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Trump sepulta el proceso de paz en Oriente Medio

El presidente de EE UU insiste en que el traslado de la Embajada a Jerusalén traerá beneficios a las negociaciones.

  • Trump sepulta el proceso de paz en Oriente Medio
Jerusalén.

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16 de mayo de 2018. 12:33h

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Jana Beris.  Jerusalén. 16/5/2018

La decisión unilateral del presidente de EE UU, Donald Trump, de trasladar la Embajada estadounidense a Jerusalén ha fulminado las pocas esperanzas que quedaban en el proceso de paz en Oriente Medio. Pocas horas antes de comenzar la ceremonia de inauguración de la sede diplomática, Saeb Erekat, veterano negociador palestino ya desde los comienzos del las hoy inexistentes conversaciones con Israel, declaró que «Trump está dando sepultura definitiva al proceso de paz». Por la noche, dieron otra prueba de lo furiosos que estaban con EE UU, al trascender que decidieron llamar a consultas a su embajador en Washington.

No sólo el traslado de la Embajada, sino también el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel el 6 de diciembre, despertó de inmediato la ira palestina. Y muchos de quienes criticaron la medida de la Casa Blanca, hicieron referencia justamente a la violencia a la que ésta conduciría. La ONU, la UE y diversos países del mundo, expresaron su temor a que la mudanza de la Embajada, vista por los palestinos como una provocación, agravase más aún la situación de por sí compleja entre las partes, separadas desde hace tiempo por una profunda desconfianza.

Pero la pregunta es si llegará un momento, cuando comiencen a calmarse los ánimos hoy tan caldeados, en que la actual Administración norteamericana, sea la que logre devolver a israelíes y palestinos a la mesa y ayudarles a llegar a un acuerdo. En opinión del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, «Estados Unidos ha renunciado al papel de mediador entre Israel y Palestina al trasladar su embajada israelí a Jerusalén. Al contrario, Washington ha adoptado una posición que contribuye al conflicto». Por su parte, EE UU defendió ayer en la ONU que la violencia del lunes en la frontera de Gaza no tenía ninguna conexión con el traslado de su embajada a Jerusalén y defendió la respuesta dada por Israel a las protestas. Sin embargo, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se reunirá este viernes en sesión extraordinaria para abordar la situación de los Derechos Humanos en los territorios palestinos tras la muerte de 60 palestinos. Mientras que los países árabes presentarán al Consejo de Seguridad de la ONU una propuesta de resolución para dar protección internacional a los civiles palestinos.

Anoche, en el informativo central de los canales 12 y 13 de la televisión israelí, la cronista de asuntos políticos Dana Weiss contó que fuentes estadounidenses allegadas al presidente, le habían confirmado que «el plan de paz está casi listo». Trump habla desde hace tiempo de un nuevo plan de paz para israelíes y palestinos, que a su criterio es el que debe lograr un vuelco en la situación. Las fuentes consultadas por la periodista recalcaron lo que Trump ya dijo: «Es un plan que exigirá a ambas partes hacer concesiones a fin de poder avanzar, que requerirá dejar de lado fórmulas e ideas políticas muy repetidas». El problema es que en la actualidad los palestinos están airados con los norteamericanos –y con Israel– y los israelíes están tan seguros del apoyo de Trump, que difícilmente pueden concebir ahora un escenario en el que quizás tengan que ceder en puntos que les son importantes. Pero precisamente por el gran apoyo de Trump a Israel, es que al Gobierno de Netanyahu le será muy difícil rehusar a ciertos pasos que según el plan aún no presentado, sean parte del mosaico que conduzca a la paz.

Jason Greenblat, el enviado especial de Trump a Oriente Medio, tuiteó el lunes desde Jerusalén que «el traslado de la embajada no significa que renunciamos a nuestro compromiso de lograr la paz en la zona, sino todo lo contrario, es una reafirmación del mismo, y puede ser una nueva oportunidad». Diferentes figuras en la Administración Trump señalaron en los últimos meses que la negativa, hasta hace poco, a proclamar abiertamente que Jerusalén es la capital de Israel, no condujo a la paz, y que cambiar de rumbo reconociendo la realidad en el terreno, quizás sea una buena forma de empezar un nuevo camino.

Es prematuro vaticinar si la instalación de la embajada en Jerusalén, tal como aseguran los palestinos, equivale a la muerte del proceso de paz, o si, como dice Trump, es una nueva oportunidad. «La paz basada en mentiras, no es paz», dijo al respecto el «premier» israelí Benjamin Netanyahu.

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