los lugares que se verán más afectados por el divorcio: la frontera del Ulster con Irlanda
    concentró sus esfuerzos para «vender» su propuesta de Brexit en uno de los lugares que se verán más afectados por el divorcio: la frontera del Ulster con Irlanda
Bruselas.

Tiempo de lectura 4 min.

21 de julio de 2018. 01:48h

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Mirentxu Arroqui.  Bruselas. 21/7/2018

Las espadas siguen en alto. Mientras la primera ministra británica Theresa May descartaba ayer la solución de Bruselas para evitar una frontera dura en el Ulster, al otro lado del Canal de la Mancha el negociador jefe de los Veintisiete ponía «peros» a la propuesta británica sobre la relación futura redactada en el Libro Blanco. En medio de la tormenta, el reloj avanza imparable. Michel Barnier volvió ayer a urgir a Londres a solucionar todos los temas pendientes sobre el acuerdo de salida, antes de octubre. El calendario pactado entre Bruselas y Londres ha marcado esta fecha límite para llegar a un pacto sobre el acuerdo de divorcio y consensuar una declaración política sobre el estatus de Reino Unido tras la salida. El propósito es que haya el tiempo suficiente para conseguir la luz verde en el Parlamento británico y la Eurocámara y que el Brexit no contamine las elecciones europeas del mes de mayo.

«Debemos alcanzar un acuerdo sobre todos los temas aún abiertos en el acuerdo de retirada. Eso incluye la cuestión de Irlanda e Irlanda del Norte, que es la más grave, pero también las bases militares británicas en Chipre y, evidentemente, Gibraltar», dijo el político francés en una rueda de prensa posterior al consejo de Asuntos Generales celebrado ayer en Bruselas. Barnier se reunió el jueves por primera vez con el nuevo negociador británico, Dominic Raab, tras la dimisión de David Davis. Para Barnier, cada uno de los puntos anteriormente citados es «importante» y un pacto es «necesario antes y para el acuerdo de retirada», que la UE quiere concluir en octubre para poder ratificarlo en los parlamentos nacionales entre ese mes y marzo de 2019, cuando tendrá lugar el Brexit. El ex ministro recalcó que el acuerdo de retirada es el «prerrequisito» para una marcha «ordenada».

Pero los discursos oficiales distan mucho de los murmullos fuera de micrófono. En la capital comunitaria se da por supuesto que será prácticamente imposible alcanzar un acuerdo para esta fecha, a pesar de que el equipo negociador de Barnier repite sin cesar su disponibilidad a trabajar los siete días a la semana las 24 horas y Bruselas es conocida por maratonianas cumbres que terminan de madrugada. El primer ministro austriaco, Sebastian Kurz, ha sido el primero en levantar la liebre al abrir la posibilidad de una prórroga en el periodo de negociaciones. El gran problema de esta opción, técnicamente posible bajo el paraguas del artículo 50, son las elecciones al Parlamento Europeo. Sería surrealista que Reino Unido participara en los comicios todavía como Estado miembro y que el hemiciclo siguieran contando con representantes de UKIP, el partido euroescéptico británico. Pero lo cierto es que ya se empieza a especular con una prórroga corta.

Elucubraciones aparte, el jefe del equipo de negociadores de la UE dejó claro ayer su rechazo a la mayoría de los supuestos del Libro Blanco elaborado por Downing Street y que causó las dimisiones de Davis y el ministro de Exteriores, Boris Johnson. Hasta el momento, Bruselas había sido cautelosa con las críticas como modo de no debilitar aún más a la «premier» británica. Pero ayer Barnier comenzó a disparar objeciones. Considera que la propuesta de May supondría un aumento de la burocracia, favorecería el fraude y cuestiona la unidad del mercado único en el que las cuatro libertades (ciudadanos, capitales, servicios y mercancías) son indivisibles.

Reino Unido propone la alineación normativa en la libre circulación de bienes y pide un acuerdo a la carta para los servicios financieros mientras quiere romper con la libre circulación de trabajadores. Barnier asegura que para los 27 no será posible controlar si Reino Unido cumple los estándares de productos como pesticidas y transgénicos que no son supervisados en las fronteras. May propone también un sistema de dobles tarifas aduaneras según los productos vayan a parar a Reino Unido o a los Veintisiete. Para el negociador francés este sistema abre la puerta al fraude. «El Brexit no puede ser una justificación para una burocracia adicional», aseveró ayer en la rueda prensa que ofreció tras su reunión con los ministros de Exteriores del club.

En medio de todas las tensiones, la frontera entre las dos Irlandas. May aseguró ayer desde Belfast que la solución propuesta por Bruselas es «impracticable». Los Veintisiete pretenden que Irlanda del Norte continúe alineada normativamente con el territorio comunitario en una suerte de protectorado europeo en suelo británico. Según la primera ministra, esa solución equivaldría a crear un «tercer país». «Es algo que nunca aceptaré y que creo que ningún primer ministro podrá nunca aceptar», dijo May a su paso por Irlanda del Norte. La «premier» británica volvió a defender la solución propuesta en el Libro Blanco que supone permanencia temporal de Reino Unido en la unión aduanera por una período limitado, lo que no compromete ni la integridad territorial ni la frontera blanda en el Ulster que divide las dos Irlandas.

La postura de Bruselas es de sobre conocida y Barnier negó que, como posible apaño, la solución a Irlanda del Norte puede postergarse para el periodo transitorio de 21 meses. Mantiene el ultimátum del 29 de marzo de 2019. Mientras, el reloj sigue avanzando.

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