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Lilian Tintori: «Venezuela vive un genocidio silencioso y Maduro es el culpable»

La lucha sigue para Lilian Tintori, la mujer del preso político más simbólico del chavismo y líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López.

  • Tintori defiende la unidad de la debilitada oposición. Foto: Felipe Rotjes
    Tintori defiende la unidad de la debilitada oposición. Foto: Felipe Rotjes
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

01 de mayo de 2018. 17:07h

Comentada
Susana Campo.  Madrid. 30/4/2018

Hace un año, los venezolanos salieron a la calle para manifestar su rechazo a la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de disolver la Asamblea Nacional, controlada por la oposición. Considerada la «madre de todas las marchas», fue la chispa que encendió una serie de protestas que pusieron contra las cuerdas al Gobierno de Nicolás Maduro. La movilización «pacífica» pronto se tornó violenta. Las imágenes de los venezolanos envueltos en llamas y huyendo de la Policía dieron la vuelta al mundo. Era el preludio de la grave crisis política y social a la que se enfrentarían en los meses siguientes. Ahora, un año después, el chavismo controla todas las parcelas del poder tras unas elecciones tachadas de «farsa» por la oposición y ha logrado reducir a mínimos la presión popular en las calles. Para muchos venezolanos la única solución a su dramática situación es huir del país: cuatro millones han abandonado el país por la escasez, la violencia y la persecución política. Venezuela es uno de los países con mayores reservas de crudo en el mundo, pero su economía ha colapsado en los últimos años. El PIB se contrajo un 16,5% en 2017, la inflación fue del 2.700% en 2017 y, según Cáritas, el 32,5% de la población infantil está en riesgo de desnutrición. El 20 de mayo están convocadas elecciones presidenciales, que se celebrarán junto con los de los consejos legislativos estatales y municipales. Otros comicios que según la oposición y gran parte de la comunidad internacional, incluida la UE, no cuentan con garantías. En esta entrevista con LA RAZÓN, Lilian Tintori, esposa del líder opositor Leopoldo López, cuestiona estas elecciones y denuncia la dramática situación que atraviesa su país.

¿Qué espera de las elecciones del próximo día 20?

Lamentablemente lo que se ha planteado no son unas elecciones libres. Es un fraude. No se dan las condiciones para que se respete el derecho a voto porque los opositores que se quieren presentar a la elección están presos, en el exilio o inhabilitados. La campaña que puede hacer cualquier candidato, si pudiera, no es respetada por los medios de comunicación porque el régimen los controla. Tampoco está garantizada la libertad para votar por quien uno quiera.

Si la oposición no participa en los comicios, en cierto modo está facilitando la victoria de Nicolás Maduro, ¿no cree?

Al nos ser elecciones libres, los venezolanos no van a poder elegir el 20 de mayo. Es un fraude más de la dictadura para mantenerse en el poder y estar sin oposición.

¿Está unida esa oposición?

Está unida e impulsando un movimiento internacional muy fuerte de presión, encabezado por opositores venezolanos como Carlos Vecchio o Antonio Ledezma. Además, también se está reuniendo en plataformas que aglutinan a empresarios, opositores, activistas de derechos humanos y ONG. Todos con un objetivo claro: rescatar la democracia en Venezuela.

¿Ha dinamitado la candidatura de Henri Falcón el frente opositor?

No, no ha dañado a la oposición. La oposición está unida. Prueba de ello es que todos los partidos democráticos, por mayoría, han autorizado abrir un juicio a Maduro (por presuntos actos de corrupción relacionados con el caso Odebrecht).

¿Tiene previsto Leopoldo López hacer algún pronunciamiento de cara a estos comicios?

Leopoldo tiene una medida que le prohíbe pronunciarse y hablar públicamente. Sin embargo, su posición respecto a las elecciones la define su partido, Voluntad Popular.

Tras más de tres años en la cárcel militar de Ramo Verde, ahora su marido sufre arresto domiciliario, ¿cómo lo vive toda la familia?

No es una situación normal. Estamos todo el tiempo con una presión directa de intimidación. Mi casa está rodeada de policías, mis hijos se suben y se bajan del coche en la calle frente a hombres que visten uniforme y llevan armas de asalto. Llaman a la puerta cada cuatro horas y toman una foto a Leopoldo con el periódico como si fuera un secuestrado. Esto pasa todos los días de mi vida. Vuelven a las tres o cuatro de la mañana para verificar si está ahí. Incluso, Leopoldo lleva un grillete electrónico, que estoy segura que graba audio de todo lo que se habla dentro de nuestra casa. Está marcado por la dictadura. Estamos vigilados 24 horas, con la amenaza directa de esta tortura psicológica y esta tortura permanente de que se lo puedan llevar preso otra vez.

¿Cómo se lo explica a sus hijos Manuela y Leopoldo, son conscientes de la situación?

Absolutamente conscientes, porque desde el primer momento fui muy sincera con ellos. Yo soy educadora y les explico con la verdad todo lo que ha pasado. Ellos saben que «papi» está luchando por su país. Saben que ama Venezuela y que está entregando su vida, su trabajo y sus conocimientos para salvar a un país de una dictadura. Ellos lo saben. Aman a Venezuela también. Aman su bandera.

¿Cómo se encuentra Leopoldo anímicamente?

Leopoldo es un líder político, en sus venas está ser un servidor público. Se preparó para ello. A pesar de la tortura que vivió en la cárcel militar de Ramo Verde, del aislamiento, de la intimidación y de las amenazas de muerte, se ha fortalecido como persona. Ahora, en casa trata de recuperar el espacio familiar que le quitaron junto con sus hijos, su bebé de tres meses y junto a mí.Yo siempre digo que es una roca de hombre porque estos golpes y la injusticia que sigue viviendo lo están fortaleciendo como persona.

Los venezolanos ya no se manifiestan contra Maduro, ¿ha perdido la oposición la batalla de la calle?

La gente no está protestando porque el año pasado cuando salimos, la respuesta del régimen fue matarnos. No quieren morir, quieren sobrevivir. Estuve en todas las marchas y vi cómo nos dispararon.

A pesar de la mala gestión que acredita desde hace años, ¿cómo mantiene el régimen su poder?

Mantiene su poder usurpando su control social, alimentando y chantajeando a la gente con la comida.

Nicolás Maduro se encuentra cada vez más aislado internacionalmente...

Está más preso que el propio país. Él tiene una deuda moral, legítima e institucional con los venezolanos y con el mundo en general. En Venezuela se vive un genocidio silencioso, no hay comida ni medicinas y la gente muere por ello. Es una responsabilidad directa de Nicolás Maduro. El año pasado vimos cómo los militares mataron a jóvenes y fueron órdenes directas de Maduro y de la cadena de mando. Hoy, esa cadena de mando está en la Corte Penal Internacional, donde hay una investigación seria sobre los asesinatos y las torturas.

Ustedes tienen el apoyo de la comunidad internacional que está imponiendo sanciones, ¿son útiles?

Estamos muy agradecidos al presidente Mariano Rajoy y a la comunidad internacional. El presidente español fue el primero que nos recibió y gracias a él, el tema de la violación derechos humanos impactó a otros países. Yo he ido a la ONU, a la Organización de Estados Americanos (OEA) y a diferentes ONG a denunciar lo que nos está pasando. Hemos visitado todos los países del mundo para pedir ayuda. ¿De qué manera pueden ayudar estos países? Cada uno de ellos toma la decisión de cómo presionar para terminar con la dictadura. La OEA invocó la Carta Democrática y la ONU levanta campamentos en la frontera con Colombia.

El éxodo de venezolanos es ya una preocupación para toda la región, ¿qué siente cuando ve que miles de compatriotas huyen a diario?

Me impacta muchísimo porque lo denunciamos en 2014. Dijimos que esto iba a pasar e iba a afectar a toda la región, a todos los países del mundo. Hoy ya está pasando. Hay cuatro millones de venezolanos regados por el mundo y me da tristeza, me da dolor ver cómo el talento de mi país se va. Los que huyen son personas trabajadoras y formadas que no quieren morir de hambre. Entiendo que se vayan, pero también les pido que no se olviden de nosotros, de los que estamos aquí dentro.

Lleva muchos años siendo uno de los rostros visibles de la lucha por los derechos humanos y la justicia en Venezuela. ¿Cómo ha cambiado en todos estos años?

A mí me cambió la vida el 18 de febrero del año 2014, cuando Leopoldo se entregó a la Justicia «injusta» y denunció que vivíamos en un régimen antidemocrático. Dijo que venía una crisis humanitaria, que iba a faltar la comida y las medicinas en Venezuela. Desde ese momento yo me he dedicado a luchar por la libertad de Leopoldo, mi esposo, y por la libertad de los presos políticos de Venezuela. Hoy hay 398. He cambiado porque me he dado cuenta de que lo más importante en la vida es vivir en libertad. Es tener tus derechos garantizados.

¿Qué derechos les han secuestrado estos años?

Hoy día ningún venezolano tiene garantizada la vida porque te pueden matar por quitarte una bolsa de mercado, un par de zapatos o un teléfono móvil. Ningún venezolano tiene garantizada la salud ni los alimentos por culpa de la crisis humanitaria y la hiperinflación que sufrimos.

Lanzó la campaña «Rescate Venezuela» para recoger medicinas. ¿A cuánta gente ha ayudado?

El año pasado llegamos a 40.000 personas en once estados. El 86% de los venezolanos vive en pobreza; seis de cada diez personas se acuestan con la barriga vacía y a nueve de cada diez no les alcanza el sueldo para comprar comida para su familia. Ésta es la estadística real de mi país.

¿Ha pensado en dar el salto a la política?

No, no lo veo. No es mi carrera, yo no soy política, el político es Leopoldo. A mí me ha tocado una lucha incansable por la libertad, que es un derecho.

¿Ha sacrificado más en estos años de activismo?

¡Ay!, por supuesto, el tiempo. Estoy a punto de cumplir 40 años, los últimos cuatro han sido de trabajo constante. No hay tiempo para descansar, no hay tiempo de vacaciones, no hay tiempo de disfrute, de fiesta. No hay tiempo y no hay ánimo. Si uno tiene su trabajo, lo que quiere es tener su espacio familiar y de disfrute. Yo, lamentablemente, no tengo esos espacios desde hace cuatro años porque mi esposo no está libre.

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